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Chapter 5 - Capítulo 5: La Compresión de los Dioses y el Bautismo de Fuego

​El "Yggdrasil Errante" surcaba las aguas del Nuevo Mundo con una elegancia que ningún barco de acero y madera convencional podría igualar. Bajo sus pies, Malfurion sentía la vibración de las corrientes marinas a través de las raíces que se extendían por el casco vivo. A su lado, Charlotte Linlin observaba el horizonte. Ambos habían crecido físicamente a un ritmo alarmante debido a su dieta de nutrientes concentrados, pero eso planteaba un problema: el espacio.

​Linlin ya superaba los seis metros, y Malfurion, aunque más estilizado, empezaba a alcanzar dimensiones que dificultarían su entrada en cualquier palacio humano.

​— Linlin, mírame —dijo Malfurion. Se encontraba en el centro de la cubierta, rodeado de un aura verde esmeralda que hacía que la hierba del barco se erizara—. Nuestra fuerza no debe ser una carga. Un Dios no se adapta al mundo; el Dios adapta su propio ser.

​Malfurion cerró los ojos, concentrándose en la Mori Mori no Mi. No estaba creando plantas; estaba enviando señales a sus propias células. Usando la capacidad de las plantas para comprimir energía en semillas y luego expandirse, Malfurion aplicó el concepto a su propia anatomía. Sus músculos empezaron a vibrar, sus huesos emitieron un sonido como de ramas doblándose bajo una presión inmensa.

​Ante los ojos asombrados de los huérfanos y de una Madre Carmel que observaba con su habitual mirada vacía, el cuerpo de Malfurion comenzó a reducirse. La densidad de sus músculos aumentó de forma exponencial; lo que perdía en volumen, lo ganaba en dureza. En pocos segundos, su estatura se estabilizó en unos imponentes 3.50 metros. Seguía siendo un gigante para un humano normal, pero ahora poseía una proporción atlética perfecta, capaz de moverse con una velocidad que la física convencional no debería permitir.

​— Es tu turno, Linlin. Siente la savia que te di. Imagina que tu cuerpo es un capullo de flor que se cierra para proteger su tesoro —instruyó él.

​Linlin, que confiaba ciegamente en Malfurion, imitó el proceso. Su cuerpo de seis metros se estremeció. El "Acero Rosa" de su piel se volvió aún más denso, sus huesos se compactaron con un estruendo metálico hasta que ella también alcanzó los 3.50 metros. Se miró las manos, ahora más proporcionadas pero cargadas con una potencia destructiva mil veces mayor.

​— ¡Me siento... más ligera, Malfurion! ¡Pero siento que puedo romper el mundo de un puñetazo! —exclamó ella, abrazándolo con una fuerza que habría pulverizado una montaña.

​— Esa es la Forma de Compresión Divina —explicó Malfurion, devolviendo el abrazo—. Úsala para caminar entre los hombres. Pero cuando necesites demostrar quién manda, deja que el bosque se expanda. Podrás alcanzar los diez, quince o veinte metros si así lo deseas.

​El Encuentro con la Flota de "Escolta"

​La paz del momento fue interrumpida por el sonido de un cañonazo de advertencia. En el horizonte, tres buques de guerra de la Marina, liderados por un Vicealmirante de la vieja guardia, se interponían en su camino. El Gobierno Mundial, a través de los informes de Carmel, quería "asegurarse" de que sus nuevos activos llegaran a una base segura para ser "evaluados".

​— Madre Carmel —dijo Malfurion, sin quitar la vista de los barcos enemigos—, dile al Vicealmirante que se retire. Dile que el Yggdrasil no acepta escoltas.

​Carmel habló a través del caracol comunicador, pero la respuesta fue arrogante. La Marina creía que se enfrentaba a dos niños prodigio y una monja, no a dos deidades en desarrollo.

​— Fuego de advertencia a los mástiles —ordenó el Vicealmirante desde su barco—. ¡Ríndanlos!

​Malfurion sonrió. Era el momento de mostrarle al mundo que la era de la obediencia había terminado.

​— Linlin —murmuró Malfurion—, muéstrales por qué el hierro se dobla ante nosotros. Pero no te expandas todavía. Probemos nuestra fuerza comprimida.

​Linlin saltó desde la proa del Yggdrasil. Sus pies impactaron contra el agua, pero no se hundió; Malfurion hizo brotar una plataforma de nenúfares gigantes instantáneos que servían de camino para ella. Con un solo salto, Linlin cruzó la distancia. Los marines abrieron fuego de mosquete, pero las balas rebotaban en su piel de 3.50 metros como si fueran granizos contra un tanque.

​De un solo puñetazo, Linlin golpeó el casco del primer buque de guerra. Al estar comprimida, su fuerza se concentró en un punto tan pequeño que el barco no solo se rompió; explotó en pedazos de madera y metal.

​Mientras tanto, Malfurion permanecía en la cubierta del Yggdrasil. Levantó su mano hacia el cielo.

​— Bosque del Juicio: Espinas de Adam —susurró.

​Del fondo del mar, raíces colosales recubiertas de un acero orgánico negro brotaron bajo los otros dos barcos. Las raíces se enroscaron en los cascos, estrujándolos como si fueran cáscaras de huevo. El Vicealmirante, aterrorizado, vio cómo un niño de 3.50 metros con ojos verdes brillantes lo observaba desde la distancia.

​— ¡Malditos monstruos! —gritó el oficial, desenvainando su espada—. ¡El Gobierno Mundial los destruirá!

​— El Gobierno Mundial vive en una casa de papel, y yo soy el incendio —respondió Malfurion.

​En un parpadeo, Malfurion decidió probar la expansión. Sus músculos se hincharon, su estatura se disparó y en menos de tres segundos, un titán de doce metros se cernía sobre el barco del Vicealmirante. Malfurion simplemente sopló, y una ráfaga de polen paralizante dejó a toda la tripulación inconsciente antes de que las raíces hundieran el navío en el abismo.

​El Pacto del Nuevo Mundo

​Cuando el humo se disipó y los restos de la flota de la Marina flotaban como basura en el mar, Linlin regresó al Yggdrasil, recuperando su forma de 3.50 metros. Estaba radiante, sin un solo rasguño, con el cabello rosa ondeando triunfante.

​— Eso fue divertido, Malfurion —dijo ella, acercándose a él—. Pero tengo hambre.

​Malfurion, volviendo también a su tamaño de 3.50 metros para estar a su altura, le ofreció una de sus frutas especiales.

​— Come, mi reina. Hoy el mundo ha recibido un mensaje. Ya no somos huérfanos de Elbaf. Somos los soberanos del Yggdrasil.

​A lo lejos, oculto entre las nubes, un barco de reconocimiento con una bandera negra y una calavera con tres cráneos observaba la escena. Malfurion lo sintió a través de su Haki de Observación. Sabía que era un vigía de Rocks D. Xebec.

​— Parece que tenemos compañía, Linlin —dijo Malfurion con una sonrisa de lado—. Rocks ha visto nuestra exhibición. Pronto vendrá a buscarnos. Y cuando lo haga, le enseñaremos que el bosque no acepta dueños, solo aliados... por ahora.

​Malfurion se dio la vuelta y entró en los aposentos reales del barco, seguido por una Linlin que ya lo miraba no solo con amor, sino con el respeto que se le tiene a un Dios que camina entre los hombres. La Dinastía Stormrage había tenido su bautismo de sangre, y el mar nunca volvería a estar tranquilo.

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