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Chapter 23 - Capítulo 21: El Latido de la Tierra y el Cáliz de Lava

​El Yggdrasil Errante se adentraba en el cinturón de fuego del Nuevo Mundo. El aire era denso, cargado de azufre y ceniza volcánica que teñía el cielo de un naranja apocalíptico. A sus 17 años, Malfurion Stormrage se mantenía firme en la proa. Su piel esmeralda había desarrollado vetas de color obsidiana, resultado de su entrenamiento de endurecimiento en Wano. Con sus 3.50 metros, proyectaba una sombra imponente sobre la cubierta, una sombra que parecía tener vida propia gracias a la energía que emanaba de su cuerpo.

​— La tierra está gritando, Linlin —dijo Malfurion, cerrando los ojos. Sus raíces se extendían por el casco del barco, sumergiéndose en el agua hirviente para tocar el lecho marino—. Bajo este volcán submarino, algo está rompiendo el equilibrio. No es solo magma... es una vibración que resuena con el espacio mismo.

​Charlotte Linlin se encontraba a su lado, sosteniendo a Napoleón, cuya hoja vibraba con anticipación. Su estatura y su fuerza habían alcanzado un punto de no retorno; ya no era una humana, era una fuerza de la naturaleza.

— Siento el miedo de las rocas, Malfurion. El alma de este volcán está a punto de estallar. Si la Gura Gura no Mi está ahí dentro, debemos sacarla antes de que la presión la envíe al fondo del abismo.

​El Descenso al Corazón del Infierno

​Malfurion no dudó. No podían esperar a que el volcán se apagara.

— Mori Mori no Mi: Armadura de Loto Incandescente.

​Malfurion recubrió su cuerpo con una corteza especial que había desarrollado en las cuevas térmicas de Wano. Era una madera roja, saturada de resina ignífuga y endurecida con un Ryou tan denso que el calor no podía penetrarla. Saltó del barco directamente hacia la ladera del volcán que emergía del mar.

​Al entrar en la caldera, el espectáculo era dantesco. Ríos de lava corrían como venas de un titán furioso. En el centro, sobre una columna de piedra negra que se tambaleaba por los sismos constantes, brillaba la Gura Gura no Mi. La fruta, con sus patrones de ondas blancas, parecía estar provocando los mismos terremotos que amenazaban con destruirla.

​La Batalla contra el Elemento

​De repente, el volcán tuvo una pre-erupción. Una explosión de lava se dirigió directamente hacia Malfurion. En el pasado, esto lo habría matado, pero ahora era un aspirante a Dios.

​— ¡Ryou: Escudo de Raíces Celestiales! —gritó Malfurion.

​Extendió su mano y, sin tocar la lava, creó una onda de choque de Haki que desvió el magma hacia los lados. Al mismo tiempo, hizo brotar raíces de madera de Adam desde sus pies, que se clavaron en la roca fundida, absorbiendo el calor y transmutándolo en energía vital.

​Malfurion caminó sobre la lava, sus pasos dejando huellas de ceniza endurecida. Sin embargo, la Gura Gura no quería ser tomada. Cada vez que Malfurion se acercaba, la fruta emitía una onda de choque que agrietaba sus huesos y hacía sangrar sus oídos.

​— ¡Es terca, Malfurion! —gritó Linlin desde la orilla, usando su Soru Soru no Mi para dar vida a las nubes de ceniza, creando Hominas de humo que intentaban estabilizar el aire—. ¡Tienes que dominar su vibración con tu propio pulso!

​El Nacimiento de la Séptima Joya

​Malfurion se concentró. Recordó las enseñanzas de Wano: el flujo. No intentó luchar contra el terremoto; intentó armonizar su Mori Mori con él. Sus raíces rodearon la fruta, no para agarrarla, sino para envolverla en una red de vida que amortiguara sus vibraciones.

​— Mori Mori no Mi: Capullo de Armonía Telúrica.

​Con un esfuerzo sobrehumano que hizo que sus músculos se desgarraran y se regeneraran en segundos, Malfurion arrancó la fruta de su pedestal justo cuando el volcán entraba en erupción total. El cielo se oscureció y la isla comenzó a hundirse. Malfurion saltó al vacío, siendo recogido en el aire por Prometeo, quien lo llevó de vuelta al barco.

​El Regreso al Yggdrasil

​Ya en cubierta, Malfurion cayó de rodillas, exhausto pero con una sonrisa de triunfo. En su mano, envuelta en raíces que aún humeaban, estaba la Gura Gura no Mi.

​— Siete —dijo Linlin, sus ojos brillando con una ambición divina—. Arena, Humo, Rayo, Luz, Magma, Oscuridad... y ahora, el Terremoto.

​Malfurion se puso de pie, recuperando su estatura de 3.50 metros. Miró a Linlin y luego a su tripulación, seres que ellos mismos habían rescatado y que ahora los veían como salvadores.

— Ya no somos solo soberanos de una isla, Linlin. Estamos recolectando los fragmentos del poder que los dioses olvidaron. Con cada fruta, nuestra sangre se aleja más de lo mortal.

​Malfurion guardó la fruta en el cofre real, junto a las demás.

— El mundo pronto sabrá que los Stormrage no mueren, no envejecen y no perdonan. Estamos creando un Reino de Dioses, y esta fruta será el martillo con el que romperemos las cadenas del destino.

​El capítulo termina con el Yggdrasil Errante alejándose de la erupción, navegando hacia las sombras del Nuevo Mundo. Malfurion siente que su cuerpo ha cambiado; el contacto con la Gura Gura ha despertado una nueva afinidad en su madera. Ya no solo crea vida, ahora siente que puede hacer que la vida misma vibre con la fuerza de un seísmo.

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