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Chapter 2 - Cadenas de luz y oscuridad

La Aguja Carmesí no colapsó.

Murió.

Murió como mueren los gigantes antiguos, no con un solo golpe, sino con una agonía lenta y ruidosa. La piedra se partía en capas, grietas recorriendo su cuerpo como venas rotas, fragmentos enormes desprendiéndose y cayendo hacia la oscuridad infinita del Reino de los Sueños.

Sunny corría.

El aire estaba espeso de polvo rojizo y ceniza vieja. Ardía en sus pulmones con cada respiración. Sus botas golpeaban superficies irregulares de roca flotante, algunas vibrando por el impacto de los escombros que caían cerca, otras inclinándose peligrosamente.

Detrás de ellos, la torre que había sido el corazón del terror de la Costa Olvidada se deshacía en una tormenta de ruinas sangrientas.

Pero el cansancio no era lo peor.

Era el latido.

Ese pulso extraño en su pecho.

No era su corazón.

Era algo más profundo.

Algo que vibraba dentro de su alma.

Nephis.

No necesitaba girarse para saber dónde estaba. La sentía como se siente una herida abierta, como se siente el fuego bajo la piel antes de que queme.

Como si una parte de su existencia hubiera sido arrancada y cosida a la de ella con hilos de sombra y luz ardiente.

—No mires atrás —ordenó Nephis mientras saltaba una grieta abierta entre dos placas de piedra.

Sunny sí miró.

No a la torre.

A ella.

A Estrella Cambiante, cubierta de sangre seca, las llamas blancas palpitando débilmente en las heridas que apenas se cerraban.

La persona por la que había destruido el portal.

La persona que ahora sostenía su destino.

El recuerdo del marco de runas rompiéndose todavía le ardía en la mente.

No pensó.

Solo golpeó.

Porque no podía dejarla sola.

Porque no podía ver a alguien que le importaba quedarse a morir en ese infierno.

Por primera vez en su vida no actuó por supervivencia.

Actuó por apego.

Y esa decisión le había costado su libertad.

Las sombras a su alrededor se agitaban, estirándose como criaturas nerviosas.

Nephis se detuvo frente a una enorme grieta vertical entre dos losas negras.

—Aquí.

Se deslizó dentro primero.

Sunny quiso detenerse.

Su cuerpo no lo hizo.

Obedeció.

Eso fue lo que más lo enfureció.

Cayó tras ella dentro de una caverna formada por la fractura de una piedra gigantesca. El polvo rojizo flotaba como niebla espesa, iluminado apenas por la luz agonizante que se filtraba desde afuera.

El rugido del colapso de la Aguja seguía resonando, como el último aliento de una bestia moribunda.

Por varios segundos solo se escucharon respiraciones agitadas.

Sunny apoyó una mano en la pared fría.

El vínculo latía.

No como poder.

Como presión.

Como cadenas invisibles cerrándose alrededor de su núcleo.

—No vuelvas a hacer eso —dijo con voz baja, cargada de peligro.

Nephis se giró con calma.

—Tenías que detenerte.

—No fue una sugerencia.

—Fue una instrucción.

—Fue una orden.

Ella no discutió.

—Es parte del vínculo.

Sunny soltó una risa sin humor.

—Qué palabra tan bonita para esclavitud.

El silencio se volvió pesado.

A lo lejos, algo se movía entre ruinas que caían.

Nephis lo observó unos segundos.

—Sabías que tu núcleo estaba colapsando.

Sunny no respondió.

—¿Lo destruiste aun así?

El defecto se despertó.

Le apretó el pecho.

—Sí.

La palabra salió sola.

—¿Sabías que habrías muerto horas después?

—Sí.

Sus sombras se estremecieron.

—¿Lo hiciste por mí?

La presión ardió.

—Sí.

Nephis exhaló lentamente.

—Eres un idiota.

Sunny no lo negó.

Ella se acercó un paso.

—Tu alma estaba rompiéndose, Sunny. No era tu cuerpo. Era tu núcleo de sombra implosionando.

Sunny apretó los dientes.

—Entonces ahora soy tu problema.

—Ahora estás vivo.

—En una jaula.

Nephis no apartó la mirada.

—Tu Aspecto reaccionó cuando pronuncié tu nombre verdadero.

Sunny sintió un escalofrío.

—Mi vínculo de sombras…

—Sí.

El eco del colapso resonó como un trueno lejano.

—No te di poder —continuó ella—. Tu habilidad se activó sola. Tu alma se aferró a la mía para no desintegrarse.

Sunny comprendió de golpe.

No había sido salvación.

Había sido instinto divino.

Dos destinos chocando para sobrevivir.

—Mi núcleo estaba devorándose a sí mismo —murmuró.

—Y el mío se sincronizó con el tuyo —asintió Nephis—. Ahora la presión se reparte.

Sunny soltó una risa amarga.

—Como estrellas condenadas a girar juntas.

—Exactamente.

Se hizo un silencio extraño.

El vínculo palpitaba con cada latido.

—Antes de la Aguja —dijo Nephis— ya sabía tu nombre verdadero.

Sunny se tensó.

—¿Quién?

—Cassie.

El mundo se inclinó.

—No.

—Lo vio en una visión.

Las sombras se agitaron violentamente.

—Ella era mi hermana —dijo Sunny con la voz rota—. La protegí. La cargué cuando no podía caminar. Luché por ella.

—Lo sé.

—¿Sabía lo que significaba un nombre verdadero?

—Sí.

—¿Sabía que era mi destino?

—Sí.

Sunny cerró los ojos.

—Entonces no me traicionó por crueldad.

—Lo hizo por amor.

Eso dolió más.

—Pensó que te salvaría —susurró Nephis.

Sunny rió sin alegría.

—Siempre tratando de salvar a otros.

Caminaron más profundo en la caverna. Las piedras formaban columnas irregulares como colmillos de una criatura antigua.

—Respóndeme algo —dijo Nephis—. ¿La odias?

El defecto presionó.

—No.

—¿Te duele?

—Sí.

—¿La perdonarías?

Sunny dudó.

—No lo sé.

La verdad lo asustó.

—¿Por qué guardabas tu nombre como si fuera oro?

—Porque era lo único que nadie podía usar contra mí.

—¿Y ahora?

—Ahora pertenezco a alguien.

Nephis no sonrió.

—No te uso como arma.

—Pero puedes.

Silencio.

Ella levantó una llama para cerrar una herida.

El dolor explotó en Sunny como si le encendieran la sangre.

Cayó de rodillas.

Las sombras se alzaron como bestias enfurecidas.

—¡Apágalo!

Nephis lo hizo al instante.

—Compartimos daño —dijo ella—. Compartimos presión espiritual.

Sunny jadeaba.

—Compartimos cadenas.

—Compartimos supervivencia.

—No es lo mismo.

Ella se agachó frente a él.

—Intenté obligarte a irte porque si te quedabas por mí… yo no habría podido marcharme.

Sunny la miró.

—¿Te importo tanto?

El defecto ardió.

—Sí.

Ella cerró los ojos un segundo.

—Y tú destruiste el portal porque no podías abandonarme.

—Sí.

El polvo flotó entre ellos como ceniza lenta.

—Nos condenamos por la misma razón —susurró Nephis.

Algo rugió lejos.

El Reino no dormía.

Sunny se puso de pie con dificultad.

—Entonces sobreviviremos.

—Juntos.

—Encadenados.

—Como quieras llamarlo.

El vínculo latía.

No como promesa.

Como herida viva.

Como destino forzado.

Y en la oscuridad más allá de la caverna, algo antiguo comenzaba a acercarse.

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