WebNovels

Chapter 147 - Capítulo 135: Retrospectiva

AETHERIUS.

El golpe resonó en toda la sala.

Por un segundo me quedé completamente inmóvil, mirando hacia el frente con una expresión que probablemente no tenía ningún sentido. Después sentí un dolor seco en la parte superior de la cabeza y levanté lentamente una mano para tocarme la zona donde acababa de golpearme. Bajé la mirada hacia la guadaña de madera y luego volví a mirarla, como si esperara que el arma pudiera explicarme por qué acababa de atacarme a mí mismo.

Layra no aguantó ni tres segundos.

"¡JA, JA, JA!"

"¿De qué te ríes?"

"¡De ti!"

"Eso ya lo sé."

"¡Te golpeaste con tu propia arma!"

"Me di cuenta."

Layra tuvo que apoyarse ligeramente sobre una de las estanterías mientras continuaba riéndose. Yo, todavía con una mano sobre la cabeza, miré la guadaña de madera con una mezcla de molestia y desconcierto. No entendía cómo había conseguido hacer algo tan absurdo. Solo había intentado girarla para cambiar la posición de mis manos y, por alguna razón, el extremo del bastón había terminado directamente contra mi cabeza.

"¿Estás bien?" preguntó Layra entre risas.

"Sí."

"¿Seguro?"

"Sí."

"Porque tu cara dice otra cosa."

"Mi cara está bien."

"Tu orgullo no."

La miré en silencio.

"Eso sí está herido."

Layra volvió a reír.

Respiré profundamente y volví a colocar la guadaña en posición, intentando ignorar el dolor que todavía sentía en la cabeza. Aunque me molestaba admitirlo, aquello había sido bastante estúpido. Desde que había despertado, muchas de mis habilidades regresaban de maneras extrañas. A veces mi cuerpo parecía recordar movimientos que mi mente había olvidado y otras veces podía controlar mi magia casi por instinto, pero con aquella arma era diferente. Cada movimiento me resultaba incómodo, como si estuviera intentando utilizar una herramienta que pertenecía a otra persona.

"En serio", dijo Layra después de recuperar un poco la compostura, "parece que en estos meses no has entrenado nada con tu arma."

"Sí he entrenado."

"¿Seguro?"

"Sí."

"Porque acabas de golpearte tú solo."

"Fue un accidente."

"Un accidente bastante impresionante."

Suspiré.

"Te estoy diciendo que sí he entrenado. Simplemente me cuesta."

Layra dejó de reírse poco a poco y observó la guadaña que sostenía.

"Bueno, eso sí te lo creo."

Miré nuevamente el arma. Había algo que seguía sin comprender desde que había despertado. De todas las cosas que había descubierto sobre mí mismo, aquella era una de las que más me intrigaban.

"Lo que sigo sin entender es por qué elegí esta arma."

"¿La guadaña?"

"Sí." Hice un pequeño movimiento con ella, esta vez mucho más cuidadoso, y me aseguré de que el extremo del bastón estuviera lejos de mi cabeza. "No sé... una espada tendría más sentido. O una lanza. Incluso un hacha sería más fácil de entender. Pero una guadaña..."

Miré la hoja curva de madera.

"¿Por qué elegiría esto?"

Layra se encogió de hombros.

"Ni yo lo sé."

"Pensé que quizá tú sabrías algo."

"Pues no."

"Eso tampoco ayuda."

"Lo siento."

No parecía estarlo.

Layra se acercó un poco y observó el arma con atención.

"Además..."

Hizo una pausa.

"Estoy bastante segura de que si intentaras usar tu arma real ahora mismo, saldrías herido con solo tocarla."

La miré.

"¿Tan mal estoy?"

"No es que seas malo. Es que no recuerdas cómo manejarla."

"Podría tener cuidado."

"Podrías."

"Entonces..."

"Pero no creo que sea una buena idea."

Suspiré.

"Tal vez."

Layra sonrió.

"¿Ves? Ya estás dudando."

"Solo estoy siendo razonable."

"Eso sí es nuevo."

La ignoré y volví a mirar la guadaña de madera. No quería admitirlo, pero tenía razón. Si aquella simple réplica había conseguido golpearme en la cabeza, probablemente no sería buena idea tocar todavía mi arma real. No sabía exactamente cómo funcionaba, qué tan pesada era ni qué clase de movimientos podía ejecutar con ella. Lo último que necesitaba era terminar herido antes siquiera de regresar a la academia.

"Está bien", dije finalmente. "Usaré esta."

"Me alegra que por una vez hayas tomado una decisión sensata."

"Pero si consigo recordar cómo usarla, quiero probar la real."

Layra me miró con incredulidad.

"Acabas de golpearte con la de madera."

"Ya dije que fue un accidente."

"Claro."

Antes de que pudiera responderle, Layra se dirigió hacia las estanterías donde estaban almacenadas las armas de entrenamiento. Recorrió con la mirada varias de ellas hasta que finalmente tomó una lanza de madera y la sacó de su soporte. La sostuvo con ambas manos, comprobó su peso y después caminó nuevamente hacia mí.

"Entonces hagamos una cosa."

La observé.

"¿Qué?"

"Vamos a ver qué tanto puedes manejar tu arma."

Miré la lanza y después mi guadaña.

"¿Vas a pelear conmigo?"

"Solo quiero comprobar cuánto recuerdas."

"Eso suena bastante parecido a una pelea."

Layra sonrió mientras adoptaba una posición de combate.

"Porque probablemente lo sea."

Apreté el mango de la guadaña y respiré profundamente. Esta vez levanté el arma con muchísimo más cuidado, asegurándome de que ninguna parte pudiera volver a golpearme accidentalmente. No sabía por qué había elegido aquella arma en primer lugar, pero quizá aprender a manejarla otra vez también fuera una forma de recuperar una parte de mí que todavía permanecía perdida.

"Está bien."

Ajusté los pies sobre el suelo y miré a Layra.

"Intentémoslo."

Layra hizo girar una vez la lanza de madera entre sus manos y luego la apoyó sobre uno de sus hombros. Su expresión mezclaba diversión y seriedad, pero levantó una mano para detenerme justo cuando iba a adoptar una posición de combate más agresiva.

"Espera. Hay una condición."

"¿Cuál?"

"Nada de mana."

Parpadeé.

"¿Nada?"

"Nada de mana ni reforzamiento corporal." Bajó la lanza y la sostuvo frente a ella. "Solo fuerza física. Nada de magia, nada de aumentar nuestros músculos ni de mejorar nuestros sentidos. Solo tú, tu guadaña y yo con esta lanza."

Miré mi arma y después a mi hermana.

"¿Y qué pasa si me excedo?"

"Por eso será un combate suave."

Hizo una pausa y señaló hacia mí con la punta de la lanza.

"Además, no quiero que mamá me castigue por hacerte daño."

No pude evitar sonreír.

"Estoy seguro de que mamá no te castigaría."

Layra arqueó una ceja.

"¿Estás seguro?"

"Sí."

"¿Incluso si terminas con un brazo roto?"

"Bueno..."

Me quedé callado unos segundos.

"Eso cambia un poco las cosas."

Layra soltó una carcajada.

"¡Exactamente! Por eso será suave."

Volví a acomodarme y sujeté con ambas manos el bastón de la guadaña. Sin el mana para compensar cada movimiento, su peso se hacía más evidente. Combatir así resultaba extraño. Desde que había recuperado parcialmente mis habilidades, dependía bastante de la magia para mejorar mis capacidades, sobre todo cuando utilizaba la asimilación elemental. Sin ella, mi cuerpo se sentía más pesado y mis movimientos, más simples. Aun así, había algo tranquilizador en no tener que preocuparme por perder el control de mi poder.

O eso intentaba convencerme.

Aunque mi mente no conservaba ningún recuerdo de haber entrenado con aquella arma, mis manos la sujetaban con una seguridad que no había adquirido en los últimos meses. El peso del mango, el ángulo de la hoja y la forma de distribuir el equilibrio encajaban en mí de manera instintiva, como si mi cuerpo siguiera instrucciones enterradas en un lugar al que mis recuerdos ya no podían llegar.

"Entonces, ¿listo?" preguntó Layra.

"Sí."

"Recuerda: nada de mana."

"Lo sé."

"Y no intentes hacerte el fuerte."

"¿Por qué siento que me estás hablando como si fuera un niño?"

"Porque hace unos meses estabas en coma, perdiste tus recuerdos y acabas de golpearte con tu propia arma."

"Eso último fue innecesario."

"Pero cierto."

Suspiré.

"Solo pelea."

Layra sonrió.

"Eso pensaba hacer."

Bajó el centro de gravedad y ajustó las manos sobre la lanza. Durante un instante, ninguna de las dos se movió. La sala quedó en silencio, salvo por nuestra respiración y el leve crujido de la madera bajo nuestros pies. Sin mana ni reforzamiento corporal, no había energía acumulándose antes del combate. Solo estábamos nosotros, nuestras armas de madera y la fuerza que nuestros cuerpos podían producir.

Layra rompió la quietud.

Su pie golpeó el suelo y avanzó de frente. No fue un movimiento exageradamente rápido, pero bastó para obligarme a reaccionar. La lanza se lanzó hacia mi costado; levanté la guadaña y el choque entre ambas armas me sacudió los brazos. Cedí medio paso para no perder el equilibrio.

"¡Bien!"

Antes de que pudiera recuperar la postura, Layra hizo girar la lanza y atacó desde arriba. Desplacé la guadaña para interceptarla, pero el impacto me hizo resbalar las manos sobre el mango. Retrocedí otro paso mientras ella mantenía la presión, obligándome a bloquear una estocada tras otra.

No había magia que pudiera ayudarme.

Ni electricidad.

Ni sombras.

Solo mis reflejos, mi fuerza y aquella extraña arma que todavía no terminaba de comprender.

Sin embargo, con cada golpe, algo en mí empezaba a despertar. Cuando Layra cambiaba el ángulo de la lanza, mis brazos se movían antes de que pudiera pensarlo. Al detectar una abertura, mis pies encontraban la distancia exacta para aprovecharla. No estaba recordando una técnica; era algo más profundo, más antiguo, una certeza grabada en mis músculos.

Layra amagó hacia mi hombro y corrigió el ataque a mitad del movimiento. Bloqueé por instinto. El impacto desvió la lanza, pero también dejó su guardia abierta durante un instante.

Mis manos giraron el mango por sí solas.

La guadaña trazó un arco bajo, limpio y preciso. La punta de madera se detuvo a un suspiro del cuello de Layra.

Ella quedó inmóvil.

Yo también.

Bajé la mirada hacia la posición en la que había terminado, incapaz de explicar cómo había llegado hasta allí. En el silencio de la sala, algo se agitó detrás de mis recuerdos vacíos: no una imagen, sino la sombra de una escena que aún no podía ver.

Durante unos segundos permanecí inmóvil, todavía sorprendido por el movimiento que acababa de hacer. La punta de madera de mi guadaña había quedado detenida a escasos centímetros del cuello de Layra, y aunque sabía que había sido yo quien había realizado aquel movimiento, no podía explicar cómo lo había hecho. No había pensado en atacar de esa manera, ni siquiera había decidido conscientemente mover el arma; simplemente había ocurrido. Mis manos habían girado el mango, mis pies habían encontrado la posición adecuada y mi cuerpo había ejecutado aquel movimiento como si lo hubiera repetido cientos, quizá miles de veces.

Entonces, mientras seguía observando mi propia arma, algo completamente distinto apareció en mi mente. No era una memoria normal. No había imágenes ni lugares conocidos, solo una voz. Una voz fría, extraña y difícil de identificar, que había escuchado una vez hacía varios meses, cuando todavía estaba intentando comprender qué había ocurrido conmigo.

Recordé aquellas palabras con una claridad inquietante, como si alguien hubiera hablado directamente dentro de mi cabeza: "No esperaba que lo que te pasó fuera el costo por dejarme usar tu cuerpo."

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda. ¿Qué significaba aquello? En aquel momento había pensado que quizá solo se trataba de otra de las cosas extrañas relacionadas con mi pérdida de memoria, pero ahora, después de comprobar que mi cuerpo podía hacer cosas que mi mente no recordaba, una posibilidad mucho más inquietante comenzó a formarse en mi cabeza. ¿Y si aquella cosa que me habló había sido responsable de lo que me ocurrió? ¿Y si había tenido algo que ver con que perdiera mis recuerdos? La pregunta apareció de manera casi inevitable. Pero había otra todavía peor. ¿Y si también había tenido algo que ver con el hecho de que hubiera revivido? Recordaba que mi familia decía que había muerto, o al menos que había estado en una situación de la que nadie esperaba que pudiera regresar. Yo mismo apenas podía comprenderlo. Si aquella voz realmente pertenecía a algo que había utilizado mi cuerpo, entonces quizá había una parte de mi pasado que todavía no conocía, una parte que podía ser mucho más peligrosa de lo que había imaginado.

"¿Therius?"

La voz de Layra me sacó de mis pensamientos. Parpadeé y volví a concentrarme en la sala de entrenamiento. Ella seguía frente a mí, aunque ahora tenía la lanza levantada nuevamente y una expresión mucho más seria que antes. Bajé lentamente la guadaña.

"¿Qué?"

"Eso estuvo muy bien."

"¿Lo estuvo?"

"Sí." Layra hizo girar ligeramente la lanza entre sus manos. "Me sorprendió ese movimiento. No esperaba que pudieras hacer algo así."

Miré nuevamente la guadaña.

"Yo tampoco."

"Entonces estamos empatados."

Levanté una ceja.

"¿Qué quieres decir?"

"Que ahora ya sé que no debo confiarme contigo."

La sonrisa que apareció en su rostro no era la misma de antes. Seguía siendo Layra, pero había cambiado su postura. Sus pies estaban más firmemente plantados sobre el suelo, sus manos sujetaban la lanza con mayor precisión y sus ojos ya no tenían aquella expresión relajada con la que había comenzado el entrenamiento.

"Pero esta vez no voy a dejar que me sorprendas."

Sentí cómo mi cuerpo se tensaba ligeramente.

"¿Vas a ponerte más seria?"

"Un poco."

"Se suponía que sería un combate suave."

"Lo será."

"Tu cara no dice eso."

Layra sonrió.

"No voy a usar mana."

Miré sus ojos.

"No estás bromeando."

"En absoluto."

Por alguna razón, aquella respuesta me hizo sentir una mezcla de emoción y nerviosismo. Hasta ese momento había pensado que estábamos simplemente probando cuánto podía manejar la guadaña después de tantos meses sin entrenar, pero ahora comenzaba a comprender que Layra estaba evaluando realmente mis capacidades. Y si ella había decidido tomarse el combate un poco más en serio sin siquiera recurrir al mana, significaba que aquel movimiento había cambiado por completo su percepción sobre mí.

Apreté nuevamente el mango de la guadaña y adopté una postura más firme. La extraña voz volvió a cruzar brevemente mi mente, pero esta vez no permití que me distrajera. Fuera quien fuera aquella cosa, y cualquiera que hubiese sido su relación con lo que me ocurrió, no podía resolverlo en ese momento. Primero necesitaba entender mi propio cuerpo, recuperar mis habilidades y descubrir hasta dónde podía llegar sin depender de recuerdos que todavía no estaban allí.

Layra bajó ligeramente la punta de su lanza.

"Ahora sí."

Respiré profundamente.

Ella sonrió.

Y antes de que pudiera pensar demasiado en lo que acababa de recordar, Layra volvió a lanzarse hacia mí.

****

LAYRA.

Volví a lanzarme hacia él, esta vez con mayor decisión, y ejecuté un movimiento horizontal con la lanza dirigido hacia su costado. Aetherius reaccionó levantando la guadaña de madera para bloquearlo, pero en lugar de quedarse quieto después del impacto, giró el cuerpo y utilizó el propio movimiento de la lanza para apartarla de su trayectoria.

Aproveché la abertura e hice retroceder el arma para atacar nuevamente desde el lado contrario. Él alcanzó a levantar el mango justo a tiempo y nuestras armas chocaron otra vez. El sonido seco de la madera llenó la sala mientras intercambiábamos movimientos, y aunque desde fuera probablemente parecía que Aetherius simplemente estaba intentando defenderse de mis ataques, yo podía notar algo mucho más extraño.

Sus movimientos no eran limpios. No eran fluidos. En varios momentos parecía que su cuerpo no sabía exactamente qué hacer con la guadaña, como si cada parte de él estuviera intentando recordar una técnica diferente al mismo tiempo. Sin embargo, cada vez que cometía un error, encontraba alguna manera de compensarlo. Un paso mal colocado terminaba convertido en un giro inesperado que evitaba mi ataque; una mala posición de las manos acababa transformándose en un bloqueo; un movimiento demasiado amplio terminaba aprovechando la inercia de la propia arma para crear una respuesta que yo no había previsto.

Y eso era precisamente lo que me estaba sorprendiendo.

Yo sabía que todavía le costaba acostumbrarse a su arma. Había quedado bastante claro desde el momento en que consiguió golpearse a sí mismo con ella, y tampoco parecía recordar conscientemente por qué había elegido una guadaña en primer lugar. Pero una cosa era no recordar cómo utilizarla y otra muy diferente era moverse de aquella manera. Aetherius estaba siendo torpe, sí, pero era una torpeza extraña. Era como observar a alguien que conocía perfectamente un idioma pero había olvidado las palabras; podía cometer errores, detenerse y confundirse, pero de alguna forma todavía conseguía transmitir lo que quería decir. Cada vez que parecía perder el control del movimiento, su cuerpo encontraba una solución por sí mismo. No era algo que pudiera atribuir simplemente a sus reflejos.

Volví a atacar. Esta vez dirigí la punta de la lanza hacia su hombro y, cuando bloqueó, cambié el ángulo para intentar desequilibrarlo. Aetherius dio un paso hacia atrás, pero su pie no cayó exactamente donde debía. Durante un instante pensé que iba a perder el equilibrio, hasta que giró el mango de la guadaña y utilizó el extremo del arma para apoyarse en el suelo, recuperando la postura de una manera que parecía completamente improvisada. Mis ojos se abrieron ligeramente.

"¿Qué...?"

No tuve tiempo de terminar la frase porque Aetherius volvió a moverse. Su guadaña pasó frente a mí en un arco que tuve que esquivar inclinando el cuerpo hacia atrás. La hoja de madera pasó a pocos centímetros de mi rostro y aproveché la distancia para retroceder.

Aquello era cada vez más extraño.

Aetherius volvió a colocarse frente a mí, pero esta vez pude notar algo que me hizo contener una sonrisa. Sus ojos estaban demasiado pendientes del arma. No solamente de mí, sino de la propia guadaña. Cada vez que realizaba un giro, comprobaba rápidamente dónde estaba el extremo del bastón. Cada vez que cambiaba el agarre, parecía asegurarse de que no estuviera a punto de golpearse otra vez. Incluso cuando intentaba realizar un movimiento más amplio, había una pequeña tensión en sus hombros que delataba que estaba pensando constantemente en no repetir el accidente de hacía unos minutos.

Todavía tenía miedo de su propia arma.

Era difícil no encontrarlo gracioso.

"¿Sigues preocupado por golpearte?"

Aetherius frunció el ceño.

"No."

"Sí lo estás."

"No."

"Lo estás."

"Solo estoy teniendo cuidado."

No pude evitar sonreír.

"Eso es exactamente lo que diría alguien que está preocupado."

Aetherius resopló y volvió a levantar la guadaña.

"Concéntrate."

"Estoy concentrada."

"Entonces deja de hablar."

"Eso no es justo."

Sonreí mientras volvía a adoptar mi postura. Aunque estábamos peleando sin mana y sin reforzamiento corporal, podía notar que Aetherius estaba empezando a acostumbrarse al peso del arma. Seguía siendo torpe, pero cada movimiento parecía tener un poco más de sentido que el anterior. Era como si su cuerpo estuviera recuperando poco a poco aquello que su memoria no podía darle. Quizá necesitaba exactamente eso: tiempo, práctica y un lugar donde pudiera enfrentarse nuevamente a situaciones que alguna vez habían sido normales para él.

La academia.

Pensé en ello mientras volvía a moverme.

Tal vez regresar de verdad sería bueno para Aetherius.

Había pasado meses alejado de todo lo que conocía. Nuestra familia había cuidado de él, lo habían ayudado a recuperar sus habilidades y habían hecho todo lo posible para que no se exigiera demasiado, pero había cosas que una familia no podía devolverle. Sus compañeros, sus profesores, los entrenamientos, las clases, los pasillos, las conversaciones cotidianas... todo aquello formaba parte de la vida que había perdido junto con sus recuerdos. Quizá volver a caminar por los mismos lugares despertaría algo en su cabeza. Quizá escuchar nuestras voces, ver nuestras caras y volver a sostener las mismas armas que había utilizado antes conseguiría abrir alguna puerta que ahora permanecía cerrada.

Y, sobre todo, quizá necesitaba volver a ser simplemente Aetherius.

No el muchacho que había despertado sin recuerdos.

No el chico al que todos observábamos preguntándonos cuánto conseguiría recuperar.

Solo mi hermano.

El mismo que se había marchado a la academia y que ahora tenía que regresar a ella.

Volví a atacar y Aetherius bloqueó el golpe. Esta vez su respuesta fue más rápida. La guadaña giró con un movimiento imperfecto, pero consiguió apartar mi lanza y obligarme a retroceder un paso. Lo observé con atención mientras él respiraba profundamente y reajustaba las manos sobre el mango.

Seguía siendo torpe.

Seguía sin recordar.

Y probablemente seguiría golpeándose accidentalmente unas cuantas veces más.

Pero estaba aprendiendo.

Sonreí.

Tal vez sí era momento de que regresara a la academia.

More Chapters