La victoria de Kakashi parecía absoluta.
Zabuza estaba clavado en el árbol, exhausto, incapaz de mover sus brazos.
El Jōnin de Konoha había preparado su kunai para el golpe de gracia.
El aire estaba tranquilo. Demasiado tranquilo.
Naruto, saliendo del agua y recuperando el aliento, sintió un cambio repentino en la presión atmosférica.
No era la pesadez húmeda de Zabuza.
Era algo más afilado.
Más fino.
Zumbido.
Dos agujas senbon volaron desde la copa de los árboles. No se oyó el lanzamiento, solo el impacto. Thwack. Thwack.
Se clavaron con precisión quirúrgica en el cuello de Zabuza. El cuerpo del Demonio se puso rígido, los ojos se le pusieron en blanco y se desplomó como un saco de piedras.
Cayó al suelo con un golpe sordo. No hubo sangre.
Un joven con una máscara de porcelana con el símbolo de la Niebla apareció de pie sobre una rama alta. —Tenía razón —dijo una voz suave y calmada—. Estaba muerto.
Kakashi bajó su guardia, comprobando el pulso de Zabuza. —Sin pulso. Sin respiración. Está muerto.
Sasuke miró con asombro y frustración. Sakura suspiró aliviada.
Pero Naruto no estaba mirando a Zabuza. Estaba mirando al chico de la máscara.
Y entonces, sucedió.
Thump... Thump...
No era su corazón. Era una vibración en sus huesos. Una picazón profunda debajo de su piel, en la médula misma.
El Mandato de Sangre, esa condición hereditaria que dormía en el interior de Naruto, se despertó levemente. No con la urgencia de defenderse, sino con la curiosidad de un animal que huele a un pariente lejano.
Naruto se llevó la mano al pecho, confundido. ¿Qué es esto?, pensó. Mi sangre... ¿está saludando?
Miró fijamente al cazador enmascarado. Ese chico no era normal. Su chakra tenía un sabor extraño. Era frío, cristalino, estructurado de una manera que la biología humana estándar no permitía. Era un Kekkei Genkai. Una línea de sangre avanzada.
Naruto, siendo un mutante biológico en sí mismo, estaba resonando con la presencia de otro mutante.
En el interior, Kurama abrió los ojos rojos, intrigado por la lectura de los sellos.
—Oh... —murmuró el Zorro. —Curioso.
Normalmente, el sello de Naruto filtraba el chakra externo. Pero esta vez, el sello había dejado pasar una frecuencia específica.
—Tu sangre reconoce la pureza genética, Naruto —analizó Kurama. —Ese chico de la máscara... es como tú. No en poder, sino en naturaleza. Su existencia es una desviación de la norma.
Kurama observó cómo las plaquetas de Naruto vibraban en simpatía con la presencia del extraño. Era un fenómeno fascinante. Los portadores de líneas de sangre malditas parecían atraerse entre sí como imanes de polos opuestos.
—Recuerda esa sensación —ordenó el Kyūbi. —Es el sonido de los "monstruos" reconociéndose en la oscuridad.
El cazador enmascarado (Haku) bajó del árbol. —Soy un Oinin (Cazador) de la Niebla —explicó, con una reverencia educada—. He estado rastreando a Zabuza para eliminarlo. Gracias por su ayuda. Me llevaré el cuerpo para procesarlo.
Haku levantó el cuerpo inerte de Zabuza con una facilidad sorprendente para su tamaño.
Naruto observó la escena. Sus ojos azules, fríos y analíticos, escanearon el "cadáver" de Zabuza.
Naruto agudizó su oído al máximo. Kakashi había dicho que no tenía pulso.
Pero Naruto escuchó algo más profundo. Un susurro líquido. Muy lento. Casi imperceptible. La sangre de Zabuza no se estaba coagulando. Estaba estancada.
No está muerto, dedujo Naruto en un instante. Esas agujas no perforaron arterias. Bloquearon los nervios. Es una muerte temporal inducida.
Ese chico de la máscara no era un cazador. Era un salvador.
Naruto sabía la verdad. Zabuza estaba vivo. El cazador era un cómplice. Podría haberlo gritado. Podría haber lanzado un kunai para probarlo.
Pero Kakashi estaba agotado, apenas manteniéndose en pie. Sasuke y Sakura estaban al límite. Si Naruto revelaba la trampa ahora, el chico de la máscara los mataría a todos. Su chakra estaba intacto y era de nivel élite.
Naruto tuvo que tomar una decisión táctica: Dejar que se vayan.
Pero no podía quedarse callado sin levantar sospechas. El "Naruto tonto" debía estar furioso porque alguien le robó la presa.
Naruto apretó los puños y empezó a temblar, fingiendo una rabieta. —¡Oye tú! —gritó, señalando al enmascarado—. ¡¿Quién te crees que eres?! ¡Apareces de la nada y te llevas al malo! ¡Nosotros peleamos contra él! ¡Es injusto! ¡Dattebayo!
Kakashi le puso una mano en la cabeza. —Cálmate, Naruto. Él no es el enemigo.
Haku miró a Naruto. Detrás de la máscara, los ojos del chico de hielo se encontraron con los del chico de sangre.
Por un segundo, la resonancia aumentó. Haku también lo sintió. Una extraña calidez perturbadora proveniente del niño rubio ruidoso.
—En este mundo —dijo Haku con voz suave, dirigiéndose solo a Naruto—, a veces ser joven no significa ser débil.
Luego, desapareció en un remolino de hojas con el cuerpo de Zabuza.
Kakashi suspiró y se bajó la banda ninja, cubriendo su Sharingan. —Misión... cumplida... por ahora.
El Jōnin dio dos pasos y se desplomó, inconsciente por el agotamiento de chakra.
—¡Kakashi-sensei! —gritaron Sakura y Sasuke, corriendo a ayudarlo.
Naruto se quedó atrás un momento, mirando el lugar donde había estado el "falso cazador".
Se tocó el pecho. La vibración en sus huesos se estaba desvaneciendo, pero dejaba un eco.
—Lo dejaste ir —dijo Kurama.
—No podíamos ganar —respondió Naruto, viendo cómo sus compañeros cargaban a Kakashi—. Y además... quería saber quién es.
—¿Por qué?
—Porque él "sonaba" como yo —admitió Naruto—. Solitario.
Naruto se ajustó la mochila y corrió a ayudar a llevar a su maestro. Zabuza estaba vivo. Volvería. Pero la próxima vez, Naruto sabría que no solo se enfrentaba a una espada gigante. Se enfrentaba a alguien que hacía vibrar su propia sangre.
Y eso, curiosamente, le daba más curiosidad que miedo.
