Tera.
Un gran mundo repleto de lugares y criaturas y lugares extraordinarios.
Un mundo completamente distinto a todo lo que conocemos.
Donde habitan criaturas horripilantes, poderes extraños, milagros imposibles… y en medio de todo eso.
¿Humanos?
Zona Rocosa – Territorio Bárbaro
Una zona rocosa se extiende como un desierto de piedra sin fin. Grandes formaciones rocosas se alzan hacia el cielo como colmillos gigantes, erosionados por el tiempo o desenterrados de él propio suelo por fuerzas desconocidas. El suelo irregular, duro.
No hay vegetación.
No hay vida visible.
Solo silencio.
Un silencio denso, incómodo.
En medio de ese silencio , un pequeño grupo de personas avanza entre las rocas con cautela.
Varios hombres, todos con cuerpos entrenados y rostros ocultos tapados con un Shozoku cubierto por una armadura negra y oscura.
Avanzan con movimientos lentos y calculados.
?: (Así que esta es la zona prohibida,el lugar donde habitan los Bárbaros…)
Pienso mientras miro está zona Rocosa que se extiende infinitamente.
Mi nombre es Jesús III, príncipe del Gran Imperio Agus.
Actualmente formo parte de un grupo de reconocimiento comandado por Fruknis, nuestro comandante… y la mano derecha del mismísimo Emperador.
Mi padre.
Normalmente, los grupos de reconocimiento del Imperio están formados por solo tres miembros de élite, conocidos como Shidan , una orden militar de élite, forjada con los individuos más poderosos de él Imperio.
Esta vez éramos doce.
Fruknis, yo, y un escuadrón completo de diez Shidans
La misión principal de los Shidan es inspeccionar, advertir y, en muchos casos, detener los movimientos de los Bárbaros.
Bárbaros… ¿Pero que son los Bárbaros?
Los bárbaros son una de las formas de vida inteligente que habitan La Gran Zona Inexplorada.
En apariencia física son parecidos a nosotros: dos brazos, dos piernas, un rostro y cuerpo humano aunque su tamaño es superior al nuestro.
Pero ahí terminan las similitudes. Son una raza distinta a la nuestra, salvajes, brutales. Guerreros por naturaleza, con una cultura basada únicamente en la ley del más fuerte.
Donde la mantaza y la violencia es el día a día.
Durante siglos han permanecido dentro de su territorio sin mucho movimiento, pero hace unas décadas , eso cambió.
Cada vez , más grupos de Bárbaros han ido cruzando sus fronteras y se han ido moviendo peligrosamente a nuestras tierras.
Puede que no sean conocidos por su inteligencia, pero su fuerza…
No es algo de lo que reírse.
Por eso estamos aquí.
Nuestra verdadera misión es descubrir qué ha provocado este cambio. Averiguar por qué los Bárbaros están alterando su comportamiento, somos unos de los muchos grupos que han ido avanzando poco a poco, pero está vez estamos adentrándonos mucho más.
Hemos cruzado la vasta extensión del Gran Desierto y ahora nos encontrábamos en el territorio de uno de los seis clanes
principales de los Bárbaros.
Aun así, solo estamos en la zona exterior. Adentrandonos poco a poco.
De pronto,Fruknis levanta una mano.
Al mismo tiempo que hace la señal.
Nos detenemos al instante.
Sin decir una sola palabra, el escuadrón se dispersa. Cada uno toma una posición entre rocas, grietas y zonas elevadas, cubriendo distintos ángulos.
Sin hacer un solo ruido ni movimiento pasan unos minutos.
Entonces se escucha algo a la distancia.
Golpes.
Gritos.
Rugidos deformados por la distancia.
Poco a poco dos figuras aparecen entre las rocas.
El sonido de los impactos es brutal, seco, como si enormes masas de carne y hueso chocaran entre sí una y otra vez. Los gritos no son de dolor… son de furia.
Cuando se acercan lo suficiente, los veo con claridad.
Un hombre y una mujer.
Ambos visten ropas de cuero grueso, desgastadas, pero sorprendentemente bien trabajadas. Este dúo a diferencia de nosotros, son enormes, superando fácilmente los dos metros . Sus cuerpos están cubiertos de músculos tensos y de cicatrices, algunas antiguas, otras aún abiertas. La sangre corre libremente por sus cuerpos y empapa la roca bajo sus pies.
Sus ojos están completamente rojos.
No distingo pupilas, solo un rojo intenso, salvaje. Ambos sonríen mientras se atacan, sonrisas amplias y retorcidas, como si esta pelea fuera el mayor de los placeres.
Es una escena de locura pura.
Mientras pelean una extraña aura rodea sus cuerpos. Es densa y viscosa, aheriendose a su cuerpo como humo líquido. Su color es azul claro, y se arremolina a su alrededor, reforzando cada golpe, cada movimiento, tanto en ataque como en defensa.
Sus heridas no parecen importarles.
Pero tampoco luchan de forma imprudente.
Cada ataque es preciso, instintivo, peleando de una forma salvaje pero única de algún modo.
Es impresionante ver los instintos de pelea de estos salvajes, es formidable que peleen así sin ninguna formación.
La pelea entra en su tramo final sin que ninguno retroceda.
Luego de separarse momentáneamente,la mujer ataca primero, se lanza con un rugido y descarga una serie de golpes directos al torso del hombre.
Se escucha el crujir de huesos , pero él otro salvaje no se detiene. Responde con un cabezazo brutal que abre la frente de la salvaje, la sangre brota y le cubre parte del rostro, pero ella continúa, incluso mientras escupe sangre.
Se golpean a quemarropa.
Puños, codos, rodillas.
Carne contra carne.
Hueso contra hueso.
Pequeñas hondas expansivas se escuchan, haciendo un sonido tosco y penetrante.
El salvaje agitando su mano que debido a esa aura azul a dado forma a una especie de garra, la clava en el costado de la mujer y arrancando un trozo de carne al retirarla.
Ella lanza un grito de furia,y penetra con sus ojos teñidos en sangre al hombre, devolviéndole el ataque hundiéndole el pulgar en un ojo.
El hombre ruge, tambalea… pero no cae.
La mujer intenta rematarlo.
Carga con todo su peso, envuelta en esa aura azul viscosa, buscando derribarlo. Por un instante parece que lo logra, pero el hombre gira el cuerpo en el último segundo, aprovecha el impulso y la estampa contra el suelo con una fuerza monstruosa. La roca no se rompe, pero el impacto sacude el aire.
La mujer intenta levantarse.
Pero el hombre pisa su pecho, se escucha cómo las costillas ceden, una tras otra. Ella trata de morderle la pierna, de arañar, de alcanzar algo, lo que sea… pero sus movimientos se vuelven torpes, desesperados.
Entonces él sube el pie.
Lo apoya sobre su cabeza.
La mujer lo mira, con una mirada desafiante.
Y sin dudarlo, él aplasta su cráneo contra la roca.
El cráneo se hunde con un sonido seco y final.
El combate a concluido.
El hombre queda gravemente herido, respirando con dificultad… y entonces lanza un rugido triunfal.
Para terminar tirándose en el suelo mientras una risa frenética, descontrolada, llena de satisfacción comienza a salir de él.
Mientras tanto, Fruknis no deja de observar.
Sus manos se mueven lentamente detrás de su espalda, haciendo señales .
Rodear al enemigo.
Poco a poco, cerramos la distancia.
El Bárbaro sigue riendo, ajeno a nuestra presencia, sin saber que ya está atrapado.
La caza acaba de comenzar.
