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Chapter 18 - Capítulo 17: El Niño que Engaña a Todos

La mentira perfecta no es la que se cuenta con palabras. 

Es la que se cuenta con expectativas.

Si le dices a la gente que eres fuerte, querrán ponerte a prueba. 

Si les demuestras que eres un inútil, dejarán de mirarte. 

Y cuando el mundo deja de mirar, te vuelves invisible.

A los doce años, en la víspera de los exámenes de graduación, Naruto Uzumaki se había convertido en el fantasma más ruidoso de Konoha.

El aula estaba en silencio, solo roto por el rasgueo frenético de los lápices.

Naruto miró la hoja del examen final. 

Pregunta 4: Calcule la parábola necesaria para interceptar un objetivo móvil a 40 metros con viento cruzado del oeste.

Naruto miró el problema. 

Su mente, entrenada por Kurama y por su propia paranoia, visualizó la solución al instante. 

Ángulo de 35 grados. Retraso de 0.4 segundos. 

Compensación de fuerza en la muñeca.

Era matemáticas básica para él. 

Podría haber escrito la respuesta y añadido tres variantes tácticas diferentes.

Pero su mano no escribió eso.

Naruto se mordió el labio, fingiendo un esfuerzo mental agónico. 

Borró una respuesta correcta que no había escrito y, con letra desordenada e infantil, escribió: 

"¡Lo lanzo muy fuerte y le doy! ¡Dattebayo!"

Pasó a la siguiente pregunta. 

Pregunta 7: Cifrado y desencriptación de códigos de aldea. 

Naruto conocía el patrón. 

Lo había deducido leyendo los memorándums que robaba de la basura de la torre Hokage. 

Escribió: "No entiendo la pregunta."

Entregó el examen diez minutos antes, no porque fuera rápido, sino para actuar como el estudiante que se rinde.

Mizuki, el instructor asistente, le arrancó la hoja de las manos con una sonrisa burlona. 

—¿Ya te rendiste, Uzumaki?

—¡Es muy difícil! —se quejó Naruto, echándose las manos a la cabeza—. ¡Las letras me bailan!

Mizuki miró la hoja y soltó una risa corta y cruel. —Patético.

Naruto bajó la cabeza, fingiendo vergüenza. 

Debajo del flequillo, sus ojos azules estaban helados. 

Mizuki-sensei... te confías demasiado. Tu postura está abierta. Podría cortarte la femoral con mi lápiz antes de que tu risa termine.

—Paciencia —susurró Kurama. —Deja que se ría. Su risa es nuestra cobertura.

Luego vino la prueba práctica. 

El Bunshin no Jutsu.

Esta era la parte difícil. 

No porque Naruto no pudiera moldear chakra —tenía océanos de él—, sino porque el Bunshin básico requería delicadeza. Requería usar muy poco chakra.

Para Naruto, cuyo sistema circulatorio era una manguera de incendios a presión, usar "poco" chakra era físicamente doloroso.

Iruka lo llamó al frente. —Naruto Uzumaki. Haz tres clones simples.

Naruto se paró en el centro. 

Sintió las miradas de sus compañeros. 

Sasuke, aburrido. 

Sakura, molesta. 

Hinata, preocupada.

Naruto juntó las manos en el sello del carnero. 

Podría haber forzado la técnica. 

Podría haber usado su sangre para estabilizar el flujo y crear clones sólidos (Kage Bunshin), una técnica que había descubierto teóricamente pero nunca probado en público.

Pero si hacía eso, aprobaría con honores. 

Y si aprobaba con honores, lo pondrían en un equipo de élite. 

Lo vigilarían.

Naruto tomó una decisión. 

Canalizó el chakra de forma errática a propósito. 

Dejó que su ansiedad fingida "desestabilizara" la mezcla.

—¡BUNSHIN NO JUTSU!

Puf.

El humo se disipó. 

En el suelo, había una masa pálida y deforme que se parecía vagamente a él, gimiendo tristemente antes de deshacerse en una mancha de energía blanca.

La clase se quedó en silencio. Luego, las risas estallaron.

—¡Es un gusano! —¡Ni siquiera puede hacer uno!

Iruka se frotó la cara, decepcionado. —Reprobado, Naruto.

Naruto cayó de rodillas, golpeando el suelo con el puño. —¡Maldición! ¡Estaba tan cerca!

Su actuación fue sublime. La frustración parecía real. Nadie notó que no estaba sudando. Nadie notó que su respiración era rítmica y controlada: Inhalar, exhalar.

Esa tarde, Naruto se sentó en su columpio, observando cómo los padres felicitaban a los graduados (aunque él tendría una segunda oportunidad, sabía que la narrativa de "el fracasado" ya estaba cimentada).

Desde la ventana de la Academia, los profesores hablaban. 

Naruto agudizó su oído, usando el flujo sanguíneo en sus tímpanos para captar las vibraciones a cincuenta metros.

—Es una causa perdida —decía la voz de Mizuki—. No tiene talento. Es solo un contenedor defectuoso.

—Tiene corazón —defendía Iruka, débilmente—, pero... sus habilidades básicas son inexistentes. No tiene control. No tiene disciplina.

Naruto escuchó las palabras. "Sin talento". "Sin control". "Sin disciplina".

Eran música para sus oídos.

—Lo lograste —dijo Kurama. La voz del Zorro sonaba satisfecha, como un general revisando una fortaleza camuflada. —Te han subestimado por completo.

—Creen que soy inofensivo —respondió Naruto mentalmente, mirando sus propias manos.

Esas manos que sabían empuñar una espada invisible. Ese cuerpo que podía detener hemorragias a voluntad. Esa mente que había calculado mal el examen a propósito.

—La máscara es perfecta, Naruto. Eres un abismo y ellos solo ven un charco.

Naruto se levantó del columpio. Se sacudió el polvo de sus pantalones naranjas ridículamente brillantes. Puso su sonrisa de tonto.

—¡Voy a comer ramen para animarme! —gritó al aire vacío, asegurándose de que cualquiera que lo mirara viera al niño resiliente y estúpido de siempre.

Se dio la vuelta y caminó hacia la aldea.

Naruto Uzumaki había reprobado el examen de la Academia. Pero había aprobado con la máxima nota el examen de supervivencia de Kurama.

Ahora, cuando el mundo real lo golpeara... él golpearía de vuelta. Y nadie, absolutamente nadie, lo vería venir.

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