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Chapter 13 - Capitulo 9

Damián avanzaba entre los árboles del bosque, sus pasos crujían sobre la hojarasca mientras intentaba mantener la concentración. El sol estaba en lo alto, pero la luz apenas lograba atravesar el follaje denso.

Aún sentía el dolor de las heridas de los lobos y del oso que lo habían atacado semanas atrás; algunas de las cortadas se habían reabierto y le recordaban la fragilidad de su cuerpo humano.

Tras un mes de recuperación comenzo a entrenar para no seguir muriendo tan facil,aunque el cuerpo aun le dolia ya que no habia sanado por completo pero si lo necesrio para seguir trabajando,retomar su trabajo nocturno como ladrón y empezar a entrenar un poco pese al dolor.

Aun así, seguía entrenando, practicando movimientos de evasión y defensa con sus cuchillos, intentando mejorar su coordinación y reflejos.

Decidió entrenar ya que no se iba a permitir morir nuevamente sin siquiera defenderse.

Los aldeanos habían empezado a notar algo extraño. Las heridas de Damián, que supuestamente estaban cicatrizadas, se abrían de nuevo sin razón aparente.

Nadie sospechaba la verdad; él solo mencionaba que se había resbalado en su habitación.

Mientras practicaba un giro evasivo, Damián sintió un cambio en el ambiente: un escalofrío recorrió su espalda.

Entre los árboles, figuras encapuchadas se movían con sigilo, observándolo con atención.

Sus túnicas negras absorbían la luz, y cada movimiento parecía calculado.

Sus rostros estaban ocultos, pero Damián pudo percibir la calma mortífera que emanaban.

Uno de ellos dio un paso adelante, alzando una mano en un gesto que no era de amenaza directa, pero sí de aviso.

Damián se detuvo, respirando con dificultad.

"¿Quiénes… quiénes son ustedes?" preguntó, manteniendo los cuchillos frente a él, sin bajar la guardia.

Una voz profunda, fría y serena, respondió desde debajo de la capucha:

"Somos investigadores. Observamos anomalías, y creemos que tú… eres una de ellas."

—¿Anomalía?— Damián frunció el ceño, confundido.—No entiendo… ¿de qué hablan?

Los demás investigadores se acercaron, moviéndose con la precisión de quienes saben exactamente lo que buscan.

Sus túnicas tenían bordes grises que reflejaban la luz del sol, y portaban cinturones con pequeños talismanes colgando: amuletos que vibraban levemente, como si captaran algo invisible.

No hablaban más, dejando que Damián procesara la información.

Un escalofrío recorrió su cuerpo. La palabra "anomalía" resonaba en su mente y algo dentro de él le dijo que estos no eran simples aldeanos ni viajeros perdidos.

Damián retrocedió unos pasos.

"Entonces… ¿me quieren… matar?" preguntó con cautela.

Un silencio pesado llenó el bosque.

Finalmente, el líder asintió lentamente.

"Si representas un peligro, no podemos dejar que sigas existiendo. Pero si eres útil… quizá encontremos un propósito para ti."

El corazón de Damián latió con fuerza.

Sin dudarlo, dio media vuelta y corrió por el bosque, desviándose entre los árboles y saltando sobre raíces y rocas.

La adrenalina lo impulsaba, pero su cuerpo aún estaba débil; cada movimiento le costaba, y el dolor de las mordidas y rasguños era constante.

Tras varios minutos de huida desesperada, Damián llegó a una cueva profunda.

La entrada estaba cubierta de musgo y sombras, y dentro un frío húmedo le recorrió la espalda.

Sin pensar, se adentró, buscando un lugar donde poder recuperarse y pensar.

Sus pasos resonaban en la roca mientras la oscuridad lo envolvía.

Al fondo de la cueva, una luz tenue empezo a brillar en un pedestal.

Sobre él descansaban dos espadas encadenadas, cadenas casi soldadas a la roca de la cueva, con grietas que emitían un brillo celeste debíl.

Las hojas eran curvas, afiladas.

Una barrera mágica las protegía, visible como un leve resplandor que ondulaba frente al pedestal.

Damián se acercó cauteloso.

Al extender la mano, la barrera se deshizo, y las espadas reaccionaron, como si lo reconocieran.

Las empuñó, sintiendo un peso inusual en sus brazos, pero no completamente incómodo.

Sin embargo, no sabía cómo controlarlas.

Desde la entrada de la cueva, los investigadores habían llegado.

Damián los vio, y en un impulso intentó atacar, balanceando las espadas.

Pero las armas se soltaron de sus brazos, golpeando la roca y cayendo frente a los investigadores.

Los investigadores se detuvieron un instante, sorprendidos al ver que las espadas habían reaccionado ante Damián.

Luego, al notar que las había soltado, una risa fría recorrió sus gargantas antes de avanzar.

Damián retrocedió, sabiendo que su oportunidad de escape era nula.

Antes de que pudiera reaccionar, uno de ellos lanzó un hechizo que lo alcanzó, y Damián cayó al suelo.

Su cuerpo sangraba y sus sentidos se apagaban lentamente.

Al alzar la mirada uno de ellos saco una espada y la clavo en su pecho.

Su forma astral emergió de su cuerpo.

La forma astral de Damián cayó de rodillas frente a su cuerpo ensangrentado.

Tenía los ojos muy abiertos, respirando como si le faltara el aire, aunque técnicamente no necesitara hacerlo.

Las lágrimas simplemente corrían… sin que él entendiera cómo era posible.

Rhazel apareció detrás de él, su tono burlón, pero con un filo más oscuro que antes:

—Vaya… ¿otra vez llorando? Qué frágil eres Damián.

Damián apretó los dientes, temblando.

—¿Por qué… por qué me atacaron? —logró preguntar con la voz entrecortada.

Rhazel inclinó la cabeza, disfrutando su dolor.

—Porque te vieron como lo que eres: algo que no debería existir. Una anomalía.

Y si no fuera por mi, ellos ya habrían arreglado ese "problemita".

Ellos son parte de un culto... La orden del velo eterno; Ellos se encargan de eliminar cualquier ser que no encaje en ninguna categoria: Humano,demonio,bestia,dios,semidios, entre otros; eso debido a una conspiración algo extraña

No se como te habran encontrado,pero si se que siempre encuentran a seres como tu.

Damián sintió un nudo en el estómago, mezclando miedo, rabia e impotencia.

—¿Puedes dejarme un momento?… —susurró.

Rhazel sonrió, cruel.

—¿Por qué? Deberías agradecerme ya que soy la única que quiere que sigás vivo… por ahora.

Pero ellos todavía están ahí.

Respirando.

Caminando.

Listos para volver a matarte cuando regresés a tu cuerpo.

Ellos aunque no puedan verte saben que no estas muerto del todo.

Damián se levantó torpemente, todavía llorando.

—Ya te dije… dejame…—Dijo más fuerte.

—¿Y qué vas a hacer? ¿Llorarles encima? —añadió ella, acercándose a su oído.—

Eliminálos, o van a eliminarte de verdad.

Algo en Damián se quebró.

Un impulso brutal salió de su pecho sin que él entendiera cómo.

Una onda cortante salió disparada hacia los árboles, arrancándolos como si fueran papel.

Los investigadores se alertaron al instante.

Damián dio un paso más, con lágrimas cayendo pero los ojos llenos de ira.

— ¡CALLATEEEE!

Otra onda salió más fuerte, más inestable arrasando rocas y partiendo el suelo.

Los investigadores retrocedieron, pero el tercer ataque los alcanzó de lleno.

La energía los cortó como si fueran sombras.

Damián se quedó quieto.

Miró sus manos astrales… temblando como nunca.

—¿Qué… qué hice? —susurró, horrorizado.

Rhazel sonrió.

—Lo que debías hacer.

Damián no podía creer lo que acababa de hacer.

Mato a cinco personas en un instante sin saber como.

Se sintió muy culpable y algunas lágrimas cayeron de sus ojos.

Cuando volvió a su cuerpo, adolorido y tembloroso, Rhazel añadió:

"Ellos vinieron por ti porque creen que eres un peligro… o un recurso.

Ahora sabes quiénes son y qué esperan de los que encuentran."

Esperó un rato allí solo para calmarse un poco.

Damián asimiló la información con el corazón latiendo con fuerza y después de un rato volvió a su cuerpo,el todavía procesando lo que acababa de suceder.

Con esto sucedido volvió a la aldea,de a poco sentía que estas cosas le iban afectando la cabeza.

Al caer la noche, decidió regresar a la cueva.

Tomó las espadas con cuidado y las llevó a su habitación en la aldea, asegurándose de que los aldeanos no las vieran y se asustaran.

Se sentó frente a ellas sobre la cama, examinándolas, consciente de que esas armas eran solo el comienzo de un poder que aún no comprendía del todo.

-Eres más débil de lo que crees, Damián,- susurró Rhazel en su mente, su tono sarcástico y frío. -Y aún así, confías en que podrás usarlas. Qué ingenuo.-

-Rhazel porfavor solo dime...¿Qué son estas espadas?- preguntó Damián aún asimilando lo recién sucedido.

-Estas son las Espadas de Aetheris. Las espadas fueron creadas para un portador que pudiera soportar su voluntad. Estas no obedecen a cualquiera-

Damián apretó las empuñaduras, su mente llena de preguntas y miedo.

Sabía que lo que acababa de suceder era solo un paso más en un camino que aún no entendía del todo.

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