El horizonte se tiñó de un gris ceniza cuando la isla de Hachinosu apareció ante ellos. No era una isla normal; era una colmena de caos, con una calavera gigante tallada en la roca central que parecía observar con cuencas vacías a todo aquel que osara acercarse. Para cualquier pirata, este era el cielo o el infierno. Para Malfurion Stormrage, de 6 años, era simplemente la mesa de negociaciones.
El "Yggdrasil Errante" atracó en el puerto principal, destacando entre los barcos negros y podridos de los demás piratas como un diamante en un vertedero. Malfurion caminaba por la cubierta, su físico de 3.50 metros irradiando una calma que ponía nerviosos a los veteranos que observaban desde el muelle. A su lado, Linlin, con la misma estatura y su cabello rosa ondeando como una bandera de guerra, sostenía una enorme pierna de Rey del Mar que devoraba con una elegancia salvaje.
— Huele a debilidad y a ron barato —comentó Malfurion, sus ojos verdes escaneando la multitud—. Linlin, mantén tu Haki bajo control. No queremos matar a los futuros subordinados antes de que firmen su contrato.
Bajaron por la pasarela de madera viva. Los piratas del puerto, hombres con cicatrices de mil batallas, se abrieron paso. Algunos se rieron al ver a dos "niños", pero la risa se les murió en la garganta cuando sintieron la presión atmosférica que emanaba de Malfurion. No era solo fuerza física; era la sensación de estar frente a una fuerza primordial de la naturaleza.
El Encuentro con la Oscuridad
En el centro de la plaza, rodeado de figuras que el mundo llegaría a temer —un joven Barbablanca con su cabello rubio, una Shiki con mirada de halcón—, se encontraba él: Rocks D. Xebec.
Rocks no era un hombre de gran estatura comparado con los gigantes, pero su aura era un incendio forestal. Sus ojos brillaban con una ambición que rayaba en la locura. Cuando vio a Malfurion y Linlin acercarse con paso firme, una sonrisa depredadora cruzó su rostro.
— Así que los rumores eran ciertos —dijo Rocks, su voz como el crujir de piedras—. Los "Niños Dioses" de Elbaf. Madre Carmel envió informes diciendo que eran armas del Gobierno, pero yo solo veo a dos pequeños que necesitan un capitán.
Linlin dio un paso adelante, sus ojos brillando con un rastro de Haki del Conquistador, pero Malfurion puso una mano suave pero firme en su hombro.
— No hemos venido a buscar un capitán, Rocks —dijo Malfurion. Su voz, profunda y calmada, silenció a toda la plaza—. Hemos venido a buscar un socio estratégico.
Barbablanca soltó una carcajada, apoyado en su Bisento.
— ¿Socio? Tienes valor, mocoso. Apenas te llega el ombligo a este hombre y ya hablas de socios.
Malfurion miró a Edward Newgate.
— El tamaño es relativo cuando tus huesos están hechos de la esencia del océano. Pero no he venido a pelear. He venido a ofrecer algo que ninguno de ustedes tiene.
El Elixir de la Alianza
Malfurion hizo un gesto con la mano. Del suelo de piedra de la plaza, para asombro de todos, brotaron raíces finas que en segundos formaron una mesa tallada. Sobre ella, colocó una pequeña vasija de cristal con el Jugo de la Vida que había extraído del Rey del Mar en el capítulo anterior.
— Ustedes pelean por oro y por fama —declaró Malfurion, mirando a Rocks a los ojos—. Pero vuestros cuerpos son mortales. Se cansan, envejecen y se rompen. Este elixir, destilado por mi poder, puede curar cualquier herida casi al instante y potenciar la densidad muscular de forma permanente.
Rocks se inclinó, intrigado.
— ¿Y qué quieres a cambio, pequeño arquitecto?
— Libertad de movimiento en tus territorios, información del Gobierno Mundial que tu red de espionaje posee, y que nadie toque mi barco —respondió Malfurion—. A cambio, la tripulación de Rocks tendrá acceso a suministros médicos que ni el mejor doctor del mundo podría soñar. Y Linlin y yo pelearemos bajo tu bandera en los eventos que nosotros consideremos... interesantes.
Rocks D. Xebec soltó una carcajada maníaca que hizo que el mar se agitara.
— ¡Interesante! Un niño que comercia con la vida misma. Bien, Malfurion Stormrage. Acepto. Pero recuerda esto: en este barco, el poder es la única ley. Si tu elixir falla, o si tu fuerza se debilita, te aplastaré.
— No te preocupes por mi fuerza, Rocks —respondió Malfurion, mientras su cuerpo empezaba a crecer levemente, alcanzando los cinco metros por un segundo para demostrar su control sobre su masa antes de volver a comprimirse—. Preocúpate de estar a la altura del futuro que voy a construir.
El Inicio de la Sombra
Esa noche, el "Yggdrasil Errante" se unió oficialmente a la flota de Rocks, pero como una entidad independiente. Malfurion y Linlin, de solo 6 años, se sentaron en el banquete de los piratas más peligrosos del mundo. Mientras los demás se emborrachaban, Malfurion observaba a cada uno de ellos, analizando sus debilidades a través de sus recuerdos de la obra original.
Linlin, por su parte, reía mientras competía en un duelo de fuerza con algunos miembros de la tripulación, ganándose su respeto a base de romperles los brazos con una facilidad aterradora.
— Esto es solo el principio, Linlin —susurró Malfurion mientras observaba las estrellas—. Rocks es el fuego que quemará el viejo mundo, pero nosotros somos el bosque que crecerá sobre sus cenizas.
Con la alianza sellada, Malfurion sabía que ahora tenía acceso a los recursos de Hachinosu. Empezaría a recolectar no solo frutas del diablo, sino los genes más fuertes para asegurar que cuando llegara el momento de tener a su primer hijo, este fuera el nacimiento de una familia de dioses
