Spinner's End – Temprano en la mañana
El reloj de pared marcaba las ocho, pero la casa llevaba despierta desde mucho antes.
León revisaba su lista mental de cosas pendientes mientras Anya daba vueltas alrededor de la mesa, mirando con emoción el folleto del colegio muggle y un catálogo de uniformes.
Snape seguía encerrado en su oficina.
Desde la puerta entreabierta, ambos podían verlo inclinado sobre una pila de libros antiguos. Sus dedos recorrían páginas llenas de símbolos extraños, diagramas de runas, círculos de protección y notas escritas con su caligrafía fina y angulosa.
"Encantamientos de ocultamiento avanzado"
"Runas defensivas nórdicas"
"Amuletos familiares y vínculos de sangre"
Anya inclinó la cabeza, intrigada.
—Hermano… papá parece estar preparando un examen de muerte.
León la miró en silencio, luego volvió la vista hacia la oficina.
La atmósfera alrededor de Snape era… peligrosa. No violenta, pero intensa. Como una tormenta contenida en una botella.
—No preguntes —susurró León.
—¿Por qué?
—Porque cuando papá investiga cosas así, significa que alguien, en algún lugar, le dio una razón.
Un rato después, la puerta de la oficina se abrió con un leve chasquido.
Snape salió con su túnica negra perfectamente arreglada, pero con ojeras leves.
—Estamos listos —dijo León.
—Lo sé —respondió Severus.
Anya levantó la mano como si estuviera en una excursión.
—¡Anya también está lista! ¡Hoy compraremos ropa muggle normal! ¡Anya será una niña normal!
Snape la miró durante un segundo.
León reprimió una sonrisa.
Camino a Londres
Decidieron ir por métodos muggles.
El autobús muggle estaba lleno de gente común, niños con mochilas, madres cansadas, hombres leyendo periódicos.
Anya miraba todo con fascinación.
Snape decidió ignorar eso.
León miraba por la ventana.
—Es extraño —murmuró—. Hogwarts siempre se sintió como un mundo aparte. Pero Anya tendrá que vivir en ambos.
—Eso la hará más fuerte —respondió Severus sin dudar.
—Si me hará más fuerte —correspondio Anya
Al llegar al centro de la ciudad, los tres caminaron por las tiendas de ropa, donde se observa con gran diferencia que conforme se acerca el inicio escolar, las tiendas de uniformes escolares están demasiado llenas con respecto a su capacidad y las de ropa formal vacias, pero aun asi tenían que entrar a una de ellas.
Schoolwear United's
El local estaba lleno de padres desesperados y niños quejándose.
Una dependienta los recibió con una sonrisa automática.
—¿Para Smeltings Academy?
—Sí —respondió Snape.
La mujer midió a Anya con cinta métrica mientras ella giraba como un trompo.
—Se ve muy inteligente —dijo la dependienta.
—Lo soy —respondió Anya con seriedad.
Snape solo escucho el falso alago de la dependienta, pero decio ignorarlo.
—¿Tiene telas resistentes? —preguntó.
—Eh… sí, algodón reforzado.
—Necesito algo que no se rompa fácilmente.
—¿Su hija practica deportes extremos?
Snape pensó en explosiones accidentales, hechizos fallidos.
—Algo así.
Mientras pagaban, León se acercó a Anya con una sonrisa ligera.
—¿Emocionada?
—¡Sí y hare muchos amigos!
Esperaron unos treinta mientras les entregaban los unformes comprados en bolsas.
¿A donde vamos ahora papa? pregunto anya
Severus saco una hoja donde iba tachando lo que compraba.
vamos por tus útiles escolares respondio Snape
Librería Imperio
La librería parecía una zona de guerra.
Padres corriendo con listas en mano, niños peleando por marcadores de colores, empleados gritando números de pedido, y carritos de compras chocando como si fueran carros de choque.
León empujaba el cochecito con calma estratégica, mientras Snape avanzaba con una expresión que decía claramente "odio este lugar".
Anya, por otro lado, estaba en su elemento.
—¡Hermano, mira! ¡Plumones con olor! ¡Huelen a fresa!
—No necesitas plumones con olor —respondió Snape mientras colocaba cajas de lápices y lapiceros negros en el carrito.
—¡Pero Anya quiere!
Snape tomó una caja, la olfateó con desconfianza.
—Esto no es fresa. Esto es furaneol.
Anya se quedo en blanco.
"Sabes podría explicarlo, pero tu como una gran detective se que lo descubrirads facilmente" dijo Leon sonriendo
"claro que lo hare y les enseñare" grito Anya
Snape entendio las palabras de león, que servia de motiva a Anya asi que lo dejo pasar estando de acuerdo.
"pero como todo gran detective necesitas llevar muestras verdad" dijo león
"es cierto papa" grito Anya quien habia vuelto a tomar los plumones
Severus solo asintio
León suspiró y añadió una caja al carrito.
Despues de terminar esta parte útiles escolares, llegaron a la sección de cuadernos. Había de todo: lisos, con flores, con autos, con dragones, con personajes animados.
Snape tomó un paquete de cuadernos completamente negros.
—Estos servirán.
Anya los miró como si fueran una tragedia.
—¡Son aburridos!
—Los cuadernos no están hechos para entretener —replicó Snape—. Están hechos para escribir.
Anya tomó uno rosado con estrellas y un unicornio en la portada.
—¡Pero estos son bonitos!
Snape tomó otro, azul con diseño de galaxias.
—La distracción visual reduce la concentración.
—¡Pero aumentan la felicidad! —replicó Anya.
León observaba la escena con expresión neutral, pero divertido por dentro.
—Padre —intervino—, es una escuela muggle. Los niños usan cuadernos con diseños. Si Anya lleva estos —señaló los negros—, destacará demasiado.
Snape frunció el ceño.
—Destacar no es necesariamente malo.
—En este caso sí. Queremos que pase desapercibida.
Silencio.
Snape miró los cuadernos de unicornio como si fueran una criatura peligrosa.
—…Escoge diseños simples.
Anya levantó los brazos victoriosa.
—¡Victoria estratégica!
León añadió discretamente algunos cuadernos de diseño sobrio al carrito, evitando los más llamativos.
Snape los observó con resignación.
Sección de Libros
La parte más eficiente del lugar.
Solo tenían que entregar la lista escolar en el mostrador.
—Smeltings Academy, grado correspondiente —dijo Snape.
La empleada tecleó rápidamente.
—Ya tenemos los paquetes preparados por grado. ¿Nombre del grado?
—sexto.
La mujer levantó una ceja, pero no preguntó nada.
Minutos después, regresó con una caja sellada.
—Aquí están todos los libros de texto, cuadernos de trabajo y material complementario.
Snape inspeccionó el paquete como si buscara maldiciones ocultas.
—¿Incluye contenido adicional no autorizado?
—E-eh… solo lo que exige el currículo oficial.
—Bien.
León tomó la caja y la puso en el carrito.
Salida de la librería
Anya abrazaba uno de sus cuadernos de galaxias.
—Papá, ¿puedo ponerle stickers?
Snape se quedó en silencio un segundo.
—Mientras no interfieran con el aprendizaje.
—¡Anya hará stickers educativos!
León sonrió.
—Eso no existe.
—¡Sí existe!
Ya era de noche y un taxi se detuvo frente a la vieja casa en Spinner's End.
León fue el primero en bajar, tomando varias bolsas y la caja de libros.
—Anya, toma las cosas ligeras —dijo con calma—. Yo llevo los libros.
—¡Son pesados! —se quejó ella, levantando una bolsa que claramente no lo era.
Snape, por otro lado, bajó del taxi como si hubiera sobrevivido a una batalla.
Su traje estaba impecable, pero su expresión… no tanto.
—Nunca… subestimen… el caos… muggle —murmuró, mientras caminaba lentamente hacia la casa.
Cuarto de Anya
León dejó las cosas sobre la cama de su hermana.
—Mañana organizamos todo —dijo—. Hoy solo descansa.
Anya abrió la caja de libros con emoción, pero sus párpados ya estaban pesados.
—Hermano… ¿crees que la escuela sea divertida?
—Será… diferente. Pero si necesitas algo vendre por ti.
Anya sonrió y se dejó caer sobre la cama.
—Anya será una estudiante ejemplar.
León dudó.
—Eso… lo veremos.
Habitación de Severus
Mientras tanto, Snape entró a su habitación arrastrando los pies, literalmente.
Cerró la puerta, dejó la bolsa que llevaba sobre la silla y se quitó la túnica con un movimiento lento.
Se dejó caer en la cama sin siquiera encender las luces.
Por un momento, su mente quiso volver a la lista interminable de cosas que debía hacer: protecciones, amuletos, runas, Lupin, Dumbledore, el inicio de clases, la escuela de Anya…
Pero su cuerpo decidió por él.
—Mañana… continuaré…
Cerró los ojos.
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Hogwarts – Oficina del Director
Albus estaba en su oficina revisando unos documentos, pero de pronto uno de los recuadros Hablo.
"Albus, el jefe de Aurores quiere hablar contigo, es urgente" dijo Dylis exdirector de Hogwarts
"Dile pase por la red flu" respondio Albus
Las llamas verdes de la red Flu vibraban con violencia mientras la imagen del jefe de aurores se materializaba dentro de la chimenea.
Rufus Scrimgeour tenía el rostro pálido, sudoroso.
Nada en su expresión recordaba al político optimista de siempre.
—Profesor Dumbledore… tenemos un problema grave.
Dumbledore dejó su pluma y entrelazó los dedos con calma, aunque sus ojos azules se afilaron.
—Te escucho, Rufus.
Scrimgeour tragó saliva.
—Sirius Black ha escapado de Azkaban.
El silencio cayó como una maldición.
Los retratos de antiguos directores dejaron de murmurar. Incluso Fawkes, el fénix, alzó la cabeza con un leve chillido.
Dumbledore no se movió, pero su expresión perdió la calidez habitual.
—¿Estás seguro? —preguntó con voz baja, grave.
—¡Completamente! —exclamó Rufus Scrimgeour, casi histérico—. ¡Nunca nadie había escapado de Azkaban! Los dementores están furiosos… y aterrados. Nadie sabe cómo lo hizo.
Dumbledore cerró los ojos por un instante.
Sirius Black.
El presunto traidor.
El padrino de Harry Potter.
El hombre que todos creían un asesino en masa.
—¿Cuál es la versión oficial? —preguntó finalmente.
—todavía lo están debatiendo en el wizengamot, ellos nos informaran —respondió Rufus Scrimgeour mientras se sentaba.
1 hora despues.
De la chimenea volvieron a aparecer las llamas verdes de la red Flu vibraban con violencia mientras la imagen del ministro se materializaba dentro de la chimenea.
—¿Cómo fue, Cornelius? —preguntó Dumbledore
—Que va tras Harry Potter —respondió Cornelius sin dudar—. Es lo que la prensa dirá, y es lo que el público creerá. Necesitamos pánico controlado, Albus. Los padres deben saber que el Ministerio está actuando.
Dumbledore suspiró lentamente.
—Los dementores… ¿seguirán en Azkaban?
—No —dijo Fudge—. El Wizengamot aprobó desplegarlos alrededor de Hogwarts. Creen que si Black intenta entrar al castillo, será detenido.
Los ojos de Dumbledore brillaron con una mezcla de disgusto y preocupación.
—Los dementores no pertenecen a Hogwarts —dijo con firmeza—. Son criaturas que se alimentan del miedo y la desesperación.
—¡Lo sé! —replicó Fudge—. Pero la gente necesita sentirse segura. Y Hogwarts es donde está el niño.
Dumbledore miró hacia la ventana, donde las torres del castillo se alzaban bajo el cielo nublado.
Hogwarts, el lugar que siempre había sido un refugio, ahora sería rodeado por criaturas de oscuridad.
—Informaré a los profesores —dijo finalmente—. Y tomaré mis propias precauciones.
Fudge asintió, aliviado.
—Gracias, Albus. Y… mantén a Severus Snape vigilado. Él conocía bien a Black.
Dumbledore no respondió de inmediato.
Sabía perfectamente lo que Sirius Black significaba para Severus Snape.
Y sabía que esta noticia… no le agradaría en absoluto.
La imagen de Fudge se desvaneció de las llamas, seguido de Rufus.
