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Chapter 54 - Smeltings inicio del año escolar

A la mañana siguiente, en Spinner's End, Severus Snape se levantó temprano.

Había algo que hacer.

Subió las escaleras y abrió la puerta de la habitación de Anya.

—Anya, despierta —dijo con su tono serio habitual.

La niña se movió debajo de las mantas.

—Cinco minutos más… —murmuró con voz somnolienta.

Snape cruzó los brazos.

—Levántate. Recuerda que debemos salir temprano para llegar a los dormitorios.

Anya apenas abrió un ojo.

—Solo… cinco minutos…

Cinco minutos se convirtieron en diez.

Diez en veinte.

Y finalmente, casi treinta minutos después, Snape seguía de pie al lado de la cama.

—Anya.

Ella finalmente se sentó en la cama con el cabello completamente despeinado.

—Ya estoy despierta…

Su voz decía lo contrario.

La niña caminó lentamente hacia el baño, todavía medio dormida.

Snape suspiró y bajó las escaleras hacia la cocina. Detrás de él, la maleta de Anya flotaba en el aire, moviéndose obedientemente gracias a un sencillo hechizo.

En la cocina, el elfo doméstico de la familia apareció de inmediato.

—Buenos días, maestro —dijo Loky con una reverencia.

—Prepara el desayuno.

—¡Sí, maestro!

Unos minutos después, Anya bajó las escaleras frotándose los ojos.

Loky ya tenía todo preparado: huevos, tostadas, fruta y un vaso de leche.

—Señorita Anya debe comer mucho —dijo el elfo con seriedad—. Primer día de escuela importante.

Anya se sentó y empezó a comer mientras bostezaba.

Snape bebía su cafe en silencio.

—¿Estás completamente despierta? —preguntó finalmente.

Anya pensó unos segundos.

—Casi…

Snape decidió no comentar nada.

Después del desayuno, ambos salieron de la casa.

La mañana en el barrio muggle estaba tranquila mientras caminaban por la calle. Snape levantó la mano para detener un taxi.

El vehículo se detuvo frente a ellos.

El conductor miró brevemente a Snape, vestido completamente de negro, y luego a la niña con su uniforme escolar.

—¿A dónde van?

Snape abrió la puerta.

—A Academia Smeltings.

El taxi arrancó mientras Anya miraba por la ventana con curiosidad.

Una hora después, el taxi se detuvo frente a la entrada de la academia Smeltings.

El edificio era grande y elegante, con amplios jardines y varios pabellones de ladrillo rojo. Muchos estudiantes caminaban por los caminos de piedra junto a sus padres, algunos arrastrando maletas, otros conversando nerviosamente antes de la ceremonia de inicio.

Anya Snape observaba todo con atención.

—Papá… hay muchos estudiantes —comentó mientras miraba a su alrededor.

Severus Snape no respondió de inmediato. Su mirada analizaba el lugar con la misma frialdad con la que examinaba un laboratorio.

Finalmente se acercó a un guardia que vigilaba la entrada.

—¿Dónde se encuentran los dormitorios? —preguntó con voz tranquila.

El guardia señaló un camino.

—Siga de frente y doble a la derecha. Hay un letrero que indica dónde girar.

—Gracias.

Snape regresó donde estaba Anya, que esperaba junto a las maletas.

Tomó ambas con facilidad.

—Vamos.

Caminaron por el campus siguiendo las indicaciones hasta llegar a un edificio más pequeño.

Al entrar, una mujer de mediana edad se acercó hacia ellos con una tableta en la mano.

—Buenos días —dijo con tono profesional—. Soy la cuidadora de los dormitorios, la señora Sarah Fine. ¿Sus nombres?

—Severus Snape —respondió él.

—Anya Snape —dijo la niña levantando la mano.

La señora Sarah revisó la lista en su tableta durante unos segundos, confirmando la información.

—Claro… los Snape. Síganme, por favor.

Los guio por el interior del edificio y cruzaron hacia otro pabellón.

—Este pabellón es el dormitorio solo para chicas —explicó la señora Sarah mientras caminaban por los pasillos.

Las paredes estaban limpias y ordenadas, con números en cada puerta.

Finalmente se detuvieron frente a una habitación marcada con el número 18.

La cuidadora abrió la puerta.

Dentro había una habitación ordenada y sencilla: una cama individual, un escritorio debajo de la ventana, un armario y una pequeña estantería.

—Esta será tu habitación, Anya.

La niña miró todo con curiosidad.

—Es bonita.

La señora Sarah le entregó un pequeño papel.

—Alístate rápido. La ceremonia de entrada comenzará pronto en el gimnasio. Aquí tienes un mapa con los edificios de la academia.

—Gracias —dijo Anya.

—Nos veremos luego.

La cuidadora se retiró.

Snape comenzó inmediatamente a organizar las cosas de la maleta mientras Anya guardaba sus libros en el escritorio.

En pocos minutos todo estuvo listo.

Anya ya vestía su uniforme de Smeltings: chaqueta elegante, pantalón oscuro y corbata del colegio.

—Vamos —dijo Snape.

Caminaron siguiendo el mapa hasta llegar al gimnasio.

El lugar estaba lleno de estudiantes y padres.

En la entrada, varios estudiantes mayores ayudaban a organizar a los recién llegados.

Uno de ellos se acercó.

—Los padres deben ir por ese lado —dijo señalando una sección con sillas—. Los estudiantes deben formarse según su grado.

Anya levantó la mano.

—Soy de primer año.

El estudiante mayor asintió.

—Entonces debes ir a esa fila.

Anya miró a su padre.

—Papá…

Snape bajó ligeramente la mirada hacia ella.

—Ve.

Anya caminó hacia la fila indicada, mirando de vez en cuando hacia atrás.

Snape se dirigió hacia la zona de padres.

Los estudiantes formaban filas ordenadas mientras los padres ocupaban las sillas al fondo del lugar.

En el escenario se encontraba el director de la academia, acompañado por varios profesores.

Después de unos minutos de murmullos, el director dio un paso al frente y ajustó el micrófono.

—Buenos días a todos —dijo con voz firme—. Padres, profesores y especialmente a nuestros nuevos estudiantes. Bienvenidos a un nuevo año escolar en la academia Smeltings.

El gimnasio quedó en silencio.

—Smeltings es una institución con una larga tradición de disciplina, excelencia académica y formación de carácter. Muchos de nuestros antiguos alumnos han ocupado posiciones importantes en la sociedad, y esperamos que ustedes continúen con ese legado.

Algunos padres asintieron orgullosos.

Anya escuchaba con atención, aunque por momentos miraba alrededor del gimnasio observando a los demás estudiantes.

El director continuó:

—A nuestros alumnos nuevos les digo: este será un lugar donde aprenderán no solo materias académicas, sino también responsabilidad, respeto y compañerismo.

Luego hizo una pequeña pausa.

—Y ahora, como es tradición en nuestra academia, cantaremos el himno de Smeltings.

Un profesor de música tocó unas notas en el piano colocado al costado del escenario.

Muchos estudiantes mayores comenzaron a cantar inmediatamente.

Los alumnos nuevos tardaron un poco más en seguir la letra que aparecía proyectada en una pantalla.

El gimnasio se llenó con la voz colectiva del himno de la academia.

Anya miró a los estudiantes a su alrededor antes de intentar cantar también, aunque todavía no conocía bien la letra.

Mientras tanto, en la sección de padres, Severus Snape permanecía de pie, completamente inmóvil.

Su expresión era tan seria como siempre.

Pero en su interior observaba con atención a Anya entre las filas de estudiantes.

El himno terminó entre aplausos.

El director volvió al micrófono.

—Muy bien. A continuación, los estudiantes nuevos serán guiados por los prefectos hacia sus respectivas aulas para una breve orientación antes del inicio oficial de clases.

Los estudiantes comenzaron a moverse siguiendo a los alumnos mayores.

Anya buscó a su padre con la mirada.

Cuando lo encontró, levantó discretamente la mano para despedirse.

Snape respondió con un leve asentimiento de cabeza.

Era su forma de decir: todo está bien.

Y así, Anya comenzó oficialmente su primer día en la academia Smeltings.

Los estudiantes de primer año caminaban por los pasillos de la academia Smeltings siguiendo a un alumno mayor que los guiaba hacia las aulas de orientación.

El grupo avanzaba lentamente mientras algunos empezaban a hablar entre ellos para conocerse.

—¿De dónde vienes?

Las conversaciones llenaban el pasillo.

Pero de repente, un pequeño grupo de chicos comenzó a reírse cerca de la parte trasera de la fila.

—Oye, miren eso —dijo uno de ellos señalando a una niña.

—¿Siempre tienes esa nariz tan larga? —añadió otro entre risas.

—Y ese cabello… parece un nido de pájaros.

La niña bajó la cabeza. Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas mientras intentaba ignorarlos.

Anya Snape estaba a unos pasos de distancia.

Al principio solo observó.

Pero cuando vio las lágrimas en los ojos de la niña, su expresión cambió inmediatamente.

Anya frunció el ceño.

Se giró hacia ellos.

—¡Oigan! —gritó.

Los chicos se detuvieron.

—¿Qué?

—¡Burlarse de alguien está mal! —dijo Anya con enojo—. ¡El bullying está mal!

Los chicos la miraron… y luego comenzaron a reír.

—Miren, la niña nueva quiere darnos lecciones.

—¿Qué vas a hacer? ¿Llamar a tu mamá?

Uno de ellos se acercó con actitud arrogante.

—Mejor cállate si no quieres problemas.

Entonces intentó empujarla.

Pero Anya se movió rápidamente hacia un lado.

El chico perdió el equilibrio por el impulso.

En ese mismo momento, Anya estiró discretamente el pie.

El bravucón tropezó.

—¡WOAH!

Cayó de cara contra el suelo del pasillo.

Por un segundo hubo silencio.

Luego varios estudiantes empezaron a reír.

—¡JAJAJA!

—¡Mira cómo cayó!

El chico se levantó rápidamente, rojo de vergüenza y furioso.

Miró a Anya con odio.

Pero justo en ese momento, uno de los profesores se acercó por el pasillo.

—¿Qué ocurre aquí? —dijo con voz seria—. Están retrasando al grupo.

Todos se quedaron callados inmediatamente.

—Sigan caminando. Ahora.

Los estudiantes obedecieron y comenzaron a avanzar otra vez.

El chico bravucón lanzó una última mirada molesta a Anya antes de irse.

Unos pasos más adelante, la niña que había sido acosada se acercó a Anya.

Todavía tenía los ojos un poco rojos.

—Gracias… —dijo en voz baja—. Nadie había hecho eso antes.

Anya sonrió.

—No fue nada.

 

La niña respiró hondo.

—Me llamo Becky.

—Yo soy Anya —respondió Anya alegremente—. ¿Quieres ser mi amiga?

Becky se sorprendió un momento… y luego sonrió.

—Me encantaría.

Las dos continuaron caminando juntas por el pasillo mientras el grupo avanzaba hacia las aulas.

Severus Snape abandonó el campus con pasos rápidos y silenciosos.

Caminó varias calles hasta encontrar un callejón vacío.

Miró a ambos lados para asegurarse de que ningún muggle estuviera observando.

Entonces levantó ligeramente su varita.

En un instante, su traje formal comenzó a cambiar. La tela se oscureció, se alargó y tomó la forma de su habitual túnica negra de mago.

Snape dio un último vistazo alrededor.

Y desapareció con un suave crack.

El callejón quedó completamente vacío.

Segundos después apareció frente a la vieja casa de Spinner's End.

Sin perder tiempo, entró directamente a la sala y caminó hacia la chimenea.

Tomó un puñado de polvos flu.

—Oficina del director.

Las llamas verdes lo envolvieron inmediatamente.

Un momento después, Snape cayó con elegancia dentro de la chimenea de la oficina de Albus Dumbledore en Hogwarts.

Dumbledore estaba sentado tranquilamente detrás de su escritorio, como si hubiera estado esperándolo.

—Ah, Severus —dijo con una sonrisa tranquila—. Me preguntaba cómo había.....

Snape ni siquiera se detuvo.

Dumbledore observó cómo Snape abandona su oficina y comenzó a caminar rápidamente por los pasillos de piedra del castillo.

Su túnica negra ondeaba detrás de él como una sombra.

Los estudiantes que se cruzaban con él se apartaban inmediatamente del camino.

—¡Profesor Snape!

—¡Buenos días, profesor!

Snape no respondía.

Doblando esquinas y descendiendo escaleras, finalmente llegó a las mazmorras donde se encontraba su aula.

Dentro del salón, los estudiantes de Ravenclaw y Gryffindor ya estaban esperando.

El murmullo llenaba el aula.

—¿Dónde está Snape?

—Nunca llega tarde.

Entonces la puerta se abrió con un golpe seco.

Todos se quedaron en silencio inmediatamente.

Snape entró con su expresión habitual, fría y peligrosa.

Caminó hasta el frente del aula.

Sus ojos negros recorrieron a los estudiantes como si evaluara a cada uno.

Finalmente habló.

—Saquen sus pergaminos.

Los alumnos obedecieron rápidamente.

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