ALTEA.
Me había quedado en un rincón del salón principal del gremio, desde donde podía observar el constante movimiento de aventureros, recepcionistas y miembros que entraban y salían a lo largo del día. Era curioso volver a estar allí después de tantos años. De vez en cuando reconocía algún rostro entre la multitud y, aunque las conversaciones no solían durar demasiado, siempre terminaban dejándome una sensación agradable. Algunos eran conocidos de mis años como aventurera, personas a las que no había vuelto a ver desde que decidí retirarme de aquella vida, varios años después de haber dado a luz a Trevor. Habían pasado más de diez años desde entonces y, aun así, bastaba con unas cuantas palabras para que pareciera que el tiempo no había sido tan largo. En ese momento tenía a Calafell conmigo, recién bañada, con parte de su cabello todavía húmedo. La pequeña estaba mucho más tranquila de lo habitual mientras le daba unas cucharadas de papilla, sentada cómodamente sobre mis piernas y abriendo la boca cada vez que acercaba la cuchara.
Dorian se encontraba cerca de mí, observando la escena con una sonrisa tranquila. Después de unos segundos, soltó una pequeña risa.
"Al verte así, me recuerdas a cuando recién habíamos tenido a Trevor."
Bajé la mirada hacia Calafell y sonreí mientras limpiaba con un paño un poco de papilla que había quedado en la comisura de sus labios.
"Es verdad. Aunque esta pequeña tiene una ventaja sobre Trevor."
Dorian levantó una ceja, esperando la explicación.
"No escupe la comida a cada momento."
Él soltó una carcajada y negó con la cabeza.
"Eso sí es cierto. Trevor conseguía convertir cada comida en una batalla."
Calafell nos observó a ambos sin entender la conversación y, cuando volví a acercarle la cuchara, abrió la boca con toda naturalidad.
"¿Ves? Una señorita ejemplar."
Dorian volvió a reír mientras Calafell movía sus pequeñas manos, completamente ajena a nuestra conversación.
Poco después, Nora apareció desde uno de los extremos del salón con su uniforme de recepcionista perfectamente acomodado. Al acercarse, su mirada se dirigió inmediatamente hacia Calafell, que en ese momento tenía algunos mechones húmedos pegados a las mejillas.
"¡Le creció el cabello a Calafell!"
Miré a la pequeña y después a Nora.
"Por supuesto que le creció. Tiene un año y tantos meses. Es normal que su cabello siga creciendo."
Nora se inclinó un poco para observarla mejor, especialmente las puntas. Su cabello era de un morado oscuro desde la raíz, pero conforme avanzaba hacia las puntas se volvía progresivamente más claro. Aquello me recordó al cabello de Aetherius de hacía algunos años, cuando todavía conservaba aquel tono cenizo en las raíces que terminaba transformándose en rubio hacia las puntas. Era curioso ver una característica parecida en Calafell, aunque en ella el color era completamente distinto.
Nora acercó una mano y le acarició suavemente una de las mejillas.
"Y esos cachetotes cada vez están más grandes."
Calafell soltó una pequeña carcajada y agitó las manos, evidentemente encantada con la atención. No pude evitar sonreír al verla.
"Mírala, hasta se ríe cuando se burlan de sus mejillas."
Le di otra cucharada de papilla y Nora continuó observándola con una expresión divertida. Después de unos segundos, levantó la mirada hacia nosotros.
"Por cierto, ¿dónde está Elowen? Hace rato que no la veo por aquí."
Dorian respondió antes de que pudiera hacerlo.
"Trevor se la llevó a la Sede."
Nora parpadeó, sorprendida.
"¿A la Sede?"
Dorian asintió.
"Elowen insistió en acompañarlo. Quería ver con sus propios ojos qué tanto hacía Trevor ahora que es Discípulo."
Nora soltó una pequeña risa.
"Entonces seguramente no lo dejará tranquilo hasta que le enseñe todo."
Dorian negó con la cabeza, divertido.
"Conociéndola, probablemente será al revés. Trevor tendrá que explicarle cada cosa mientras ella lo sigue de un lado a otro."
Volví a mirar a Calafell, que para ese momento parecía mucho más interesada en jugar con la cuchara que en continuar comiendo. Aparté el recipiente antes de que pudiera volcarlo sobre su ropa y la acomodé un poco mejor sobre mis piernas. La pequeña me miró con aquellos ojos curiosos y volvió a intentar alcanzar la cuchara, como si todavía no hubiera decidido si quería comer o simplemente jugar con ella.
No pasó mucho tiempo antes de que mi atención se desviara hacia la entrada del salón. Un grupo de jóvenes acababa de entrar al gremio y, a primera vista, me llamó la atención que su vestimenta fuera distinta a la de los aventureros que normalmente frecuentaban aquel lugar. Llevaban los uniformes de la academia, y eran seis en total. Los observé con detenimiento mientras avanzaban unos pasos, mirando de un lado a otro como si estuvieran buscando a alguien. Reconocí primero al joven de piel morena, cabello rojizo y ojos grises; a su lado estaba una chica de cabello castaño y rizado, con unos llamativos ojos azules. Detrás de ellos caminaban dos chicas de cabello negro y ojos del mismo color, prácticamente idénticas entre sí. También estaban un muchacho de cabello castaño oscuro y ojos marrones, y una chica de cabello café y ojos negros. No tardé en reconocerlos a todos. Eran Maxwell, Viola, las gemelas Chiara y Gilia, Volter y Amaranta.
Los seis continuaron buscando entre las mesas hasta que levanté una mano para llamar su atención.
"¡Max!"
Max giró la cabeza hacia mí casi de inmediato. Los otros cinco siguieron su mirada y, en cuanto me reconocieron, sus expresiones cambiaron por completo. Una sonrisa apareció en el rostro de cada uno, aunque fue Viola quien reaccionó con mayor entusiasmo. La muchacha prácticamente corrió hacia mí.
"¡Tía Altea!"
Sin embargo, apenas llegó frente a mí, se detuvo en seco. Sus ojos se desviaron hacia Calafell, que seguía sentada sobre mis piernas, y su expresión pasó de la emoción a una sorpresa absoluta. Se inclinó ligeramente hacia ella y sus ojos parecieron iluminarse.
"Oh, por Dios... ¡qué grande está Calafell!"
Calafell levantó la mirada hacia Viola y, al reconocer aquella voz, movió sus pequeñas manos con entusiasmo. Viola soltó una risita y se acercó un poco más, aunque se contuvo de tocarla inmediatamente. Los demás no tardaron en acercarse también, rodeándonos a Dorian, a Calafell y a mí. Por unos momentos, el rincón del salón se llenó de voces y sonrisas, mientras cada uno intentaba saludar y observar a la pequeña al mismo tiempo.
Nora, que todavía permanecía cerca de nosotros, miró la escena y decidió dejarnos espacio.
"Bueno, creo que los dejaré un rato. Seguro tienen mucho de qué hablar."
"Gracias, Nora", respondí.
"Sí, gracias", añadió Max con una sonrisa.
Nora hizo un pequeño gesto con la mano antes de regresar a su puesto en la recepción. Cuando se alejó, volví mi atención hacia los seis jóvenes. Habían pasado algunos meses desde la última vez que los había visto a todos juntos, así que aproveché para preguntarles cómo les estaba yendo en la academia. Comencé por Viola, pues era la que llevaba menos tiempo allí.
"¿Y tú, Viola? ¿Cómo te ha ido desde que entraste a la academia?"
Viola se acomodó un mechón de cabello castaño detrás de la oreja antes de responder.
"Bien... aunque todavía me estoy acostumbrando. Las clases son más pesadas de lo que imaginaba y los entrenamientos son bastante intensos."
"Eso era de esperarse", comentó Dorian desde su asiento. "La academia no suele darle descanso a nadie."
Viola asintió.
"Lo sé. Al principio terminaba agotada después de cada entrenamiento, pero poco a poco me estoy acostumbrando."
Después de escucharla, fui preguntando a los demás. Las respuestas fueron bastante similares. Max habló sobre algunos de sus entrenamientos y sobre las cosas que había aprendido durante los últimos meses. Volter contó algunas de las actividades en las que había participado, mientras Amaranta mencionaba ciertos ejercicios que habían realizado. Chiara y Gilia también hablaron de sus avances, intercalándose entre ellas de vez en cuando mientras discutían cuál de las dos había mejorado más en determinado ejercicio. Era agradable escucharlos hablar así, con tanta naturalidad, especialmente porque podía notar que todos habían continuado esforzándose desde aquel evento académico.
Dorian cruzó los brazos y los observó a todos con una expresión ligeramente severa, aunque la sonrisa en su rostro dejaba claro que no estaba realmente molesto.
"Espero que después del evento académico no se hayan puesto a holgazanear."
Los seis se miraron entre sí durante un instante.
"No", respondieron casi al mismo tiempo.
Dorian soltó una pequeña risa.
"¿Seguro?"
Max fue quien respondió esta vez.
"Seguro. Hemos seguido entrenando."
Volter asintió.
"Y hemos mejorado bastante."
"Mucho más que antes del evento", añadió Amaranta.
Las gemelas estuvieron de acuerdo y Viola también afirmó que sentía que había avanzado desde que comenzó la academia. Dorian pareció satisfecho con sus respuestas y asintió lentamente.
"Eso quería escuchar. No sirve de mucho llegar lejos una vez si después dejan de esforzarse."
Continuamos hablando durante unos minutos. Calafell, entretanto, parecía haberse convertido en el centro de atención del grupo. Viola no dejaba de mirarla y las gemelas se turnaban para hacerle pequeñas expresiones que conseguían arrancarle risitas. Incluso Max, que normalmente intentaba mantener una actitud más tranquila, terminó sonriendo mientras observaba cómo Calafell intentaba alcanzar uno de sus dedos.
La conversación avanzó con tranquilidad hasta que Max permaneció unos segundos en silencio. Su mirada recorrió el salón, como si buscara a alguien entre la gente. Finalmente volvió a mirarme. Su expresión había cambiado ligeramente; seguía siendo amable, pero ahora había una pregunta que parecía haber estado esperando el momento adecuado para hacer.
"Tía Altea..."
Hizo una pequeña pausa.
"¿Y Aetherius? ¿Dónde está?"
Acomodé a Calafell sobre mi regazo para que quedara más cómoda y le acomodé los mechones húmedos que todavía tenía pegados a la frente. Después miré a Max, quien permanecía atento a mi respuesta.
"Está bien. Ha mejorado bastante con sus recuerdos."
Los seis prestaron atención de inmediato. Podía notar que aquella respuesta era importante para ellos, así que continué antes de que alguno pudiera interrumpirme.
"No lo suficiente como para decir que ya es el mismo Aetherius que ustedes conocieron, pero está avanzando. Algunos recuerdos han regresado y poco a poco está recuperando cosas que había olvidado."
Max asintió lentamente, mientras los demás intercambiaban algunas miradas. Sabía que probablemente tenían muchas preguntas, pero no parecía necesario explicarles cada detalle en ese momento. Además, había otra parte de su pregunta que todavía no había respondido.
"Y sobre dónde está, ahora mismo está en la sala de entrenamiento del gremio con Layra."
La expresión de Max cambió ligeramente al escuchar aquello.
"¿Con Layra?"
"Sí. Seguramente siguen entrenando."
Miré nuevamente al grupo y entonces noté algo que no había considerado hasta ese momento. Había seis personas frente a mí, pero conocía a siete jóvenes que normalmente estaban juntos. Fruncí ligeramente el ceño y recorrí el grupo con la mirada antes de preguntar:
"Espera... falta alguien. ¿Dónde está Iesel?"
Max desvió la mirada inmediatamente hacia un lado. El movimiento fue tan evidente que casi me hizo sonreír.
"Iesel no quería venir."
"¿No quería venir?"
"Intenté convencerla, pero no pude."
Dorian, que hasta ese momento había permanecido escuchando la conversación, apoyó una mano sobre el respaldo de su asiento y habló con naturalidad.
"Debe seguir afectada. Sobre todo después de lo que ella y Aetherius compartieron."
Los seis se quedaron en silencio.
Por sus expresiones, estaba claro que ninguno entendía exactamente a qué se refería Dorian. Chiara miró a Gilia, Gilia a Volter y Volter a Amaranta, mientras Max permanecía con los ojos ligeramente entrecerrados, intentando comprender lo que acababa de escuchar. Viola, en cambio, había reaccionado de una manera distinta. Su expresión se endureció apenas por un instante antes de apartar la mirada.
Max finalmente abrió los ojos con sorpresa.
"Espera... ¿entonces sí pasó algo ese día?"
Dorian soltó una carcajada.
"Sí."
La respuesta fue tan directa que los seis volvieron a mirarlo.
"¿¡Qué pasó!?", preguntó Max inmediatamente.
Dorian negó con la cabeza, todavía divertido por sus expresiones.
"Eso no se los voy a decir."
"¡¿Por qué?!"
"Porque no me corresponde contarlo."
Los demás comenzaron a preguntar al mismo tiempo, tratando de averiguar qué había sucedido entre Aetherius e Iesel aquel día. Ninguno parecía tener la menor idea, y por la forma en que se miraban entre ellos, era evidente que aquello había ocurrido sin que los demás estuvieran presentes. Dorian no cedió ante ninguna de sus preguntas y simplemente mantuvo aquella sonrisa de quien conocía un secreto que no pensaba revelar.
Viola, mientras tanto, había girado el rostro hacia otro lado. Infló ligeramente las mejillas y frunció el ceño, mostrando una expresión de evidente molestia. No necesitaba preguntarle por qué; como amiga de la infancia de Aetherius, parecía no llevar demasiado bien la idea de que hubiera ocurrido algo entre él e Iesel sin que ella supiera qué había sido.
Después de dejar que los demás discutieran un poco con Dorian, intervine para cortar las preguntas.
"En lugar de quedarse aquí intentando sacarle información a Dorian, ¿por qué no van a verlo?"
Max dejó de insistir y volvió su atención hacia mí.
"¿Podemos?"
"Claro. Estoy segura de que él también quiere verlos."
Los seis se miraron entre ellos. La curiosidad que habían mostrado hacía unos instantes se transformó rápidamente en entusiasmo. Max fue el primero en asentir y los demás comenzaron a prepararse para dirigirse hacia la sala de entrenamiento.
"Entonces iremos a buscarlo."
"Háganlo. Y no se preocupen demasiado por sus recuerdos. Simplemente compórtense como siempre."
Max sonrió al escuchar aquello.
"Entendido, tía Altea."
Los seis se despidieron de nosotros y comenzaron a alejarse por el salón. Viola fue la última en moverse. Antes de seguir a los demás, volvió la mirada hacia Calafell, quien todavía permanecía tranquilamente sobre mi regazo, y después hacia el pasillo que conducía a la sala de entrenamiento. Su expresión seguía mostrando cierta molestia, aunque finalmente suspiró y siguió al grupo.
Los observé alejarse hasta que desaparecieron entre la gente del gremio. Después bajé la mirada hacia Calafell, que había empezado a jugar con uno de los mechones húmedos de su propio cabello.
"Bueno, parece que Aetherius tendrá una visita bastante ruidosa."
Dorian soltó una pequeña risa.
"Con esos seis juntos, no esperaría otra cosa."
****
MAXWELL.
Caminamos entre las personas que ocupaban el salón principal del gremio, avanzando hacia la zona destinada a los entrenamientos. De vez en cuando alguno de nosotros saludaba a los aventureros y trabajadores con los que habíamos coincidido durante nuestras visitas anteriores. Algunos simplemente levantaban la mano al reconocernos, mientras que otros se detenían unos segundos para preguntarnos cómo nos estaba yendo en la academia. Eran encuentros breves, pero resultaba agradable volver a ver aquellos rostros después de tanto tiempo. A pesar de que ahora pasábamos gran parte del año en la academia, aquel lugar seguía teniendo algo familiar para nosotros.
Finalmente llegamos frente a la puerta de la sala de entrenamiento. Desde el otro lado podían escucharse golpes de madera bastante fuertes y consecutivos, acompañados por el sonido de pasos que se desplazaban rápidamente sobre la arena. Me quedé un momento frente a la puerta, intentando imaginar quién de los dos estaría llevando la ventaja.
"Definitivamente son Aetherius y Layra", dije.
Volter se acercó un poco y escuchó con atención.
"Y parece que están peleando bastante en serio."
Sonreí mientras colocaba una mano sobre la puerta.
"Entonces vamos a ver cuánto ha mejorado Aetherius."
Abrí la puerta y entramos.
La arena de entrenamiento se encontraba varios metros por debajo de nosotros, desdé arriba podíamos observar prácticamente toda la arena.
Y debajo de nosotros estaban ellos.
Layra acababa de lanzar una patada hacia arriba.
Aetherius se encontraba en el aire, levantado por el impulso del ataque, pero había conseguido bloquearla con su arma de madera. Durante un instante pensé que perdería el equilibrio, pero entonces hizo girar el arma entre sus manos y aprovechó el movimiento para atacar.
Uno.
Dos.
Tres golpes consecutivos.
Layra comenzó a bloquearlos mientras retrocedía, haciendo chocar su propia arma de madera contra la de Aetherius. Los sonidos resonaban por toda la habitación y, desde nuestra posición, podía apreciarse bastante bien la forma en que ambos se estaban moviendo.
Me quedé observándolo con una sonrisa.
Había pasado bastante tiempo desde la última vez que lo había visto pelear así.
Aunque sus movimientos todavía tenían cierta torpeza, seguía habiendo algo familiar en ellos. Era como si Aetherius todavía estuviera intentando entender cómo utilizar aquella arma, pero al mismo tiempo su cuerpo encontrara por sí solo la manera de corregir cada movimiento.
"Está mejorando", murmuré.
Viola no respondió. Se había quedado mirando la arena con una expresión concentrada.
Entonces ocurrió.
En medio del intercambio, Aetherius giró ligeramente la cabeza hacia nosotros.
Sus ojos se encontraron con los míos.
Me quedé sorprendido.
"¿Nos vio?"
No tuve tiempo de decir nada más.
Layra no se había percatado de nuestra llegada. Al notar la abertura frente a ella, aprovechó inmediatamente aquel instante de distracción.
Su pierna se movió con rapidez.
Y entonces...
"¡POM!"
El golpe de madera contra la cabeza de Aetherius resonó por toda la sala.
Todos nos quedamos completamente inmóviles.
Aetherius permaneció unos instantes de pie, como si su cuerpo todavía no hubiera comprendido lo que acababa de ocurrir. Sus ojos se tornaron completamente blancos y, al segundo siguiente, perdió el equilibrio.
Cayó hacia delante.
De cara contra el suelo.
"..."
Nadie dijo nada.
Miré a Aetherius tendido en la arena y después a Layra, que seguía con el arma de madera en las manos.
Ella tampoco se movió.
Finalmente levantó la mirada hacia nosotros.
Sus ojos se abrieron de par en par.
"¿Ustedes estaban ahí?"
Volter fue el primero en reaccionar.
"Sí."
Layra volvió a mirar a Aetherius.
"Ah..."
Su rostro comenzó a cambiar mientras comprendía lo que acababa de hacer.
"Lo noqueé."
Chiara se llevó una mano a la boca.
"Le diste directamente en la cabeza."
"Ya me di cuenta", respondió Layra, claramente nerviosa.
Gilia miró hacia Aetherius desde arriba.
"¿Está bien?"
Layra dejó el arma de madera a un lado y corrió hacia él.
"¡Aetherius!"
Al verla arrodillarse junto a él, bajé inmediatamente por las escaleras junto con los demás. Después de tantos meses, finalmente habíamos vuelto a encontrarnos con nuestro amigo.
Y nuestra primera impresión de su regreso había sido verlo recibir un golpe en la cabeza y caer de cara contra el suelo.
****
AETHERIUS.
Fuego.
Eso era lo primero que podía distinguir.
Fuego, humo y destrucción se extendían a mi alrededor. Había gritos en todas partes, algunos tan cercanos que podía sentirlos atravesar el ruido de las explosiones, mientras otros parecían perderse entre el estruendo. El suelo estaba cubierto de escombros y las llamas iluminaban fragmentos de edificios destruidos. Algo explotó a lo lejos y una oleada de calor pasó junto a mí, pero no reaccioné. Simplemente seguí caminando.
O eso creía.
Mis piernas avanzaban con dificultad. Cada paso era lento y pesado, como si llevara algo enorme sobre el cuerpo. El cansancio era real. El dolor también. No era una sensación vaga ni un recuerdo distante; podía sentirlo en los músculos, en los huesos, en cada parte de mi cuerpo. Respiraba con dificultad mientras avanzaba entre aquel lugar destruido, aunque ni siquiera estaba seguro de hacia dónde iba.
Entonces escuché una voz.
"Eru...d."
Me detuve.
Ese nombre.
Esa voz.
Ya la había escuchado antes.
Intenté girar la cabeza hacia el lugar de donde provenía, aunque ni siquiera estaba seguro de si realmente había conseguido hacerlo. Mi visión se movió lentamente y, cuando miré hacia un lado, una mano negra apareció frente a mí.
Me sujetó el rostro.
La piel de aquella mano era completamente negra, pero no parecía humana. Sus dedos se cerraron alrededor de mi cara con una fuerza que me hizo intentar apartarme, aunque mi cuerpo apenas respondió.
Entonces escuché nuevamente aquella voz.
Era fría.
Extraña.
Y, de alguna manera, familiar.
"Aún hay tiempo."
La mano apretó un poco más.
"Todavía puedes fortalecerte..."
Sentí un dolor repentino en la cabeza.
No fue como un simple dolor de cabeza. Fue como si algo hubiera atravesado directamente mi cerebro. Cerré los ojos con fuerza y llevé las manos hacia aquella mano negra, intentando apartarla, pero las imágenes comenzaron a aparecer antes de que pudiera hacerlo.
Cabello morado.
Unos ojos verdes.
Mi respiración se detuvo.
"¿Calafell...?"
No.
No era ella.
La mujer que estaba frente a mí era mucho mayor que la pequeña Calafell. Tampoco era su madre biológica. Aquello lo sabía, aunque no comprendía por qué.
Entonces el nombre apareció.
Belloda.
El nombre llegó a mi mente con una claridad que no había tenido ninguna de las imágenes anteriores.
"Belloda..."
Pero antes de poder comprenderlo, la imagen cambió.
Cabello rubio.
Ojos azules.
Intenté mirar su rostro, pero era imposible. Estaba difuso, como si algo hubiera pasado una y otra vez sobre aquella imagen hasta destruir sus detalles. Había líneas atravesándolo, manchas, partes completamente distorsionadas.
Entonces aparecieron más imágenes.
Todas estaban igual de dañadas.
Me vi desde arriba.
Estaba mirando a un hombre tendido en el suelo de lo que parecía ser una arena de combate. A mi alrededor había gradas repletas de personas, pero sus rostros tampoco podían distinguirse. El hombre frente a mí tenía el cabello rubio y unos ojos que mezclaban el azul con el verde.
Estaba cubierto de sangre.
Uno de sus brazos estaba roto en una dirección que ningún cuerpo debería soportar y una de sus piernas parecía gravemente dañada.
Lo reconocí.
"Altur..."
El nombre salió de mi boca antes de que pudiera pensarlo.
El Discípulo.
El mismo hombre con el que había peleado.
La imagen comenzó a deformarse.
Las gradas desaparecieron.
El suelo desapareció.
El cuerpo de Altur desapareció.
Todo se volvió negro.
Y después... Nada.
Mi cuerpo se levantó de golpe.
El movimiento fue tan brusco que inmediatamente sentí que todo a mi alrededor comenzaba a girar. Llevé una mano hacia mis sienes mientras cerraba los ojos con fuerza. Mis oídos zumbaban y durante unos segundos apenas pude distinguir lo que ocurría a mi alrededor.
"¿Qué demonios acaba de suceder...?"
Intenté respirar con calma, pero el mareo seguía ahí. Había algo que no terminaba de encajar. Las imágenes de aquel lugar destruido todavía parecían estar demasiado cerca, como si acabara de salir de allí. El fuego, aquella mano negra, la voz fría... Belloda... Altur...
Entonces comencé a escuchar voces.
Al principio eran apenas sonidos distantes, pero poco a poco fueron tomando forma. Alguien me estaba llamando.
"Aetherius."
Otra voz se unió.
"¡Aetherius!"
Parpadeé varias veces hasta que finalmente escuché una voz que reconocí de inmediato.
"Tranquilo, cariño. No te levantes tan rápido."
Abrí los ojos y encontré a mi madre frente a mí. Tenía una expresión preocupada mientras colocaba una mano sobre mi hombro para evitar que volviera a moverme.
"Acabas de recibir un golpe en la cabeza. No deberías levantarte de esa manera."
Me quedé mirándola sin comprender.
"¿Un golpe...?"
Mi madre suspiró ligeramente.
"Sí. Layra te golpeó durante el entrenamiento."
La respuesta hizo que varias imágenes regresaran a mi mente de golpe. La sala de entrenamiento. Layra. Mi arma de madera. La puerta del palco.
Y entonces recordé a las personas que había visto allí.
Max.
Viola.
Volter.
Amaranta.
Las gemelas.
Habían estado en la entrada cuando Layra me golpeó.
Miré alrededor, todavía algo confundido. Ya no estaba en la arena de entrenamiento. Me encontraba en una habitación tranquila, acostado sobre una cama. La iluminación era mucho más tenue y no había nadie más aparte de mi madre.
Me llevé una mano a la cabeza.
"¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?"
Mi madre se quedó observándome durante unos segundos antes de responder.
"Un par de horas."
Abrí los ojos un poco más.
"¿Un par de horas?"
"Sí."
Me quedé sentado, esta vez con más cuidado, mientras intentaba ordenar todo lo que había sucedido. El golpe de Layra explicaba por qué había perdido el conocimiento, pero no explicaba aquello que había visto mientras estaba inconsciente.
La voz.
La mano negra.
El nombre de Belloda.
Y aquella última imagen de Altur.
Todo había parecido demasiado real para ser simplemente un sueño.
Mi madre permaneció a mi lado mientras yo intentaba acostumbrarme nuevamente a la sensación de estar despierto. Todavía tenía un ligero zumbido en los oídos y la cabeza me pesaba, aunque ya no sentía aquel mareo tan intenso de los primeros segundos.
"Usé magia curativa contigo mientras estabas inconsciente", explicó mi madre. "La hinchazón ya se redujo bastante, pero no pude eliminar por completo el dolor. Es posible que tengas algunos dolores de cabeza durante las próximas horas."
Me llevé una mano hacia el lugar donde había recibido el golpe.
"Sí... todavía duele un poco."
"Es normal. El golpe fue bastante fuerte."
Hizo una pequeña pausa antes de continuar.
"Layra te trajo hasta aquí en sus brazos cuando se dieron cuenta de que te había dejado inconsciente. Estaba bastante preocupada."
La imagen de Layra cargándome después del entrenamiento me hizo suspirar. No podía culparla demasiado; todo había ocurrido porque me distraje al ver a los demás en la entrada.
Entonces recordé algo.
"Creo que vi a algunas personas."
Mi madre me miró con atención.
"¿Durante el entrenamiento?"
"No. Cuando estaba peleando con Layra... me pareció ver a algunos en la entrada."
Ella asintió.
"Sí. Eran Max y tus otros amigos."
"Entonces era verdad."
Me quedé unos segundos en silencio mientras intentaba recordar sus rostros.
"¿Qué hacen aquí? Se suponía que nos veríamos en la academia."
Mi madre sonrió ligeramente.
"Por lo que parece, no querían esperar hasta ese día."
Antes de poder responder, una punzada volvió a aparecer en mi cabeza. Cerré los ojos y llevé los dedos hacia mi sien.
Mi madre lo notó inmediatamente.
"Será mejor que te acuestes."
"Estoy bien."
"Acabas de pasar un par de horas inconsciente. Acuéstate."
No tuve mucho que discutir después de eso, así que volví a recostarme sobre la cama. Mi madre acomodó ligeramente la almohada detrás de mi cabeza antes de levantarse.
"Puedo llamar a los chicos si quieres."
Miré hacia ella.
"Está bien. Seguramente siguen esperando."
Mi madre asintió y caminó hacia la puerta.
"Entonces iré por ellos."
Cuando salió de la habitación, volví a mirar hacia el techo. La cabeza todavía me dolía un poco, pero esta vez intenté no pensar demasiado en ello. Si Max y los demás realmente seguían esperando afuera, probablemente no tardaría mucho en volver a verlos.
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N/A: Bandamax, se me están acabando las ideas para los títulos. Mi mente ya no está dando para tanto :'), así que, de vez en cuando, algunos capítulos tendrán título y otros no. Si ven algún capítulo sin uno, pues ya saben que simplemente no se me ocurrió cómo llamarlo, jajaja.
Por cierto, acuérdense de pasarse por mi TikTok para escuchar las canciones que he hecho sobre la historia. Además, recientemente también he estado creando los diseños visuales de algunos personajes para que puedan conocer mejor sus apariencias.
Quiero aclarar que estos diseños visuales han sido creados con ayuda de la inteligencia artificial. Sin embargo, tanto las características físicas como los conceptos originales de los personajes son completamente míos. La IA simplemente me ha servido como una herramienta para darles forma visual y acercarlos lo más posible a cómo los imagino.
Espero que el uso de esta herramienta no les resulte desagradable, ofensivo o molesto. Mi intención es únicamente poder compartir con ustedes una representación de los personajes que llevo tanto tiempo imaginando y darles la oportunidad de conocerlos más allá de las palabras.
¡Muchas gracias por seguir acompañándome en esta historia!
—DarkLeaves.
