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las cenizas que cantan al noveno cielo

Mohamed_Alieu_Bah
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Chapter 1 - las cenizas que cantan al noveno cielo

Título: Las Cenizas que Cantan al Noveno Cielo

Prólogo – El año en que las estrellas lloraron sangre

En el trigésimo séptimo ciclo del Emperador Cielo Oculto, cuando la constelación del Dragón de Jade invertía su cola por primera vez en mil ochocientos años, nació un niño con tres marcas de ceniza en la frente.

No lloró al salir del vientre.

Simplemente abrió los ojos, negros como tinta de calamar vieja, y miró directamente al partero que sostenía el cuchillo de jade ritual. El hombre dejó caer el arma y retrocedió hasta chocar contra la pared de adobe. Tres días después se ahorcó con su propia túnica de luto diciendo que "el niño ya sabía su nombre secreto".

Lo llamaron Lin Xiāo Chén.

Pequeña Ceniza Matutina.

La aldea entera esperaba que muriera antes del primer invierno.

No murió.

Simplemente… se fue volviendo más silencioso cada año, como si el lenguaje humano le quedara cada vez más pequeño.

A los nueve años, cuando los otros niños ya habían comenzado a sentir el primer pulso de qi en los meridianos, Lin Xiāo Chén aún no había mostrado ninguna señal de cultivo. Los ancianos del clan Lin lo declararon "vasija rota" y lo relegaron a barrer el patio trasero del Salón de las Nubes Silenciosas.

Pero los gatos del templo lo seguían.

Cientos de gatos negros con ojos color ámbar quemado.

Nunca maullaban cerca de él.

Solo lo miraban.

Y cuando él se sentaba bajo el viejo ciruelo seco, ellos formaban un círculo perfecto a su alrededor y se quedaban quietos horas enteras, como estatuas de obsidiana respirando.

Nadie sabía entonces que esos gatos no eran gatos.

Eran fragmentos del alma de una bestia que había muerto hacía diecisiete mil años, cuando el Primer Cielo aún era joven y todavía se podía caminar hasta el Noveno sin morir en el intento.

Capítulo 1 – El que barre sombras

A los dieciséis años Lin Xiāo Chén ya medía casi dos metros.

Flaco como un junco en invierno.

Piel pálida que parecía absorber la luz en vez de reflejarla.

Y siempre con esa misma túnica gris de aprendiz descartado que nadie recordaba haberle dado.

Una noche de luna sin luna, mientras barría el tercer patio bajo la lluvia negra (esa que solo cae cuando algo importante está a punto de romperse en el mundo), escuchó la voz por primera vez.

No era una voz en los oídos.

Era una voz dentro de los huesos.

«¿Cuánto tiempo más vas a fingir que eres basura?»

La escoba se detuvo en el aire.

Las gotas de lluvia se quedaron suspendidas alrededor de él, como perlas negras flotando en tinta.

Giró lentamente.

No había nadie.

Solo los gatos.

Más que nunca.

Formando un camino perfecto que conducía hacia la Grieta Prohibida del Acantilado del Olvido.

La Grieta Prohibida era el lugar donde, según las leyendas, el Emperador del Noveno Cielo había clavado su propia espada para separar el mundo mortal del reino de los dioses caídos.

Nadie había regresado jamás de allí.

Ni siquiera los grandes maestros del reino del Loto Eterno.

Lin Xiāo Chén miró la grieta.

La grieta lo miró de vuelta.

Y entonces, por primera vez en su vida, sintió calor en el centro del pecho.

No era el calor agradable del qi circulando por los meridianos.

Era el calor de algo que llevaba demasiado tiempo ardiendo en silencio y ahora se cansaba de esperar.

Dejó caer la escoba.

Los gatos se abrieron como un abanico negro.

Y él caminó.

Capítulo 2 – Nombre que no debe pronunciarse

Dentro de la grieta el tiempo no fluía.

Se acumulaba.

Cada paso que daba Lin Xiāo Chén dejaba tras de sí una versión más joven de sí mismo que se quedaba quieta mirándolo alejarse, como si cada versión anterior se negara a seguir avanzando.

Después de tres mil pasos (o quizás tres latidos, era difícil distinguirlo), encontró la primera cosa que no debería existir:

Un puente hecho enteramente de huesos de dragón blanqueados.

Y sentado en el centro del puente, un hombre con túnica de noche líquida que absorbía las estrellas.

No tenía rostro.

Donde deberían estar los ojos, la nariz, la boca… solo había una superficie lisa de oscuridad que se movía como agua muy profunda.

—Llegas tarde —dijo la figura. Su voz era todas las voces que alguna vez lo habían despreciado, juntas y al mismo tiempo.

Lin Xiāo Chén inclinó la cabeza ligeramente. No por respeto. Solo para ver mejor.

—No sabía que tenía una cita.

La figura sin rostro soltó una risa que hizo temblar los huesos del puente.

—Todos tienen cita con la muerte.

La tuya simplemente lleva retraso de dieciséis años.

—Entonces esperaré un poco más —respondió él con calma.

La figura se levantó.

El puente entero se inclinó como si tuviera miedo.

—Tres preguntas —dijo la cosa sin cara—. Responde mal una sola vez y tu nombre será borrado de todos los libros del karma, de todas las piedras del destino, de todas las lenguas que alguna vez lo pronunciaron. Nadie sabrá que alguna vez exististe. Ni siquiera tú.

Lin Xiāo Chén asintió una sola vez.

La primera pregunta llegó como un latigazo de viento helado:

—¿Cuál es tu verdadero nombre?

Él sonrió apenas, la primera sonrisa real en muchos años.

—No tengo uno todavía.

Pero cuando lo tenga…

no será para que nadie lo pronuncie.

Será para que el cielo mismo tenga que aprenderlo.

Silencio.

Los huesos del puente crujieron.

Segunda pregunta, esta vez como un susurro de miles de niños llorando al mismo tiempo:

—¿Qué deseas más que nada en los tres mil mundos?

Lin Xiāo Chén cerró los ojos un instante.

—Quiero que nadie vuelva a mirar a un niño y piense: "este no servirá para nada".

Tercera pregunta.

Esta llegó como el sonido de una campana rota que sigue resonando después de que el metal se haya partido.

—¿Estás dispuesto a convertirte en el cuchillo que corta el Noveno Cielo… sabiendo que el filo te cortará a ti primero y más profundamente?

Lin Xiāo Chén abrió los ojos.

Y por primera vez los gatos que lo seguían desde siempre comenzaron a arder con llamas negras.

—No —dijo con voz clara—.

No estoy dispuesto a ser el cuchillo.

Voy a ser la mano que lo suelta… después de que termine de cortar.

La figura sin rostro se quedó inmóvil mucho tiempo.

Luego se inclinó profundamente.

El gesto más extraño que se haya visto jamás en el puente de huesos de dragón.

—Entonces pasa —dijo—.

El Noveno Cielo ya tiembla desde que pusiste un pie aquí.

Y los que duermen allí arriba…

por fin van a tener que despertar.

El puente se deshizo detrás de él como ceniza al viento.

Y Lin Xiāo Chén siguió caminando hacia arriba.

Hacia el lugar donde los dioses ya no eran dioses…

sino algo mucho más peligroso:

Recuerdos que se niegan a morir.

(¿Quieres que continúe hacia el ascenso por los nueve estratos prohibidos, hacia los encuentros con los fragmentos de divinidades caídas, o prefieres que desarrolle primero la relación con los gatos/vestigios del Dragón Antiguo? Dime qué dirección te llama más)