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bnha rencarne con los poderes de shadow

Daoistuo630v
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Chapter 1 - prólogo y todo eso

Izan Arashi no hablaba poco.

Solo hablaba cuando tenía algo que valiera la pena decir.

En el parque, mientras los otros niños corrían y gritaban, Izan se sentaba en el borde del arenero con los auriculares puestos, balanceando las piernas en el aire.

La música sonaba bajita, lo justo para seguir escuchando lo que pasaba alrededor.

Miraba cómo uno empujaba el columpio demasiado alto.

Cómo otro siempre se caía en las carreras.

Cómo los adultos aplaudían aunque nadie estuviera mirando.

Cuando alguien se tropezaba, Izan se quitaba un auricular y se acercaba con calma.

—¿Estás bien? —preguntaba, inclinándose un poco.

Si le decían que sí, alzaba el pulgar.

—Bien. Entonces no pierdas la revancha.

Y volvía a su lugar con una pequeña sonrisa de lado.

Su mamá decía que era "tranquilo".

Su papá decía que era "soñador".

Izan decía que solo le gustaba mirar primero para ganar después.

En la escuela, se sentaba junto a la ventana, pero no se quedaba fuera de todo.

A veces tenía los auriculares colgando del cuello, aunque no estuvieran conectados a nada. Solo le gustaba tenerlos ahí, como si fueran parte de su estilo.

No levantaba la mano de inmediato.

Esperaba a que la maestra lo mirara.

—Izan, ¿lo sabes? —preguntaba ella.

Él asentía, se enderezaba un poco y respondía claro, sin apurarse.

Después apoyaba la cabeza en el brazo y miraba el cielo.

—Profe —dijo una vez—. Si termino esto, ¿puedo dibujar mientras los demás escriben?

La maestra suspiró.

—Solo si no te duermes.

—Eso suena como un reto —respondió Izan, y algunos compañeros se rieron.

Cuando los otros niños se peleaban por los juguetes, Izan tomaba uno que nadie quería y se metía igual en la historia.

—Oye, ¿por qué no vienes a pelear? —le preguntó un niño una vez.

Izan levantó el robot viejo que tenía en la mano.

—Porque este es el jefe final. Si lo derroto, el juego se acaba.

El niño parpadeó.

—…Entonces yo soy el héroe.

—Bien —dijo Izan—. Intenta no perder en la primera ronda.

En casa, le gustaba tirarse en el sofá con la música baja y los ojos cerrados.

No siempre dormía, pero parecía que sí.

—¿Está despierto? —susurraba Mio.

Izan abría un ojo.

—Siempre. Solo en modo ahorro de energía.

—¿Cómo te fue hoy? —preguntaba Daichi.

—Normal.

—¿Qué fue lo mejor?

Izan pensaba unos segundos.

—Le gané a uno en educación física… y casi me quedo dormido en matemáticas. Día equilibrado.

Mio se reía bajito.

Una noche, se despertó porque tenía sed.

Caminó por el pasillo con los ojos medio cerrados y los auriculares colgando del cuello.

Sin darse cuenta, apareció un par de pasos más adelante.

Se quedó quieto.

Miró alrededor.

—…Ok. Eso fue rápido —murmuró, rascándose la cabeza.

Fue a la cocina, tomó agua y volvió a su cuarto como si nada.

A la mañana siguiente, la casa olía a pan tostado.

Y fue cuando lo llevaron al consultorio.

🌌 Prólogo — La Mañana del Consultorio

Daichi estaba sentado a la mesa con el celular en la mano.

Mio le acomodó la chaqueta a Izan.

—Es solo una revisión —dijo ella.

Izan asintió, con los auriculares colgándole del cuello.

—Mientras no me saquen sangre, sobreviviré.

—¿Y si te dicen que puedes volar? —preguntó Daichi, sonriendo.

Izan pensó un segundo.

—Entonces llegaré tarde con más estilo.

Daichi soltó una risa.

En la sala de espera, los otros niños hacían ruido.

Uno soltaba chispas de los dedos.

Otro hacía sonidos raros con la boca.

Izan los miró de reojo.

—Presumen mucho para estar sentados —murmuró.

Se sentó en una esquina y dejó que la música le bajara el volumen al mundo.

—Señor Arashi, Izan —llamó la doctora.

Izan se quitó un auricular y se levantó.

La sala era blanca, con dibujos de héroes en las paredes.

—Pon tu mano aquí —dijo la doctora.

Izan lo hizo despacio.

La pantalla mostró líneas tranquilas.

—Hmm…

"Bip."

La luz parpadeó.

Izan ya no estaba junto a la mesa.

Estaba en la puerta.

Miró sus pies.

—…Ok. Eso sí fue interesante —dijo, con una sonrisa pequeña.

Mio abrió los ojos.

—¿Cómo hiciste eso?

Izan se encogió de hombros.

—Pensé en moverme… y mi cuerpo me ganó.

La doctora sonrió.

—Parece que tu don no espera permiso.

Desde ese día, Izan fue más cuidadoso.

Si iba a correr, miraba primero.

Si iba a saltar, lo medía.

En el parque, un niño se resbaló del tobogán.

Antes de que tocara el suelo, Izan apareció a su lado y lo sostuvo del brazo.

—Ey —dijo—. La gravedad juega sucio.

—¡Gracias! —respondió el otro, riéndose nervioso.

Izan levantó el pulgar.

—Te debo una carrera después.

Esa noche, en su cama, miró el techo con la música sonando bajito en un oído.

—Supongo que esto se va a poner interesante —murmuró.

No sonó preocupado.

Sonó… expectante.

Se dio la vuelta, se tapó con la sábana y cerró los ojos.

Mañana tenía escuela.

Y probablemente, otra siesta.

Habían pasado años desde aquella mañana en el consultorio.

Izan Arashi ahora era más alto y un poco más robusto, con el cuerpo todavía juvenil, pero ya marcándose como alguien que pronto dejaría de ser un niño. Su cabello seguía siendo rebelde, cayéndole en mechones sobre la frente, y los auriculares nunca faltaban: a veces colgados del cuello, a veces en una sola oreja, como si siempre estuviera medio conectado a otro mundo.

Ya no era el chico que se quedaba callado en un rincón.

Seguía siendo tranquilo, sí, pero ahora se metía en las conversaciones, soltaba comentarios cortos, irónicos, que casi siempre terminaban en risas. No hablaba por hablar, pero cuando lo hacía, se hacía notar.

Esa tarde estaba sentado en una banca del parque con Ren, Mika y Tenko. El sol comenzaba a bajar, tiñendo el cielo de naranja y alargando las sombras sobre el suelo lleno de hojas.

Ren hablaba sin parar, moviendo las manos como si estuviera narrando una batalla.

—Te juro que salió en las noticias otra vez. El héroe ese, el del casco azul. Detuvo a tres villanos él solo.

—Seguro también se tomó fotos después —dijo Mika, apoyada en el respaldo de la banca—. Todos lo hacen.

Tenko estaba tirado en el pasto, con los brazos detrás de la cabeza.

—Yo con suerte detengo una puerta que se me viene encima.

Izan giraba una piedrita con la punta del zapato, escuchando con media sonrisa.

—Si sigues así —dijo—, la puerta va a ganar fama antes que tú.

Tenko se incorporó.

—Eso dolió más que un golpe de héroe.

Ren se giró hacia Izan, mirándolo con atención.

—Hablando en serio… tú deberías postular a la UA.

La palabra quedó flotando en el aire.

UA.

Izan levantó la vista al cielo, donde las nubes se movían lentas, como si no tuvieran ninguna prisa.

—¿Yo? —murmuró.

—Claro —dijo Mika—. Tu don es raro, pero fuerte. Apareces donde nadie te espera.

—Y siempre metes la mano cuando alguien la necesita —añadió Tenko—. Aunque luego finjas que fue casualidad.

Izan soltó una pequeña risa.

—No finjo.

Ren cruzó los brazos.

—Entonces inténtalo.

Izan pensó unos segundos.

—Podría intentar —dijo al final—. Solo para probar.

Ren levantó los brazos como si hubiera ganado algo.

—¡Nuestro futuro héroe serio!

—No me pongas títulos —respondió Izan, pero no pudo evitar sonreír.

Esa noche, en su cuarto, la luz era tenue y la música sonaba suave en un auricular. Izan estaba tirado en la cama, con el celular sostenido sobre su cara.

En la pantalla brillaban las palabras:

Examen de Ingreso — U.A. High School

Leyó todo una vez. Luego otra.

—Esto se ve largo —murmuró.

Apretó el botón de registro y dejó que el brazo le cayera a un lado.

—Bueno… a ver qué pasa.

Cerró los ojos con la música todavía sonando.

Al día siguiente, el parque estaba casi vacío. El viento empujaba las hojas por el suelo, haciéndolas chocar unas con otras.

Ren caminaba de un lado a otro, nervioso.

—Seguro en la prueba escrita preguntan héroes famosos, fechas, batallas…

—Mi prima dijo que es más lógica y rescate —respondió Mika—. No es un club de fans.

Tenko miraba las nubes.

—Yo ya perdí sin haber empezado.

Izan se rió por lo bajo.

—Respiren. Todavía no estamos en la UA.

Ren señaló un árbol y luego un poste de luz.

—Reto. De ahí hasta allá sin que Tenko te vea moverte.

Tenko se dio la vuelta de inmediato.

—No miro.

Ren contó con los dedos.

—Tres… dos…

Izan pensó en estar junto al poste.

El mundo se estiró, como si alguien hubiera jalado la imagen.

Y apareció a mitad del camino.

—¡Eso no cuenta! —gritó Ren.

—Nunca dije que fuera perfecto —respondió Izan.

Cerró los ojos un segundo y volvió a intentarlo.

Esta vez apareció justo al lado del poste.

Tenko se giró.

—…Odio cuando haces eso.

Ren dejó caer una botella al suelo.

—Nivel dos. Atrápala.

La botella cayó.

Izan dio un paso.

Y ya estaba ahí.

La botella en su mano.

Mika lo miró con una sonrisa tranquila.

—Tú no lo notas… pero sí llamas la atención.

El celular de Izan vibró.

Recordatorio: Examen — Mañana, 8:00 a.m.

Izan lo guardó en el bolsillo.

—Bueno —dijo—. Ya es mañana.

El despertador sonó.

Izan no se movió.

—Izan —dijo Daichi desde la puerta—. La UA no espera.

Izan se sentó de golpe.

—Ya voy.

La cocina olía a pan tostado.

Mio le puso un plato frente a él.

—Come. Pensar con hambre no ayuda.

Izan mordió el pan despacio.

—Estoy un poco nervioso.

—Eso es bueno —respondió Mio—. Significa que te importa.

El portón de la UA era enorme. Más grande de lo que Izan había imaginado.

Estudiantes entraban y salían por todos lados, algunos nerviosos, otros demasiado confiados.

—Es gigante —murmuró.

Dentro, vio a un chico de cabello verde mirando todo como si estuviera soñando despierto.

—Guau…

Un chico rubio pasó empujándolo.

—Muévete, nerd.

Izan alzó una ceja.

—Vaya forma de saludar.

Más adelante, el chico verde tropezó y una chica lo levantó usando su don.

—Gracias —dijo él, rojo como un tomate.

Izan pasó por un lado.

—Definitivamente este lugar está lleno de personajes.

En el aula, el sonido de los lápices llenaba el aire.

Izan leía las preguntas con calma.

Lógica. Rescate. Prioridades.

Cuando vio una que hablaba de civiles atrapados y un villano activo, marcó sin dudar.

—Salvar primero —murmuró.

Cuando dijeron que el tiempo había terminado, dejó el lápiz sobre la mesa y soltó el aire.

—Creo que sobreviví.

La ciudad falsa se abrió frente a ellos como un escenario de guerra.

Edificios rotos, calles agrietadas, sombras largas.

—Vaya —dijo Izan—. Esto sí parece serio.

La voz de Present Mic retumbó por los altavoces.

—¡¡COMIENZO!!

Las puertas se abrieron.

Izan dio un paso.

Y desapareció.

Apareció varios metros adelante. Por un segundo, su cabello se volvió rojo, como si una chispa de fuego lo ayudara a cruzar el espacio.

—Tch… me pasé —murmuró.

Saltó a un edificio y observó desde arriba.

Explosiones. Rayos. Robots cayendo.

Abajo, el chico de cabello verde estaba paralizado frente a un robot que levantaba su brazo.

—Muévete —susurró Izan.

Un láser atravesó al robot desde otro lado.

Izan sonrió.

Saltó.

Apareció detrás de otro robot y apoyó la mano en su espalda metálica.

—Pulso.

Una onda corta lo apagó.

Más adelante, dos estudiantes corrían directo hacia un derrumbe.

Izan activó su don.

Su cabello volvió a tornarse rojo.

El aire se volvió pesado.

Los escombros cayeron más lento, como si dudaran en obedecer a la gravedad.

Izan empujó a los estudiantes fuera de peligro y desapareció otra vez.

Desde la cabina de observación, Aizawa frunció el ceño.

—Ese chico no se queda quieto.

Nezu sonrió.

—Pero siempre aparece donde hace falta.

La alarma cambió de tono.

El robot de cero puntos apareció, gigantesco, haciendo temblar el suelo.

Una chica quedó atrapada.

El chico verde corrió sin pensarlo.

Izan apareció a su lado.

—No te mates —dijo.

Su cabello brilló rojo otra vez mientras activaba su don.

El impacto de la caída se volvió suave, como si el suelo los recibiera con cuidado.

La chica quedó a salvo.

Izan soltó el aire.

—Estás loco —añadió—. Pero bien loco.

La sirena sonó.

La prueba había terminado.

Izan se dejó caer en una acera falsa, mirando el cielo artificial.

—Eso fue demasiado —murmuró.

Cerró los ojos por un segundo, con una sonrisa cansada en el rostro.