POV T'Chaka
Las vistas desde la sala del trono siempre habían tenido cierta capacidad para silenciar mi mente.
Montañas que se extendían hasta perderse en el horizonte, cubiertas por una vegetación tan viva que desde aquella altura parecía formar un océano verde.
Más allá, las construcciones de Wakanda se alzaban entre la naturaleza, mezclando tradición y tecnología de una manera que ningún otro lugar en el mundo podría imitar.
Mi hogar, mi reino, el legado que tantos antes que yo habían protegido con su vida.
Me encontraba de pie frente al enorme ventanal, con ambas manos detrás de la espalda, observando aquellas tierras mientras mi mente permanecía muy lejos de ellas.
Hunter y sus palabras regresaban una y otra vez a mis pensamientos, sus advertencias, sus sospechas y, sobre todo, mi negativa a escucharlas.
Suspiré lentamente.
No soy un hombre conocido por mostrar clemencia, ni tampoco alguien al que le sobre paciencia. Durante toda mi vida aprendí que un rey no puede darse el lujo de dudar cuando la seguridad de su pueblo está en juego.
Y aun así... había dudado cuando no debía hacerlo.
Hunter me había hablado de los atlantes mucho antes de que la situación llegara a este punto. Me había advertido sobre sus movimientos, sobre ciertos ataques realizados por habitantes de las profundidades y, sobre todo, acerca de algo que él insistía en llamar el "plan de Namor".
Yo había desestimado sus sospechas, no porque desconfiara de las capacidades de Hunter, sino porque no existían pruebas.
Los ataques habían sido pequeños, aislados. Incidentes que podían explicarse de muchas maneras antes de asumir que Atlantis estaba preparando algo contra nosotros.
O al menos eso había querido creer.
Wakanda había permanecido a la defensiva desde mucho antes de que estas tierras recibieran un nombre.
Nuestros antepasados comprendieron algo que el resto del mundo tardaría milenios en aprender: la mejor manera de sobrevivir era permanecer ocultos, observar, prepararse y atacar únicamente cuando fuera necesario.
El pacto de no agresión con el pueblo de las profundidades era incluso más antiguo que muchas de nuestras tradiciones.
Un acuerdo sagrado entre dos pueblos ocultos del resto del mundo, separados por tierra y océano, que entendían perfectamente las consecuencias que tendría una guerra entre ambos.
Creí que aquello bastaría.
Creí que siempre seguiría siendo así...
Qué pensamiento tan ingenuo.
Cerré los ojos y las palabras de Hunter regresaron con una claridad que me incomodaba.
-Si esperamos y dejamos que ellos ataquen primero, entonces lo perderemos todo.
Hunter se encontraba frente a mí aquel día, serio e inflexible, como siempre que hablaba de una amenaza para Wakanda.
-No tienen tanto vibranium como nosotros, pero no pueden ser subestimados. Si existe algo que amenace Wakanda, Atlantis es quien más peligro representa para nosotros.
-Entonces, ¿Qué sugieres? *le pregunté.
Hunter ni siquiera dudó.
-Sé que has hecho que tus científicos trabajen en un explosivo sumamente poderoso, algo similar a una bomba nuclear.
Mis ojos se endurecieron inmediatamente.
-Sé que incluso hiciste que Shuri trabajara en partes del proyecto sin decirle para qué serían utilizadas.
-Muchacho
-Dame una.
Fruncí el ceño.
-¿Qué?
-Una sola carga *respondió* Eso es todo lo que necesito.
Lo observé durante varios segundos.
Hunter sostuvo mi mirada.
-La llevaré hasta Atlantis.
Sentí cómo mi expresión cambiaba.
-La dejaré en el centro de su poder, donde se encuentren sus fuerzas, sus armas y aquellos capaces de liderar un ataque contra nosotros.
-Hunter...
-Entonces arrasaré con todo.
No había duda alguna en su voz, ni culpa o miedo.
-Nunca más tendremos que preocuparnos por ellos.
Abrí los ojos y las montañas de Wakanda volvieron a aparecer frente a mí.
Durante mucho tiempo pensé que negarme había sido la decisión correcta. Quizás todavía lo fuera, pero ahora una parte de mí se preguntaba qué habría ocurrido si simplemente le hubiera entregado aquella carga.
Tal vez habría sido mejor dársela a Hunter.
Mucho mejor que entregársela a mi propio hijo.
Mi mandíbula se tensó.
T'Challa se había convertido en un gran hombre, mucho mejor de lo que alguna vez esperé. Inteligente, fuerte, compasivo y con ideales claros sobre la clase de rey en la que deseaba convertirse algún día.
Un rey que traería una nueva era a Wakanda.
Precisamente por eso conocía el conflicto que aquella misión había provocado en él.
T'Challa no era Hunter, nunca lo sería.
Hunter podía recibir una orden terrible y cumplirla sin mirar atrás si consideraba que aquello protegía a Wakanda. Mi hijo, por otro lado, necesitaba preguntarse si existía otra manera, si podía salvar a alguien, si todavía quedaba espacio para la misericordia.
Y yo le había colocado en las manos algo que no permitía ninguna de esas cosas.
Un arma creada únicamente para destruir.
Cerré los ojos nuevamente.
Quizás había cometido otro error.
Antes de que pudiera continuar con aquel pensamiento, un fuerte ruido proveniente del exterior de la sala del trono hizo que abriera los ojos de golpe.
BANG
Fruncí el ceño.
Las dos Dora Milaje que permanecían custodiándome reaccionaron inmediatamente. Sus cuerpos se tensaron mientras ajustaban el agarre sobre sus lanzas y avanzaban varios pasos, colocándose a una distancia prudente frente a mí.
Otro golpe resonó al otro lado de las enormes puertas.
BANG
Esta vez estuvo acompañado por movimientos bruscos, algo chocando contra una pared, voces y una discusión que no lograba comprender desde nuestra posición.
Entonces la puerta se abrió de golpe.
BANG
Uno de los soldados encargados de custodiar el pasillo atravesó la entrada violentamente, golpeando contra el suelo del enorme salón antes de deslizarse varios metros sobre la superficie pulida.
Las Dora Milaje levantaron sus lanzas al instante.
Yo no me moví.
Había reconocido al hombre que apareció detrás de él.
Entró caminando con tranquilidad, acompañado por otros cuatro miembros de su tribu. Hombres grandes, cubiertos con pieles, armaduras pesadas y armas tradicionales, avanzaban detrás de su líder como si aquella sala ya les perteneciera.
-M'Baku *dije con firmeza.
Su sonrisa se ensanchó.
-¿Observas las tierras que pronto dejarán de pertenecerte?
El soldado que había sido arrojado al interior consiguió incorporarse con dificultad antes de arrodillarse frente a mí.
-Mi rey, perdóneme. Intentamos detenerlos, pero ellos...
-No tienes nada por lo que disculparte.
El hombre levantó ligeramente la cabeza mientras yo mantenía mis ojos puestos sobre M'Baku.
-Después de todo, cualquier wakandiano puede presentarse ante su rey y reclamar un duelo por la corona cuando considere que tiene derecho a ella.
La sonrisa de M'Baku se ensanchó.
-Al menos recuerdas nuestras tradiciones. Por un momento pensé que, entre tanta ostentación, juguetes brillantes y tecnología, habrías olvidado por completo nuestras raíces.
Los hombres detrás de él soltaron algunas risas. Las Dora no parecieron encontrarlo divertido.
Yo sí.
Una pequeña sonrisa apareció en mi rostro.
-Agradezco profundamente tu preocupación por tu rey, M'Baku.
Él arqueó una ceja.
-Como muestra de gratitud, me aseguraré de que un gran cargamento de bananas llegue personalmente hasta las tierras Jabari.
Algunos de sus hombres dejaron de sonreír.
-Junto a tu cadáver.
Mi sonrisa desapareció mientras la suya permanecía exactamente igual.
Durante algunos segundos ninguno de los dos dijo nada.
Entonces M'Baku comenzó a quitarse las pieles que cubrían sus hombros, seguidas por varias piezas de su armadura y su máscara. Sus acompañantes recibieron cada una mientras él continuaba avanzando hacia el centro de la sala.
Finalmente quedó únicamente con una prenda ajustada alrededor del torso y otra cubriendo la parte inferior de su cuerpo.
Fue entonces cuando su pierna derecha quedó completamente visible.
O lo que quedaba de ella.
Desde debajo de la rodilla comenzaba una prótesis construida con tecnología wakandiana. Vibranium, articulaciones artificiales y sensores se combinaban en una obra que nuestros médicos consideraban extraordinaria.
M'Baku, sin embargo, la miraba como si se tratara de una cadena.
-Todos los días escupo sobre esta atrocidad que me obligas a cargar, T'Chaka.
Golpeó la prótesis con su puño.
CLANK
Levanté una ceja.
-¿Preferirías una de madera?
-Sí, un palo serviría mejor.
Hubo algunos murmullos detrás de él.
M'Baku levantó una mano y señaló lentamente alrededor del salón, recorriendo con sus ojos las luces y los sistemas tecnológicos integrados entre las antiguas decoraciones wakandianas.
-Todo esto... toda esta tecnología. Todos estos avances. Cada máquina que construimos para hacer lo que nuestros cuerpos deberían ser capaces de hacer por sí mismos.
Volvió a mirarme.
-No hacen más que debilitarnos.
-Entonces eres libre de luchar con una sola pierna.
La voz femenina llegó desde uno de los accesos laterales.
Ramonda entró al salón acompañada por otras dos Dora Milaje. Su expresión era mucho menos paciente que la mía y la mirada que dirigía hacia M'Baku dejaba bastante claro que jamás había ocultado lo poco que le agradaba.
M'Baku giró ligeramente la cabeza.
-Mi Reina.
-Jabari.
Ella lo observó de arriba abajo.
-Si tanto desprecias aquello que te permite caminar, nadie te obliga a utilizarlo.
No pude evitar sonreír.
Había un pequeño detalle que Ramonda desconocía.
-No es posible *respondió M'Baku.
Ramonda frunció el ceño, pero hablé antes de que pudiera preguntar.
-Esa pierna fue parte de su castigo por desafiarme.
Yo recordaba perfectamente aquel día, así como lo cerca que había estado de matarlo.
-Por lo tanto, no puede quitársela mientras yo continúe siendo rey.
-Y ese castigo termina hoy.
M'Baku dio varios pasos hacia mí.
Sus hombres golpearon inmediatamente la base de sus lanzas contra el suelo.
THUMP
THUMP
THUMP
Pero antes de que pudieran comenzar con su cántico, un sonido completamente diferente inundó la sala.
Las luces del salón cambiaron inmediatamente.
Una alarma.
-Ataque inminente. Ataque inminente.
Todos dejamos de movernos.
La voz automatizada resonó por cada rincón del palacio.
-Se detectan múltiples fuerzas hostiles avanzando sobre las costas de Wakanda. Movimientos anómalos de agua detectados. El nivel marítimo continúa aumentando.
Frente a nosotros, varios paneles de emergencia comenzaron a activarse.
-Enormes masas de agua se aproximan a poblaciones costeras. Evacuación inmediata recomendada.
M'Baku cerró los puños y tensó la mandíbula.
-¿Se atreven a interrumpir este sagrado acto?
Giró la cabeza hacia las ventanas, como si pudiera ver desde allí a quien fuera responsable.
-En verdad buscan la muerte desesperadamente.
Lo observé durante un segundo.
-Tendrás que esperar.
-Lo sé *respondió con evidente molestia.
Retrocedió y sus hombres se acercaron inmediatamente para comenzar a colocar nuevamente sobre él las prendas y piezas de armadura que acababa de quitarse.
No protestó.
No hacía falta explicar nada. Las rivalidades internas de Wakanda podían esperar.
Un enemigo extranjero, no.
-Informe *ordené.
Un enorme holograma se proyectó frente a nosotros.
Ramonda se acercó hasta quedar a mi lado, mientras M'Baku, ya casi completamente vestido, hizo lo mismo desde el otro extremo.
Las imágenes aparecieron y durante algunos segundos nadie habló.
Agua.
Eso era lo primero que podía verse.
Cantidades absurdas de agua.
Enormes olas avanzaban sobre nuestras costas, arrastrándose tierra adentro con una fuerza que ningún fenómeno natural debería poseer. Pueblos enteros estaban siendo cubiertos y edificios desaparecían bajo las corrientes mientras las personas corrían hacia las zonas elevadas, ayudadas por nuestras fuerzas de evacuación.
Pero las olas no venían solas.
Miles de figuras avanzaban dentro de ellas.
Guerreros atlantes.
Nadaban entre las corrientes a velocidades que pocos vehículos podrían alcanzar, cubiertos con armaduras y empuñando extrañas armas.
Nuestros soldados ya habían entrado en combate. Disparos de energía atravesaban la pantalla mientras las fuerzas wakandianas formaban líneas defensivas sobre los puntos que todavía permanecían secos, intentando contener a los atlantes que continuaban avanzando desde el agua.
Estábamos luchando en nuestro propio territorio y ellos estaban convirtiéndolo poco a poco en el suyo.
-El agua está dificultando el movimiento de las unidades terrestres *informó una voz desde el sistema* Varias divisiones han solicitado apoyo aéreo.
Las imágenes cambiaron.
Transportes wakandianos descendían sobre las zonas inundadas, extrayendo civiles mientras otras naves abrían fuego contra las tropas atlantes.
Una de nuestras aeronaves de combate pasó sobre una formación enemiga y sus armas se encendieron.
Varios disparos impactaron contra las fuerzas invasoras.
Los atlantes respondieron inmediatamente, descargando sus armas contra el casco de la aeronave, pero la estructura de vibranium resistió sin mayores inconvenientes.
Otra nave apareció detrás, seguida rápidamente por una más.
Nuestras fuerzas aéreas comenzaron a contener el avance y, por primera vez desde que comenzó la transmisión, algunos de los soldados atlantes empezaron a retroceder.
-Bien *murmuró Ramonda.
Entonces ocurrió.
Una de las señales desapareció y la imagen correspondiente a una de nuestras naves quedó en negro.
-CONEXIÓN PERDIDA.
Fruncí el ceño.
Otra desapareció.
-CONEXIÓN PERDIDA.
Después una tercera.
Una cuarta.
Una quinta.
En cuestión de segundos perdimos contacto con todas las aeronaves de aquel sector y la zona del holograma quedó cubierta por indicadores rojos.
-¿Qué ocurrió? *preguntó Ramonda.
-Nuestras unidades fueron destruidas.
-¿Por qué?
-No se ha podido determinar.
Ramonda levantó una mano.
-Dame las grabaciones de las últimas unidades.
El holograma respondió reproduciendo frente a nosotros imágenes provenientes de la última transmisión de una de las naves.
Disparos, agua, atlantes.
Nada fuera de lo esperado. Hasta que la imagen se sacudió violentamente.
-Detén el video.
La grabación se congeló.
Ramonda entrecerró los ojos.
-Retrocede.
La imagen comenzó a avanzar hacia atrás.
-Más.
Siguió retrocediendo.
-Ahí.
Un fotograma apareció frente a nosotros. Apenas podía distinguirse una pequeña figura en medio del caos.
Ramonda movió los dedos y amplió la imagen.
Se volvió borrosa.
-Compensa la pérdida de resolución.
El sistema procesó la grabación.
Poco a poco la figura se hizo más clara.
Un hombre suspendido en el aire sobre el campo de batalla. Un tridente acababa de abandonar su mano y pequeñas alas sobresalían de sus tobillos.
-Namor... *susurré.
La sala quedó en silencio.
Ramonda me miró durante un segundo antes de volver inmediatamente la vista hacia la imagen.
-Si él está aquí, entonces T'Challa y Shuri...
-No significa nada *la interrumpí.
Ramonda giró hacia mí.
Mantuve los ojos clavados sobre el holograma. No podía permitirme pensar en eso, todavía no.
-Confía en nuestros hijos.
Mi voz salió más firme de lo que me sentía.
Yo debía confiar en ellos.
Ramonda también.
Señalé las imágenes de nuestras tierras inundadas.
-Tenemos que encargarnos primero del problema que tenemos enfrente.
Ramonda permaneció observándome durante unos segundos antes de asentir.
-Comenzaremos el despliegue inmediato de todas nuestras fuerzas.
Las imágenes del holograma cambiaron mientras distintas zonas de Wakanda comenzaban a marcarse frente a nosotros.
-Formaremos líneas defensivas en cada sector que todavía permanezca bajo nuestro control. Envíen vehículos especializados para evacuar a los civiles de las zonas inundadas.
Varias rutas aparecieron sobre el mapa.
-Preparen todas las naves de combate disponibles. Quiero refuerzos enviados inmediatamente hacia cada sector que todavía continúe transmitiendo informes.
Las órdenes comenzaron a enviarse. Unidades, rutas de evacuación, escuadrones aéreos y reservas comenzaron a movilizarse por todo el territorio.
-No esperarás que nos quedemos detrás de las líneas defensivas, ¿cierto?
Giré la cabeza.
M'Baku me observaba con evidente sospecha mientras sus hombres terminaban de colocar nuevamente su armadura.
-No.
Su expresión cambió ligeramente.
-Toma a tus hombres y suban a las aeronaves. Podrán proporcionar apoyo a nuestras fuerzas y ayudar a contener el avance enemigo.
Una sonrisa apareció inmediatamente en su rostro.
-Sí.
Ajustó una de las correas de su armadura.
-Eso suena mucho mejor.
Negué ligeramente con la cabeza.
Incluso con Atlantis invadiendo nuestras tierras, aquel hombre seguía pensando como un Jabari.
M'Baku extendió una mano hacia mí.
-Por un gran combate *dijo.
Bufé levemente antes de extender también la mía.
-Por un gran combate.
Nuestros brazos se estrecharon.
Durante un segundo pensé que aquello era todo.
Intenté retirar mi mano.
M'Baku no me dejó.
Fruncí el ceño y nuestros ojos se cruzaron.
Había algo diferente en su mirada, algo que no había visto desde que entró en la sala.
-M'Baku...?
Me atrajo violentamente hacia él.
Todo ocurrió en un instante.
Dio un paso hacia adelante mientras su mano libre descendía hacia su cintura.
Vi el brillo de una daga.
Y después sentí el impacto contra mi abdomen.
Mi respiración se cortó.
-T'CHAKA! *gritó Ramonda.
Las Dora Milaje reaccionaron inmediatamente, lanzándose sobre M'Baku, pero los cuatro Jabari se movieron al mismo tiempo.
CLANG
Las lanzas chocaron.
Una Dora fue obligada a retroceder mientras la otra intentó rodearlos, pero dos de los hombres de M'Baku bloquearon su avance.
Todo el salón explotó en movimiento. Gritos, metal golpeando contra metal y guardias corriendo desde los pasillos se mezclaron a mi alrededor.
Yo apenas podía escuchar nada de eso.
Mis ojos permanecían clavados en M'Baku, quien todavía sostenía mi mano.
-¿Qué... crees que estás haciendo? *pregunté con dificultad.
M'Baku me observó.
Su sonrisa había desaparecido. No había orgullo ni satisfacción en su rostro, tampoco aquella furia que siempre parecía acompañarlo.
Solo una mirada extrañamente vacía.
-Salvo Wakanda.
====
POV LEGIÓN
El interior de la bóveda volvió a temblar, esta vez con suficiente fuerza como para que algunas partículas se desprendieran del techo y cayeran lentamente a nuestro alrededor.
Miré hacia Shuri.
Ella también me observó durante un segundo antes de asentir.
-Ve.
-¿Segura?
-Sí. Aquí ya está todo controlado y tengo el chip *respondió mientras levantaba ligeramente el pequeño dispositivo* Me comunicaré con casa y luego iré detrás de ti.
Miré rápidamente alrededor.
Orka continuaba completamente aprisionado dentro de la espuma, incapaz de moverse, mientras los bárbaros que lo habían acompañado permanecían esparcidos por la bóveda. Algunos estaban inconscientes y otros apenas conseguían moverse después de los golpes que habían recibido durante el combate, especialmente por el cohete.
-Bien.
Metí una mano en uno de los compartimentos de mi traje y saqué un pequeño spray antes de entregárselo.
-Ten cuidado. Y aplica esto a los que fueron alcanzados cuando disparé el cohete contra Orka.
Shuri tomó el recipiente y lo examinó rápidamente.
-¿En serio? ¿En esta situación te preocupas por...?
BOOM
Los dos levantamos la vista.
-Sí... creo que es mejor que vayas ahora *mencionó Shuri.
-Nos vemos afuera.
Los motores de mi traje aumentaron rápidamente de potencia y, con un fuerte impulso, abandoné la bóveda para comenzar mi camino a través de los pasillos.
Mientras más me acercaba a la salida, peor se volvía todo. Al principio solamente eran vibraciones ocasionales, pero no pasó mucho tiempo antes de que comenzara a escuchar explosiones, gritos, disparos y el inconfundible choque de armas golpeándose entre sí.
Definitivamente aquello ya no era solamente un pequeño problema en el exterior.
-SID, ¿Qué mierda está pasando?
-Señor, se ha producido un ataque masivo sobre la ciudad.
Fruncí el ceño mientras doblaba por otro corredor.
-Define "masivo".
-Las fuerzas pertenecientes a Attuma están atacando desde múltiples sectores. Las estimaciones actuales indican varios miles de combatientes intentando ingresar a la ciudad.
-Genial.
Aumenté todavía más la potencia de los propulsores.
-Además, existen numerosos reportes de fuerzas hostiles dentro del perímetro defensivo.
-¿Dentro?
-Afirmativo. Todo indica que una gran cantidad de atacantes se infiltraron previamente y comenzaron sus ofensivas al mismo tiempo que las fuerzas externas.
Una explosión retumbó a lo lejos.
BOOM
Las luces del pasillo parpadearon.
-Entonces no es solo un asedio.
-No, señor. Parece tratarse de un ataque coordinado. Las fuerzas externas mantienen ocupadas las defensas mientras grupos infiltrados atacan desde el interior.
-Asedio y guerrilla al mismo tiempo *murmuré* Alguien en serio se preocupó porque todo saliera bien.
Continué avanzando durante algunos minutos hasta que finalmente llegué a una de las salidas.
Y vaya panorama.
Soldados atlantes nadaban en diferentes direcciones tratando de reorganizarse, vehículos atravesaban el agua a toda velocidad y enormes criaturas marinas se desplazaban entre las estructuras de la ciudad.
A la distancia podían verse constantemente destellos de energía, explosiones, disparos láser y grupos de combatientes enfrentándose en distintos sectores. Algunas construcciones ya mostraban claros daños provocados por el combate.
-Parece entretenido.
Rodé los ojos.
-Por un momento había olvidado que estabas ahí.
Su risa resonó dentro de mi cabeza.
-No pensaba distraerte mientras estabas peleando. Después de todo, si tú sales herido, yo también.
Hubo una pequeña pausa.
-Y yo no soy masoquista.
Su tono se volvió burlón.
-A diferencia de cierta persona.
-Qué ganas tengo de encontrar el botón para silenciarte.
-No existe.
-Eso ya lo veremos
Antes de que pudiera seguir discutiendo, el comunicador volvió a activarse.
BEEP
-¿Sí? ¿Byrrah?
-¡Legión! Hay ataques por todas partes. Las fuerzas están completamente desorganizadas, varias posiciones defensivas han caído y no conseguimos establecer una línea estable. Esto es un desastre.
Miré nuevamente hacia el caos a la distancia.
-No parece que estés exagerando.
Una explosión iluminó momentáneamente varias estructuras.
-¿Y Namor?
Hubo unos segundos de silencio al otro lado.
-Adelantó la invasión.
Mi expresión se endureció.
-¿Qué?
-No solamente eso.
Su voz cambió.
-Namor... asesinó a los demás ancianos del consejo.
Me quedé quieto durante un instante.
-¿Por que?
BANG
-¡A la izquierda! ¡CIERREN ESA ENTRADA!
Varios disparos se escucharon a través del comunicador.
-Según el comunicado que dejó antes de marcharse, consideró que era mejor asegurarse de matarlos a todos. No podía arriesgarse a que el espía siguiera entre ellos.
Otro impacto sonó del otro lado.
Byrrah respiró pesadamente.
-Y aun así... han logrado hacer todo esto.
Escuché otro golpe.
-Maldita sea...
-Byrrah, escúchame.
No respondió inmediatamente.
-Ahora mismo necesitan un líder. Las fuerzas están desorganizadas, ¿cierto?
-Sí.
-Entonces organízalas. Toma el mando de lo que queda del ejército y de las fuerzas de seguridad. Reagrupa las tropas, establece posiciones defensivas y mantén la ciudad en pie.
-¡Tercera unidad, conmigo! *gritó a alguien antes de volver al comunicador.
Durante unos segundos solamente escuché disparos y órdenes al otro lado.
-Tienes razón. *Dijo Byrrah
Su voz recuperó algo de firmeza.
-Tenemos una ciudad que salvar.
Sonreí ligeramente.
-Exactamente.
-Aunque todavía tenemos un problema.
-¿Cuál?
-Hay cientos de bárbaros infiltrados dentro de la ciudad. Aunque consiga reorganizar lo que queda del ejército y las fuerzas del orden, esos grupos seguirán causando estragos mientras nosotros intentamos defender el perímetro.
Observé nuevamente las calles.
-No te preocupes por ellos. Yo me encargaré.
Hubo otro silencio.
-¿Estás seguro? *preguntó él* Legión, son cientos.
Miré hacia una columna rota a lo lejos y luego hacia otro grupo de soldados que nadaban entre las calles.
-Estaré bien. Asegúrate de hacer tu parte.
Moví ligeramente el brazo derecho.
-Yo me encargaré de la mía.
Corté la comunicación.
-Wow... todo un chico rudo, ¿eh? *se burló* "Tú haz tu parte, yo haré la mía".
Cambió ligeramente su voz, intentando imitarme.
-"Yo me encargaré de ellos".
Llevé la mano hacia mi muñeca y activé el Omnitrix. El dial se elevó mientras comenzaba a girarlo observando esa misma silueta una y otra vez
Fantasmático.
No importaba cuántas veces moviera el dial, su figura continuaba allí.
-Bueno...
Su voz resonó lentamente dentro de mi cabeza.
-Parece que al fin llegó la hora, ¿cierto?
Entrecerré los ojos.
-¿Alguna vez te dije que eres insoportablemente irritante?
Su risa tétrica llenó mi mente.
-Solemos hablar solos frente al espejo.
Pude sentir su sonrisa incluso sin verlo.
-Te has dicho muchas cosas a ti mismo.
-Señor.
La voz de SID hizo que pudiera ignorarlo
Me quedé observando el símbolo del Omnitrix.
-Estará bien señor *dijo SID.
Parpadeé.
-Yo estaré aquí con usted. Así que estará bien.
Una pequeña sonrisa apareció en mi rostro.
-Gracias, SID.
-No tiene por que señor.
Respiré profundamente antes de levantar el brazo y dejar mi mano sobre el dial.
Por primera vez, Fantasmático no hizo ningún comentario sarcástico, no se rio ni intentó molestarme.
Presioné el Omnitrix.
-Es hora de ser héroe.
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BUENO MUCHACHOS, HASTA AQUI POR HOY, EN EL PROXIMO CAPITULO VEREMOS A NUESTRO FANTASMAGORICO AMIGO JUGAR CON ALGUNOS BARBAROS
COMO SIEMPRE, GRACIAS POR TODO SU APOYO Y COMENTARIOS
RECUERDEN QUE TENEMOS PATREON
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DONDE LOS PROXIMOS CAPITULOS TENDRAN PRIORIDAD DE SUBIRSE, POR EJEMPLO, EL PROXIMO SERA SUBIDO MAÑANA :)
UN ESPECIAL SALUDO A LOS MIEMBROS DE PATREON
Starkiller075
Delak
Gracias por darme de comer chicos
NOS VEMOS EN EL PROXIMO CAPITULO, SE ME CUIDAN😘
