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"Sombras de la Era de los Senju"

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Chapter 1 - Capítulo 1: Chakra y Cenizas

El dolor llegó antes que la conciencia.

Un latido sordo y profundo que parecía venir de dentro de sus propios huesos. Luego, el frío. Tierra húmeda contra su mejilla. Olor a humedad, a sangre seca, a... ¿madera quemada?

Kaito abrió los ojos.

No era su habitación. No era su cama. Ni siquiera era su cuerpo.

Miró sus manos: pequeñas, sucias, con uñas rotas. Manos de niño. Palpó su rostro: pómulos marcados, piel tirante por el hambre. Su corazón comenzó a galopar en el pecho mientras fragmentos de información que no recordaba haber aprendido flotaban en su mente como hojas en un río.

Aldea Oculta de la Hoja. Guerra. Huérfano.

—¿Qué...?

La voz que emitió era aguda. Infantil. Y en ese momento, algo cambió en su percepción.

Como si alguien hubiera retirado un velo que no sabía que existía, de repente sintió todo. Detrás de la pared de madera podrida del edificio donde estaba refugiado, una masa de energía cálida y dorada. Más lejos, cientos de puntos diminutos como luciérnagas. Y hacia el este, dos firmas colosales. Una tranquila como un lago profundo. Otra afilada como mil espadas.

Chakra.

Lo sabía sin saber cómo. Eso era chakra.

Kaito se incorporó lentamente, apoyando la espalda contra la pared. Su mente de treinta años —porque recordaba treinta años, una vida completa en un mundo sin chakra, sin ninjas, sin guerras— luchaba por procesar lo que sus sentidos de ocho años percibían con claridad aterradora.

Esto no es un sueño. Esto no es una broma.

Miró hacia la puerta entreabierta. La masa dorada de chakra se movía. Pasos. Pasos que se acercaban.

Una sombra cubrió el umbral.

—Tú. El del fondo. Levántate.

La voz era firme, pero no cruel. Kaito obedeció, sus nuevas piernas temblorosas sosteniéndolo con dificultad. La figura que entró era un hombre joven, de pelo blanco y armor azul. Pero Kaito no necesitó verlo para saber quién era. Su chakra lo decía todo.

Afilado. Preciso. Peligroso.

Tobirama Senju.

—¿Cómo te llamas, muchacho? —preguntó el hombre, recorriendo el refugio con la mirada.

Kaito abrió la boca. Iba a decir "Kaito Suzuki", su nombre de toda una vida. Pero sus labios formaron otras palabras antes de que pudiera evitarlo.

—Kaito, señor. —Hizo una pausa, confundido—. Sólo Kaito.

Tobirama asintió, pero sus ojos se entrecerraron ligeramente. Durante un segundo incómodo, su mirada se posó en Kaito con demasiada intensidad.

—¿Cuántos años tienes?

—Ocho.

—Mientes.

El corazón de Kaito dio un vuelco. ¿Puede notarlo? ¿Puede notar que no soy...?

Pero Tobirama no parecía acusarlo de algo sobrenatural. Dio un paso adelante, y los otros niños se apartaron instintivamente.

—Tienes los ojos de alguien que ha visto más de ocho años —dijo, pensativo—. Pero eso no es malo. En estos tiempos, los niños crecen rápido o no crecen.

Se giró para irse, y Kaito contuvo el aliento. Pero en la puerta, Tobirama se detuvo.

—Hay un examen mañana en la Academia. Los huérfanos con talento pueden optar a una formación especial. —No se volvió, pero Kaito sintió su chakra ondular ligeramente, como si estuviera... sonriendo—. Si sobrevives a esta noche, deberías presentarte.

Y entonces se fue.

Kaito se dejó caer contra la pared, temblando. Afuera, el viento trajo más cenizas de algún incendio lejano. Dentro de su pecho, dos memorias luchaban por coexistir: una vida de oficina, café y pantallas; y este nuevo mundo de chakra, espadas y miradas que pesaban como losas.

Pero entre todo el miedo y la confusión, algo brilló.

Sentidos Aumentados, susurró una voz en su mente que no era suya. O quizás sí. Quizás era el regalo de este nuevo cuerpo. La capacidad de sentir el chakra, de percibir lo imperceptible.

Kaito sonrió. Una sonrisa pequeña, casi imperceptible, en medio del horror.

Si iba a sobrevivir en esta era de sangre y cenizas, necesitaría todas las ventajas posibles.

Y acababa de descubrir la primera.

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