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Chapter 32 - RESCATE EN EL HOTEL

SUIZA

El hotel Alpenblick despertaba con su rutina habitual. El aroma a café recién hecho se mezclaba con el del pan tibio, y los ventanales dejaban entrar la luz de la mañana alpina.

La mayoría de los huéspedes bajaban al desayuno en pantuflas o bufandas gruesas, mientras los empleados se movían de un lado a otro con la calma y coordinación de quienes repiten lo mismo todos los días.

Anna acomodaba tazas en la barra cuando Sabine, su compañera, se acercó con una bandeja al hombro.

-Hoy vinieron más temprano de lo usual, ¿eh? *comentó Sabine, señalando con la mirada a una familia que ya estaba en la tercera ronda de panqueques.

-Las montañas hacen eso *respondió Anna* Duermen mejor, despiertan mejor… y comen el doble.

Sabine soltó una risita antes de marcharse.

Anna siguió colocando cubiertos, cruzando miradas rápidas con algunos clientes habituales. Uno de ellos, un señor mayor que venía todos los inviernos, le hizo un comentario sobre el clima; Anna solo sonrió y respondió lo justo para ser amable sin alargar la conversación.

A unos metros, cerca de la entrada, los diplomáticos suizos y australianos terminaban de ajustar sus abrigos mientras sus guardias privados revisaban la salida. Anna los vio de reojo: trajes perfectamente planchados, carpetas de documentos, un par de maletines metálicos. Nada fuera de lo común. Probablemente una reunión en la ciudad. El convoy se formó ordenado, y los vehículos partieron sin mayor alboroto.

Anna siguió con lo suyo: limpiar una mesa, reponer servilletas, pedirle a un niño que, por favor, dejara de sacudir el salero.

Fue entonces cuando se escuchó el primer ruido.

Un tac metálico, seco, lejano. Anna levantó la vista, pero nadie pareció entender de dónde venía. Luego llegó otro, más fuerte, como si una puerta robusta hubiera cedido en el sector del estacionamiento.

Sabine frunció el ceño.

-¿Que fue eso?

-Capaz una bandeja que alguien tiró en la cocina *intentó Anna.

El tercer ruido disipó cualquier excusa: un disparo, claro, nítido, dentro del edificio.

El restaurante quedó en silencio. Las cucharas dejaron de chocar con los platos. Un gemido nervioso se escuchó desde algún rincón.

Anna sintió que todo se tensaba a su alrededor, pero no tuvo tiempo de procesarlo: desde tres pasillos distintos, hombres armados entraron al hotel.

No eran dos ni tres. Eran muchos. Más de una docena, moviéndose con precisión por el Hotel

-¡Todos al salón principal! ¡Ahora! *gritó uno en inglés.

Los empleados comenzaron a guiar a los huéspedes como pudieron.

Anna reaccionó como en automático: tomó del hombro a una mujer paralizada por el miedo y la llevó junto al resto. Detrás, algunos terroristas subían por la escalera con rapidez, golpeando puertas, obligando a los inquilinos a salir. Otro grupo registraba habitaciones y cerraba salidas.

Minutos después, el salón principal estaba abarrotado. Familias completas, turistas, empleados, incluso los guardias de seguridad que habían sido sobrepasados en numero… todos sentados en el suelo, rodeados por hombres armados que vigilaban cada movimiento.

Entonces la líder entró.

 Karli Morgenthau no necesitó gritar para imponerse. Avanzó con paso seguro, el camarógrafo detrás de ella grabando cada ángulo. Su mano derecha caminaba a su lado, vigilando, mientras otros vigilantes se distribuían por el perímetro.

¿Su identidad? Flag-Smasher 2, líder del grupo terrorista ULTIMATUM

-Bien. Ya están todos *dijo Karli con voz firme y acento marcado* Escuchen con atención: hay explosivos colocados en múltiples puntos del hotel. Si cualquiera intenta hacerse el héroe… todo esto desaparece. Entienden, ¿no?

Un murmullo nervioso recorrió a los rehenes.

Ella mostró uno de los explosivos como quien explica un producto en una presentación. Sonrió, confiada.

Detrás, dos terroristas empujaron a los diplomáticos del convoy hacia el salón. Los trajes estaban salpicados de sangre ajena, desordenados, pero vivos. Uno de ellos tenía el rostro tenso de quien intentó resistir durante el tiroteo inicial y perdió en segundos.

Anna tragó saliva. No gritó, no lloró; solo observó, concentrada en no llamar la atención. A su lado, Sabine estaba rígida. Los huéspedes susurraban, algunos temblaban, otros intentaban cubrir a los niños.

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Los terroristas ya habían tomado el control del lobby. A los rehenes los obligaban a sentarse en un enorme grupo en el centro del salón, manos en la nuca. Anna y su amiga Sabine estaban juntas, respirando rápido; ninguna se animaba a hablar más que en susurros.

A unos metros, los diplomáticos—despeinados y con los trajes arrugados —eran empujados hacia el centro del salón. Cada división del grupo armado había ido sacando huéspedes habitación por habitación, y ahora todos estaban reunidos bajo el mismo miedo.

 Karli caminaba entre ellos como si inspeccionara mercancía. Sus botas resonaban firme sobre el mármol mientras daba órdenes con pequeños gestos de la mano. Uno de los suyos, un hombre alto con la máscara negra, la miró esperando instrucciones.

-Tu *dijo Karli, señalando al enmascarado* El australiano. Tráelo acá.

-¿Éste? *preguntó el hombre, agarrando del brazo a uno de los diplomáticos.

-Ese mismo.

El diplomático australiano, un hombre de unos cuarenta y tantos, intentó mantenerse digno mientras lo arrastraban unos pasos, pero el tirón brusco lo desequilibró.

-Por favor, están cometiendo un—

Un golpe seco en sus piernas lo dejó sin aliento. El hombre cayó de rodillas con un grito sofocado.

Anna apretó los ojos, y Sabine la tomó del brazo, temblando.

-Esto no puede estar pasando… *susurró Anna, con un hilo de voz.

-Silencio *les advirtió uno de los terroristas sin siquiera mirarlas.

El diplomático intentó recomponer su voz pese al dolor evidente.

-Están… están cometiendo un error. No saben lo que están provo—

Karli lo calló con un golpe de culata en la boca. El chasquido fue seco. El hombre cayó hacia adelante, sosteniéndose la cara mientras comenzaba a llorar; sangre y dos dientes salpicaron el suelo pulido.

 Karli giró la cabeza hacia el camarógrafo, que ya estaba preparando el trípode y revisando el equipo.

-¿Listo? *preguntó ella.

El camarógrafo levantó la mano y comenzó una cuenta regresiva con los dedos: tres… dos… uno…

Le hizo una señal. Estaban al aire.

Flag-Smasher tomó el arma con ambas manos, apoyando el cañón sobre la sien del diplomático arrodillado, casi como si posara con él. Su voz sonó firme y fria

-Atención. Este mensaje es para el gobierno suizo, para sus aliados… y para todos los que sigan pretendiendo que pueden ignorarnos. *Paseó su mirada por los rehenes, como si reforzara que cada uno era un argumento vivo.* Tenemos control total del hotel. Ciento veintiséis rehenes. Tres diplomáticos y una docena de bombas colocadas estratégicamente por todo este maldito hotel. No vamos a negociar. No vamos a suplicar. Van a cumplir nuestras demandas o empezaremos a ejecutar a los representantes y a todos los civiles que tienen aquí delante.

El diplomático gimió, sin poder evitarlo. Karli lo empujó con la bota para que mantuviera la postura.

-Cada minuto que pierdan *continuó* será responsabilidad de ustedes. De nadie más.

Miró de reojo al camarógrafo, luego directo al lente.

-Confirmen que recibieron nuestras condiciones. Tienen diez minutos para responder.

El video terminó cuando el camarógrafo cortó la transmisión con un gesto rápido.

En el lobby, el silencio cayó pesado. Solo se oían respiraciones agitadas y pasos de vigilancia.

Anna tragó saliva. Sabine apoyó la frente en sus rodillas.

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La respuesta oficial llegó cinco minutos después de la transmisión. Un terrorista con un auricular improvisado se acercó a Karli y asintió.

-Confirmaron *le informó* Dicen que… que nos tranquilicemos. Que los canales apropiados se están organizando.

Ella soltó una risa corta, incrédula.

-¿Tranquilizarnos? *bufó, girando hacia sus hombres* Claro. Que esperemos sentaditos mientras ellos deciden si existimos o no.

Pero aun así, confirmó el mensaje. Su grupo se mantuvo firme, vigilando a los rehenes. 

Veinte minutos después, el hotel ya estaba completamente rodeado: luces azules parpadeando, siluetas tácticas moviéndose, armas largas apuntando. Desde una de las puertas laterales, un terrorista salió con las manos en alto —solo lo suficiente para no recibir un tiro— y lanzó un teléfono al suelo antes de regresar corriendo.

Un policía lo recogió. Inmediatamente lo llevaron hasta una carpa improvisada donde el equipo de negociación ya estaba instalado.

Había tensión en el aire. Eran profesionales, sí… pero estaban ante una situación que podía estallar en segundos. La jefa negociadora, una mujer de unos cincuenta, respiró hondo y conectó la línea.

-Habla la comandante Meier. Estamos aquí para escucharte *dijo, con un tono firme pero contenido.

La llamada se estableció. Ruido, interferencia… y finalmente la voz de Flag-Smasher , helada, directa.

-Presta atención. Queremos que los gobiernos de Australia y Suiza firmen nuestra declaración… completa. Sin revisiones, sin negociaciones, sin comentarios. Allí admiten públicamente su rol en mantener sistemas globales corruptos, en someter pueblos a sus intereses económicos y en financiar políticas que destruyen identidades nacionales. Y queremos que transmitan esa declaración en cadena internacional.

Meier tomó nota. No interrumpió. Tenía que dejarla descargar todo antes de intervenir.

-Bien. Estás diciendo que quieres un reconocimiento oficial *respondió despacio* Puedo transmitir eso, pero debo ser honesta: las decisiones gubernamentales requieren tiempo. No es posible—

Karli la interrumpió con un golpe sobre la mesa, tan fuerte que el micrófono lo captó con un crujido seco.

-.NO HAY TIEMPO. ¡Tienen dos horas! Dos horas para hacerlo público o empezamos a ejecutar gente. No voy a repetirlo.

Meier cerró los ojos un momento. Su equipo la miraba expectante.

-Entiendo tu posición *respondió* pero estás pidiendo algo que legalmente no puede ocurrir en dos horas. Ni siquiera en diez. Es imposible que dos gobiernos firmen un documento así bajo amenaza. No funciona así.

-¡Pues va a funcionar ahora! *gritó Karli* Porque si no, los cadáveres van a funcionar como firma.

Meier cambió de estrategia. Dejó de intentar razonar y pasó a conectar emocionalmente.

-Escúchame. Tu sabes que una acción tan irreversible como matar rehenes no te acerca a tus objetivos. Los aleja. Quieres enviar un mensaje, ¿verdad? Bien. Mientras los rehenes estén vivos, tienes poder. Si los matas, lo pierdes. Porque entonces ya no habrá negociación. Solamente intervención.

Hubo un silencio al otro lado. No muy largo, pero señal de que Karli lo estaba procesando.

-No estamos aquí para negociar poder *respondió al fin, más calmada pero con un tono mas peligroso* Estoy aquí para exponerlos. Para que el mundo vea quiénes son. Y si mi mensaje necesita sangre para ser escuchado...entonces lo tendrá

Uno de los operadores de Meier negó con la cabeza, preocupado.

La comandante insistió, sin perder firmeza:

-Si actúas así, solo vas a provocar que todos mueran. No vas a tener control de la narrativa. Todavía estás a tiempo de manejar la situación para que no sea una masacre.

Karli rió. 

-¿Todavía? Comandante, ya pasamos ese punto desde que pusieron un pie aquí. ¿O crees que no sé que están rodeando el hotel? ¿Qué no se que estas comprando tiempo para tus compañeros?

Meier hizo un gesto leve al equipo táctico, pidiéndoles que detuvieran el avance. Debían evitar provocarla más.

-Por favor *dijo con voz más suave* Podemos trabajar juntas para encontrar un camino que no termine con más muertes. Pero necesito que me des una señal de buena fe. Permite que un rehén sea liberado. Uno solo. Una persona herida, o un niño, o—

-NO. No voy a dar nada *espetó Kat* Si hago concesiones, perdemos fuerza. No están entendiendo. Esto no es una conversación: es un ultimátum.

Anna, desde su lugar entre los rehenes, observaba al australiano que tironeaba de su corbata, pálido, respirando agitadamente. Sabine apretaba su mano para tranquilizarla.

Meier notó el cambio en el tono. Se adelantó, casi desesperada:

-Te pido que no tomes decisiones impulsivas. Te lo pido no como comandante. Te lo pido como persona. No te acerques a ningún reh—

Demasiado tarde.

Kat volvió a gritar al teléfono:

-¿CREÉS QUE ESTO ES UN JUEGO? ¿CREÉS QUE NO VOY A HACERLO?

Agarró al diplomático por el traje y lo arrastró hasta dejarlo separado del resto. Él cayó de rodillas con un grito ahogado.

-¡Esto no va a ninguna parte! *suplicó él* ¡Están cometiendo un error, por favor…!

Un terrorista intentó intervenir.

-Jefa, quizás deberíamos—

-¡CALLATE! *le gritó sin siquiera mirarlo.

Anna se encogió cuando la voz de la negociadora se volvió casi un ruego:

-No lo hagas. Podemos seguir hablando. Podemos—

Dentro del lobby, Anna observaba con el corazón apretado. El ambiente era un nudo de murmullos cortados, respiraciones temblorosas… Y entonces vio algo que la descoloco

Justo frente a ella, sobre el piso brillante, una hilera finísima de pequeños bloques —¿legos? ¿piezas de juguete?— estuvo formándose sola, pieza tras pieza, como si alguien invisible las colocara a velocidad imposible. Avanzaban en un patrón que no lograba comprender… hasta que notó que esa hilera estaba rodeándolos a todos, formando un círculo amplio alrededor de los rehenes.

-¿Qué…? *susurró.

Sabine también lo notó, pero no tuvo tiempo para reaccionar: su respiración se cortó cuando Karli apoyo el cañón del arma en la nuca del australiano

Un terrorista que vigilaba cerca se fijó en la hilera de bloques y frunció el ceño.

-Tsk…malditos mocosos y sus juguetes de mierda *dijo, dando un leve puntapié a una pieza. No se movió. Era como si estuviera fijada al piso.

Anna siguió con la mirada a la segunda hilera que avanzaba a velocidad sorprendente, esta vez disparándose directamente hacia donde estaba el diplomático. No alcanzó a pensar en el significado. Todo pasó demasiado rápido.

En el teléfono, Kat continuaba gritando.

-¡Me estás tomando el pelo, Meier! ¡Dime la verdad! ¿Creés que voy a dudar? ¿Creés que no voy a hacer lo que dije?

El diplomático lloraba abiertamente, intentando hablar entre sollozos

-Por favor… por favor, no… Esto es un error… No—

-¡Callate! *gritó Kat, empujándolo contra el suelo.

Los rehenes, paralizados, observaban entre lágrimas.

La negociadora en la carpa apretó el auricular con fuerza.

-Escúchame. Nadie te está provocando. Queremos resolver esto sin bajas. Piensa en las vidas que dependen de tus decisiones. Piensa—

-¿Pensar? *Karli empezó a reír, cada vez más histérica* ¡Les estoy diciendo que hagan lo que pedimos! ¿Qué parte no entienden?

Anna vio la hilera de piezas subir por el cuerpo del diplomático. Algo estaba pasando, pero la imagen fue tan surrealista que no podía conectar los hilos

En cuanto a Karli, ella no le dio tiempo a nada ni a nadie.

Sin soltar el teléfono, con el grito congelado en el aire, levantó su arma y descargó cinco disparos rápidos en el torso del diplomático.

El estruendo rebotó en las paredes.

Los rehenes gritaron, algunos se cubrieron la cara, otros se desplomaron de miedo. Varios intentaron levantarse, pero los terroristas los empujaron y golpearon para silenciarlos.

Afuera, en la carpa del equipo de negociación, todos sintieron el impacto. Dos miembros se tomaron la cabeza; otro dio un golpe a la mesa con impotencia.

-¡No, no, no! *exclamó uno de los analistas, retrocediendo de la pantalla.

Karli volvió a llevar el teléfono a su boca, jadeando.

-Si no quieren que caiga otro, más les vale hacer EXACTAMENTE lo que digo *amenazó* Tienen cinco minutos para pensar en lo que acaban de provocar.

Y cortó.

El silencio que dejó atrás fue insoportable.

Anna no podía apartar los ojos del cuerpo caído… ni de las pequeñas piezas que seguían conectadas al cuerpo del hombre y la otra hilera que también los rodeaba

Karli bajó el arma, respiró hondo y se pasó una mano por el rostro. Parecía recuperar el control poco a poco. Con un gesto rápido, les hizo una seña a los suyos.

-Tráeme una cerveza… *murmuró* Esto va a ser largo.

Uno de los terroristas ya estaba girando cuando Kat se detuvo en seco.

Su mirada se clavó en el cuerpo del diplomático australiano.

-…¿Qué…? *susurró, dando un paso adelante.

El hombre estaba caído boca abajo, quieto, pero algo no cuadraba.

Alrededor del cuerpo no había sangre.

Nada.

Cinco impactos a esa distancia deberían haber dejado un charco. Un torrente. Pero la camisa apenas mostraba agujeros oscuros, sin rastros húmedos. Karli frunció el ceño y llamó a dos más.

-Vengan. Algo está… raro.

Los tres se inclinaron, desconcertados.

-¿Jefa? Esto no tiene sentido *murmuró uno de ellos, enfocando la mirada, fijándose que en los agujeros de bala en la camisa, había una especie de cuadrados multicolor* ¿Que?

Otro levantó la mano con inquietud.

-¿Y… eso qué es?

Kat siguió la dirección que señalaba.

Había una delgada línea de piezas de colores —legos— conectadas al cuerpo del diplomático. Una serpiente improvisada de plástico que parecía subir por el cuerpo del hombre

-¿Qué mierd…? *musitó Kat.

Siguió la hilera con la mirada. Era tan fina que al principio no la había notado en el caos, pero ahora, al prestar atención, se daba cuenta de que rodeaba a los rehenes.

Un círculo perfecto, como si alguien hubiese tenido tiempo para colocarlos pieza por pieza.

Anna sintió un escalofrío. No entendía nada, pero había visto esa línea formarse antes… casi sin querer, como si estuviera viva.

Y no tuvo tiempo para pensar.

Kat ya había entendido algo.

-¡Nos están—!

-Tienes una buena intuición *interrumpió de repente una voz calmada, masculina, cargada de un leve tono burlón.

Los terroristas se giraron de inmediato. Algunos levantaron sus armas, buscando al intruso. Otros retrocedieron, nerviosos. La voz había resonado desde alguna parte del salón… pero también desde ninguna.

-¿Quién dijo eso? —gruñó uno.

Karli apretó los dientes. Levantó su rifle, apuntó hacia los rehenes y gritó:

-¡DISPAREN! ¡AHORA!

Varios gatillos se oprimieron al mismo tiempo. Ráfagas completas.

Pero los disparos nunca llegaron.

Con un estruendo seco, la línea de legos que rodeaba a los rehenes se elevó como una ola. Las piezas se ensamblaron entre sí a una velocidad absurda

En menos de un parpadeo, una cúpula gigantesca de legos multicolores se levantó, sólida como una fortaleza.

Las balas rebotaron contra ella con un repiqueteo frenético.

¡TAC-TAC-TAC-TAC-TAC!

Los terroristas retrocedieron de golpe, incrédulos. Uno cayó sentado, mirando su rifle como si fuese defectuoso.

-¡¿Qué carajo es esto?! *gritó uno.

-¡SIGAN! ¡TODOS! *rugió Kat.

Y lo hicieron. Descargaron cargadores completos contra aquella estructura imposible. Pero no solo los rehenes estaban dentro de una cúpula. A unos metros, otra construcción idéntica emergía alrededor del diplomático herido, encerrándolo también.

Era como si el hotel estuviera siendo invadido por juguetes 

Anna, temblorosa, se abrazó a sí misma mientras todo retumbaba. Algunos niños rehenes lloraban, pero el sonido se apagaba dentro del refugio improvisado.

Una risa suave resonó desde algún punto alto del salón.

-Woah, woah… eso fue un poco extremo, ¿no? Yo venía a ayudar, no a una balacera

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La multitud atrapada dentro de la cúpula seguía temblando. Los niños lloraban contra el pecho de sus padres, y los adultos trataban de ocultar su propio miedo detrás de un silencio tenso, casi asfixiante. Cada golpe afuera hacía vibrar levemente la estructura y arrancaba nuevos sollozos.

Entonces, frente a ellos, algo comenzó a moverse.

Ladrillos pequeños —rojos, azules, amarillos— emergieron desde la pared interna de la cúpula. Primero fueron puntitos, luego líneas, luego piezas que se encastraban unas con otras con un clic suave, casi juguetón. La gente retrocedió, algunos abrazando instintivamente a los niños, sin entender qué estaba pasando.

En cuestión de segundos, cuatro enormes dinosaurios hechos de lego terminaron de ensamblarse frente a todos. Un tiranosaurio que agitaba la cabeza de forma torpe, un triceratops que movía las patas como si tuviera demasiada energía, un raptor demasiado emocionado, y un gigante de cuello largo que hacía pom pom en el piso con una pata.

Todos se mantenían pegados a la estructura por bloques que los unían a la pared

Los niños se quedaron petrificados… pero no de miedo. De sorpresa.

Un murmullo recorrió la multitud.

Y entonces, en la misma pared, justo encima de los dinosaurios, las piezas volvieron a moverse. Esta vez se formó algo distinto: una cara. Una mueca amistosa y rectangular, con ojos expresivos hechos de piezas verdes

La cara inclinó la cabeza ligeramente y habló con una voz grave, tranquila, segura

-Tranquilos, ¿sí? *dijo* Todo está bien. Ya estoy aquí.

Al pie de la gran cara formada en la pared apareció el símbolo del Omnitrix. Algunos rehenes entendieron al instante.

Era Legión.

Algunas personas dejaron escapar un jadeo. Otras rompieron a llorar de alivio. Varias más simplemente se derrumbaron abrazando a quienes tuvieran cerca. Un hombre rió nervioso, tapándose la cara con ambas manos. Una chica susurró "gracias" sin saber bien a quién.

Bloxx movió sus ojos de lego hacia los niños, que ahora se habían acercado un poco, fascinados por los enormes dinosaurios.

-Voy a estar un poco ocupado *les advirtió con un tono suave* pero traje amigos para que se diviertan mientras detengo a los chicos malos.

Los dinosaurios reaccionaron al instante. El raptor se agachó como invitándolos a trepar, el triceratops movió su cabeza como si quisiera jugar, y el de cuello largo se inclinó para dejar caer una lluvia de ladrillitos sueltos, que los niños recogieron entre risas.

-Portense bien *añadió Bloxx, guiñando un ojo hecho de dos piezas semicirculares.

Los niños asintieron sonrientes. Los adultos, aún temblando, no pudieron evitar sonreír, algunos incluso soltaron carcajadas nerviosas al ver a los pequeños correr entre los dinosaurios.

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La balacera retumbó como un trueno repetido. Una ráfaga, luego otra, luego otra. Ecos metálicos, gritos distantes, un estallido seco.La comandante Meier sintió cómo la sangre se le helaba.

-¡No… no, NO! *soltó con horror, llevándose la mano al auricular* ¡Avancen! ¡TODOS! ¡YA! ¡NO HAY MÁS TIEMPO!

Los escuadrones especiales no esperaron una segunda orden. Se abalanzaron hacia la entrada destrozándola del complejo, rompiendo puertas, pasando por pasillos, avanzando como una ola desesperada hacia los rehenes.

Las botas resonaban como martillazos. Las armas listas. La adrenalina a tope.

Al llegar al amplio salón que servía como sala de rehenes, la primera línea frenó de golpe.

Un silencio extraño se extendió entre ellos.

Los agentes de atrás comenzaron a empujar, confundidos.

-¡¿POR QUÉ SE DETIENEN?! *rugió Meier desde el pasillo, avanzando entre sus hombres* ¡Dije que—!

Pero cruzó la puerta y también quedó congelada.

Toda la escena parecía sacada de un sueño.

O de una locura.

Todos los terroristas—todos, incluida Flag-Smasher 2(Karli)—yacían inconscientes en el suelo, respirando pero completamente inmovilizados… dentro de grandes envolturas hechas de piezas de LEGO, como capullos de colores que los mantenían asegurados

Algunos eran de bloques rojos y azules; otros, amarillos y blancos

Las armas de los criminales estaban a varios metros, también envueltas en estructuras cúbicas 

Meier bajó su arma, sin entender si debía sentirse aliviada o aterrada.

-¿Qué… demonios…? *susurró.

Pero la sorpresa no terminó ahí.

Al seguir la vista, encontró a los rehenes. Todos a salvo.Algunos adultos lloraban abrazándose unos a otros; otros reían nerviosamente al ver a sus hijos correr por el salón.

Porque los niños…Los niños estaban jugando.

Jugando con cuatro enormes dinosaurios de LEGO, que se movían con torpeza adorable, emitiendo ruiditos huecos de plástico chocando contra plástico.

Las risas llenaban el salón.

Los padres, aún con lágrimas en las mejillas, no podían evitar sonreír al ver a sus pequeños sanos, seguros y… divirtiéndose.

Y entonces lo vio.

Una figura humanoide, hecha completamente de bloques, apoyada relajadamente contra uno de los pilares. Su cuerpo era robusto y cuadrado, formado por placas encastradas; sus brazos estaban compuestos de secciones articuladas de colores rojos, azules y amarillas; su rostro era simple pero expresivo, con ojos verdes que brillaban como piezas pulidas. Tenía una postura tranquila

Observaba a los niños con una sonrisa, como si todo fuera parte de un día normal en el trabajo. Sus dedos cuadrados tamborileaban suavemente su propio brazo, en un gesto relajado y satisfecho.

Meier parpadeó incredula

-No puede ser… *murmuró, al borde de la risa histérica.

Mientras las fuerzas especiales seguían estáticas, sin poder creer lo que veían, un hombre trajeado avanzó tambaleante entre ellos. Su corbata estaba chueca, la camisa empapada en sudor.

-C-comandante Meier *dijo el diplomático suizo, con la voz quebrada por los nervios* Debe… debe saber lo que ocurrió dentro.

Meier, aún sin apartar la vista de la criatura hecha de bloques, asintió para que hablara.

-Ese ser… apareció sin previo aviso. Todo sucedió muy rápido *tragó saliva* Nos protegió a todos. Neutralizó a los atacantes en segundos. Y… creo que es Legion. O al menos eso pensé al ver el logo del pecho. Pero… yo nunca lo había visto adoptar esa forma. Nunca. No sabía que podía… ser eso.

Meier respiró hondo, procesando. Luego levantó la mano, haciendo un gesto claro a su equipo.

-Cúbranme.

Su tono era firme, sin temblar.

-Pero sin agresividad. Nadie apunte armas. Solo atentos… por si realiza algún movimiento brusco. No sabemos si es un aliado o una amenaza.

Los agentes asintieron, formando un semicírculo prudente, sin levantar cañones, pero con todos los músculos tensos.

Meier comenzó a caminar hacia la figura.

Bloxx seguía mirando a los niños, despreocupado, hasta que percibió su presencia. Giró ligeramente la cabeza, y sus ojos verdes brillaron con reconocimiento

Cuando habló, su voz sonó profunda, modulada… pero cortés.

-Comandante Meier, ¿cierto? *inclinó un poco el torso, como una reverencia hecha de bloques* Legión. Encantado. Y… disculpe la entrada tan abrupta.

Meier se detuvo a dos metros. No tan cerca como para ponerse en peligro. No tan lejos como para parecer temerosa.

Legión continuó

-Estaba de camino por la zona. Y… bueno, no pude evitar dar una mano. *Elevó una mano hecha de piezas encastradas* Me hubiera gustado avisar con antelación, pero la situación requería discreción y rapidez.

Meier frunció el ceño, aún evaluándolo.

-Que yo sepa *dijo despacio* Legion no posee esta "apariencia"

Bloxx bajó la mirada con algo parecido a una risita.

-Lo entiendo *respondió* Esta transformación se llama Bloxx. Una forma más… creativa, digamos. Pero permítame un momento.

Se volvió hacia los niños, que seguían riendo y abrazando a los dinosaurios lego

Bloxx se arrodilló ante ellos, y los dinosaurios se acercaron como mascotas gigantes.

-Chicos… *dijo con suavidad* lamento esto, pero mis amigos y yo tenemos que irnos ya. ¿Sí?

Los niños inmediatamente soltaron un coro de protestas. Algunos abrazaban las patas de los dinosaurios. Otros hacían puchero.

-Sé que no quieren *continuó Legion con paciencia* Pero así como ustedes deben volver con sus familias… ellos también deben volver a casa.

Los chicos se miraron entre sí. Algunos estuvieron a punto de llorar.Pero, finalmente, aceptaron.

Se acercaron uno por uno, abrazando a los dinosaurios, despidiéndose como si dejaran ir a compañeros de juego de toda la vida.

Los padres observaban, con lágrimas y sonrisas mezcladas.

Uno de los niños murmuró:

-Gracias por salvarnos…

Bloxx puso una enorme mano cuadrada sobre su cabeza, en un gesto de ternura.

-Gracias a ustedes por ser tan valientes.

Los dinosaurios y todo lo demás comenzaron a desarmarse en cientos de piezas que viajaron como torrentes hacia el cuerpo de Bloxx, integrándose perfectamente en su torso, sus brazos, sus piernas.

En pocos segundos, allí donde hubo criaturas enormes… solo quedó el héroe.

Legión se levantó, dio una última mirada a los niños y comenzó a caminar hacia Meier.

Mientras avanzaba, presionó con naturalidad el símbolo verde de reloj de arena en su pecho.

Un destello rojo lo envolvió.

Los bloques se disolvieron en luz.La silueta se comprimió.Los colores regresaron a una forma humana.

Para cuando llegó frente a Meier, Legion ya era él mismo: su versión humana, con su armadura, su casco, y el característico emblema en su pecho 

-Ahora sí, comandante *dijo con una pequeña sonrisa cansada detrás de su casco* Podemos hablar.

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SE LO QUE DIJE, PERO CREI APROPIADO HACER ALGO ASI COMO UNA INTRO?, UN ACTO HEROICO ANTES DE LOS MINI EVENTOS, COMO LA CHARLA Y LO DEMAS, QUE ESO SI LES ASEGURO QUE SERA EN EL PROXIMO CAP

TAMBIEN EXPLICARE UN POCO EL TEMA DEL RELOJ Y ESTA NUEVA TRANSFORMACION, CON CINCO MESES ALGO TUVO QUE HABER AVANZADO EN SU TRAVESIA POR INTENTAR DESCUBRIR COMO FUNCIONA UNA DE LAS PIEZAS DE TECNOLOGIA MAS IMPRESIONANTE DE LA FICCION NO?

DIGANME QUE LE PARECIO, TAMBIEN LES TENGO UNA PROPUESTA, UN ESPECIAL, NO SE COMO VAN LOS DEMAS PAISES, PERO EN ARGENTINA, LA NAVIDAD ESTA MUY CERCA, ASI QUE PENSABA, POR QUE NO UN ESPECIAL DE NAVIDAD? SI LLEGARMOS A CIERTA CANTIDAD DE RESEÑAS, SE LOS ENTREGARE EL 25 DE DICIEMBRE( FECHA ARGENTINA) Y SI NO, BUENO, ME TOMARE MI TIEMPO, Y YA VERE CUANDO SE LOS PASO, CUANTAS RESEÑAS? SE LOS DIRE EN EL PROXIMO CAP, YA QUE TAMPOCO QUIERO DAR UNA CIFRA EXAGERADA O DEMASIADO PEQUEÑA, ¿POR QUE PIDO ESTO? TENGO ENTENDIDO QUE AYUDA AL ALGORITMO O ALGO ASI, NO SE, SEAN SINCEROS, AVANZANDO EN LOS CAPITULOS ME E SENTIDO MAS COMODO CON LA ESCRITURA PERO SI QUIERO MEJORAR, DEBO SER CONCIENTE DE MIS FALLAS

AH, ME OLVIDABA, TENDRE EN CUENTA LA CANTIDAD TOTAL DE LAS DOS, INGLES Y ESPAÑOL, ESO SI, NO SE VALE HACER TRAMPA, SOLO PUEDEN DEJAR UNA RESEÑA EN UNA TRADUCCION, ESTARE ATENTO

ESO ES TODO POR AHORA, SE ME CUIDAN Y BESITOS :)

POSDATA: 4821 PALABRAS, SOY BARBARO

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