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Chapter 7 - Lluvia negra

9 de agosto del año 2445 D.C. – 8:49 p.m.

La lluvia negra caía sin sonido.

Mikaela caminaba entre los restos de una megaciudad muerta. Su cuerpo había cambiado. No de forma grotesca… sino precisa. Cada movimiento era más eficiente. Su respiración se había adaptado al aire tóxico. Las heridas cicatrizaban solas, dejando marcas oscuras en su piel.

Habían pasado 49 días.

49 días sin dormir más de dos horas seguidas.49 días luchando contra bestias que no figuraban en ningún registro.49 días aprendiendo que en el Centro del Mundo, la debilidad se paga con la muerte.

Frente a ella, una criatura se arrastraba. No atacaba. Gemía.

Tenía restos de implantes metálicos oxidados… similares a los que Shi había visto.

—No eres natural… —murmuró Mikaela.

Alzó su espada.

Pero se detuvo.

La bestia… hablaba.

—M… ma… ta… —gimió, como si la palabra le quemara la garganta.

Mikaela retrocedió un paso.

—¿Qué… eres?

La criatura levantó el rostro. Por un segundo, bajo la carne deformada, se distinguió algo humano. Un ojo intacto. Lleno de terror.

—E… llos… —balbuceó—. B… bajo…

El suelo tembló violentamente.

Mikaela reaccionó de inmediato, saltando hacia atrás. Una estructura cercana colapsó, revelando una entrada subterránea gigantesca. Luces blancas parpadeaban en el interior. Tecnología activa.

—Una instalación… —susurró.

"Jaula blanca".

El recuerdo del mensaje de Shi la atravesó como una puñalada.

Antes de que pudiera avanzar, una presión aplastante cayó sobre su cuerpo. Mikaela cayó de rodillas, jadeando. Algo estaba interfiriendo con su sistema nervioso.

Una figura emergió desde la entrada.

Un humano.

Alto. Delgado. Vestido con un uniforme blanco impecable. Su rostro era sereno, casi amable. Sus ojos… completamente vacíos.

—Impresionante —dijo con calma—. Sobreviviste más de lo que calculamos.

Mikaela forzó su cuerpo a levantarse.

—¿Quién eres?

El hombre sonrió.

—Eso ya no importa. —La observó con interés clínico—. Tú eres el resultado que esperábamos… incluso sin intervención directa.

—¿Ustedes… controlan a las bestias?

—Las mejoramos —corrigió—. La humanidad no necesita barreras eternamente. Necesita evolución.

El corazón de Mikaela latía con furia.

—¿Shi murió por esto?

El hombre inclinó la cabeza.

—El chico fue… inconveniente. Pero útil.

La sonrisa desapareció del rostro de Mikaela.

Su aura cambió.

El suelo comenzó a resquebrajarse bajo sus pies.

—Entonces… —dijo con voz temblorosa de rabia— voy a destruirlos a todos.

El hombre dio un paso atrás.

Por primera vez… parecía incómodo.

—Interesante… —murmuró—. Muy interesante.

A kilómetros de distancia, dentro de la barrera, Kaptein se despertó abruptamente.

Un escalofrío recorrió su cuerpo.

—…Sigue viva —susurró.

Y por primera vez en años, sonrió.

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