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Chapter 18 - Estática y Sombras del Pasado

Mientras Shalltear y Albedo se disponían a subir por la rampa de la imponente nave de estética Ars Goetia, el aire se volvió pesado con una energía ancestral. Marcus se adelantó, su figura de antiguo Overlord proyectando una sombra que parecía devorar la luz de los motores. Con un gesto seco, extendió su mano y les entregó tres pergaminos de aspecto ostentoso neo gótico, envueltos en un aura de color violeta oscuro.

"Escuchadme bien, Guardianas" dijo Marcus, su voz filtrándose como un susurro gélido bajo sus yelmos. "Los V son maestros del engaño y la explotación. Aunque sus rangos son bajos comparados con la jerarquía absoluta, su influencia es una red que puede atrapar incluso a los más fuertes si se descuidan".

Albedo tomó los documentos con curiosidad, sintiendo el pulso de agonía que emanaba del papel.

"¿Qué es esto, Marcus?" inquirió ella, entornando sus ojos dorados.

"Son Contratos de Alma vinculados directamente a mi autoridad" explicó Marcus con una severidad absoluta. "Si Vox intenta hackear vuestros sistemas de navegación de las naves, si Valentino se sobrepasa con su lascivia o si Velvette intenta tratarlas como simples accesorios, sacad estos contratos. En el momento en que se desplieguen, las cadenas que unen sus almas a mi voluntad se materializarán en sus cuellos".

Marcus miró hacia el horizonte viendo a lo lejos una isla infernal con ciudades de neón que se divisaba a lo lejos.

"Recordadles que, aunque ellos controlen los medios, yo controlo sus almas y su existencia. No permitáis que olviden que Nazarick no viene a pedir permiso, sino a reclamar su lugar en la cima".

Shalltear soltó una risita cruel, guardando los contratos con un celo maníaco.

"Oh, espero que intenten algo estúpido... me encantaría ver cómo se asfixian con sus cadenas que atan sus almas a ti Marcus sama, mientras les mostramos los tesoros y compasión de nuestro Señor" Ainz.

Con esta última advertencia, la nave surcó los cielos del Anillo del Orgullo, dirigiéndose directamente hacia la isla infernal y a la torre de comunicaciones de los V, donde la diplomacia más oscura de Nazarick estaba a punto de comenzar.

En la cúspide de la Torre VoxTek, el centro neurálgico de las tres islas infernales entrelazadas que era su Orgullo, Vox se encontraba rodeado de monitores que parpadeaban con datos bursátiles, tendencias de redes sociales y transmisiones de vigilancia. Con una taza de café en la mano, el Overlord de la televisión supervisaba con arrogancia la calma de su dominio.

De repente, una alarma de proximidad de alta prioridad hizo que todas las pantallas se tiñeran de rojo. Un objeto masivo acababa de romper el espacio aéreo de la ciudad de los V.

"¿Qué demonios...? ¿Quién tiene las agallas de volar sin permiso sobre mi territorio?" gruñó Vox, acercando su rostro de pantalla al monitor principal.

Las cámaras de largo alcance enfocaron el navío. Era una nave de estética Ars Goetia, imponente y rodeada de un aura de poder antiguo. Vox amplió la imagen, buscando el número de registro o el sello de la facción. Al reconocer el emblema personal grabado en el casco de color negro mate, sus ojos se ensancharon y sus circuitos emitieron chispas de estática.

Vox escupió el café de golpe, manchando sus consolas de control mientras un sonido de estática chirriante salía de sus altavoces.

La pantalla que servía de rostro a Vox se llenó de líneas de interferencia estática, emitiendo un chirrido agudo que hizo estallar las bombillas de su oficina. El café derramado chispeaba sobre los circuitos, pero él no parpadeaba. Sus ojos, ahora transformados en símbolos de error de sistema, estaban fijos en el sello de la nave.

"No... ¡No puede ser! ¡Ese maldito fantasma!" rugió Vox, golpeando su escritorio con tal fuerza que sus garras dejaron surcos en el metal. "¡Marcus fue borrado! ¡Yo mismo vi cómo sus fuerzas armadas y su poder se deshacían cuando desapareció! Si él está vivo... si ha vuelto... ¡todo el equilibrio de este archipiélago infernal se va a ir a la mierda!"

El miedo de Vox no era infundado. Marcus, como antiguo Rango XI, representaba una era de dominio absoluto que los V habían aprovechado para ascender en su ausencia. El regreso del "Amo de las Cadenas" significaba que sus propias almas volvían a estar en peligro. Con dedos temblorosos y moviéndose a una velocidad eléctrica, activó la señal de emergencia de máxima prioridad.

La Isla V: El Epicentro del Entretenimiento Corrupto

Mientras la nave de Nazarick descendía, la majestuosidad de la Isla V se desplegó ante los ojos de Albedo y Shalltear. A diferencia de las forjas industriales de Carmilla, este lugar era una pesadilla de neón y excesos:

Arquitectura de Cristal y Luz: La isla estaba dominada por tres rascacielos colosales que formaban una "V" perfecta. Cada edificio estaba recubierto de pantallas LED gigantescas que transmitían propaganda, desfiles de moda de Velvette y contenido explícito de los estudios de Valentino las 24 horas.

La Red de Vox: Cables de fibra óptica del grosor de troncos de árboles serpenteaban por las calles como venas, brillando con un flujo constante de datos y energía robada de las almas de los ciudadanos.

Distritos del Vicio: Desde el aire se podían ver los barrios dedicados a la industria de Valentino, donde el aire estaba impregnado de un humo rosado narcótico, y las zonas de diseño de Velvette, donde demonios de menor rango trabajaban sin descanso en talleres de alta costura.

Defensas Tecnológicas: Enjambres de drones con cámaras y armas de energía rodeaban la isla, creando un escudo de vigilancia que procesaba cada rostro y cada movimiento que entraba en su espacio aéreo.

El Encuentro en la Cúspide

La nave aterrizó pesadamente en el helipuerto privado de la Torre VoxTek. La rampa se deslizó hacia abajo con un silbido hidráulico, liberando una presión mágica que hizo que los drones cercanos cayeran al suelo, cortocircuitados por la mera presencia de las Guardianas.

Vox ya estaba allí, flanqueado por un Valentino que ajustaba furioso sus gafas rojas y una Velvette que no dejaba de teclear en su teléfono con una expresión de irritación pura.

¡Vox, más vale que esto sea importante! ¡Estaba en medio de una sesión!" gritó Valentino, pero su voz se apagó cuando vio emerger de la nave a las dos mujeres de Nazarick, seguidas por cajas que brillaban con un aura sobre natural.

El helipuerto de la Torre VoxTek vibraba bajo el peso de la nave de Marcus. Los V, en su posición de Rango XII (Overlords de Rango Bajo), mantenían una postura defensiva, confiados en que su nivel de poder era superior al Rango XVI (Alcaldesas) que detectaban en las dos mujeres frente a ellos. Sin embargo, la atmósfera cambió drásticamente cuando la rampa terminó de bajar.

Albedo dio un paso adelante, desplegando sus alas negras con una elegancia que hizo que incluso Velvette se detuviera a mirar.

"Saludos, señores de la estática y el deseo" —dijo Albedo, su voz cargada de una superioridad insultante. "Traemos regalos de la Gran Tumba de Nazarick y un mensaje personal de aquel que posee vuestras almas. Lord Marcus os envía sus saludos... y nosotras traemos las llaves de vuestro futuro".

Vox avanzó con chispas brotando de su pantalla, su voz distorsionada por la interferencia mientras intentaba intimidarlas.

—"¡Escuchadme bien, muñequitas! No sé qué rango creéis tener en vuestra tumba, pero aquí estáis cuatro niveles por debajo de la cadena alimenticia" —amenazó Vox, mientras sus puños se cargaban de electricidad—. "Entregad la nave de Marcus y quizás os deje marchar como un par de modelos de segunda para Velvette".

Albedo soltó una carcajada melodiosa, un sonido cargado de un veneno tan puro que hizo que Velvette retrocediera un paso sin darse cuenta. La Guardiana de los Guardianes acarició con parsimonia los tres pergaminos que llevaba en su mano, observando a Vox con la misma mirada con la que un entomólogo observa a un insecto particularmente molesto.

—"Oh, querido... ¿realmente crees que los números de este mundo significan algo cuando estás frente a la voluntad de Nazarick?" —dijo Albedo, con un sarcasmo que goteaba superioridad—. "Es adorable que pienses que tu rango nos importa cuando vuestra propia existencia pende de un hilo que yo sostengo entre mis dedos".

Shalltear se abanicó con su sombrilla, soltando una risita aguda y burlona mientras miraba a Valentino, quien la observaba con una mezcla de cautela y deseo.

—"Vaya, así que este es el famoso 'rey del entretenimiento'" —comentó Shalltear, recorriendo el lugar con una mirada de asco—. "Qué sitio tan... ruidoso y barato. Casi me da lástima que Marcus nos hiciera venir a tratar con seres tan mediocres. Pero supongo que incluso los desperdicios pueden ser útiles si se les pone la correa adecuada".

Valentino rugió, golpeando el suelo con su bastón, pero antes de que pudiera liberar su humo narcótico, Albedo desplegó los tres Contratos de Alma vinculados a Marcus. El aura violeta de los pergaminos envolvió el helipuerto, y un sonido de metal pesado arrastrándose comenzó a resonar desde el vacío.

—"Dinos, Vox..." —continuó Albedo, sus ojos dorados brillando con una luz cruel— "¿Preferirías seguir ladrando sobre rangos, o prefieres que estas cadenas se materialicen en vuestros cuellos ahora mismo? Marcus fue muy claro: si os ponéis 'intensos', tenemos permiso para recordaros a quién le pertenece vuestra alma".

El pánico se reflejó en la pantalla de Vox. La mención de las cadenas de Marcus, combinada con la visión de los contratos reales, rompió su fachada de superioridad. Sabían que, aunque su rango fuera XII, los contratos de Marcus operaban bajo leyes de deuda que ignoraban cualquier jerarquía convencional.

—"Ahora..." —dijo Shalltear, señalando con un gesto perezoso los suministros que sus Novias Vampíricas empezaban a descargar— "vamos a hablar de negocios. Traemos Uranio Celestial y Escarlatita que vuestras mentes limitadas apenas podrán comprender. Y si os portáis como buenos perritos, quizás Valentino reciba algunas de mis niñas para sus patéticos videos y un poco de esa Poción Roja que tanto necesitáis para no morir en el próximo Exterminio ".

Albedo sonrió, cerrando los contratos pero manteniéndolos a la vista.

—"¿Nos vais a invitar a pasar, o tenemos que decorar vuestra preciosa torre con vuestras cenizas antes de empezar la reunión?".

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