WebNovels

Chapter 56 - Capitulo 53

*THYRA*

Todo a mi alrededor era caos. Las llamas verdes oscuras que había desatado se extendían por el suelo, consumiendo todo a su paso, un calor abrasador que hacía que incluso el aire pareciera vibrar. El mundo a mi alrededor temblaba, pero no me importaba. Mi mirada estaba fija en el hombre a mis pies.

Estaba cubierto de sangre, apenas consciente, su cuerpo temblaba con espasmos de miedo que no podía ocultar.

La punta de mi espada descansaba contra su cuello, apenas rozando su piel, lo suficiente para que sintiera el filo cortante con cada respiración temblorosa que intentaba tomar. Su rostro estaba pálido, y sus ojos, que alguna vez habían estado llenos de arrogancia y confianza, ahora solo reflejaban puro terror.

"Así que Vaker siempre supo dónde estaba," dije con frialdad, mi voz resonando con el eco del poder que aún fluía en mí.

Mi aliento era lento y controlado, pero dentro de mí podía sentir la furia ardiendo, tan intensa como las llamas que me rodeaban.

El hombre no respondió. Apenas podía moverse, mucho menos hablar, pero su mirada, llena de miedo, lo decía todo.

"No intentes negarlo," continué, inclinándome un poco más hacia él, haciendo que mi espada presionara un poco más contra su piel. Un hilo de sangre comenzó a deslizarse por su cuello.

"Es demasiado conveniente que en cuanto salgo del complejo de la facción hacia el Oeste, uno de sus patrocinados aparezca. ¿Qué? ¿Pensaste que era una coincidencia? ¿O acaso Vaker estaba tan desesperado que no pudo esperar más para intentar atraparme?"

El hombre tembló aún más, y por un momento pensé que colapsaría por completo antes de que pudiera responder. Pero con un esfuerzo visible, abrió la boca, su voz apenas un susurro quebrado.

"N-no fue... mi elección... Vaker... él..."

Rodé los ojos, frustrada.

"¿De verdad? ¿Eso es todo lo que tienes? ¿Echarle la culpa a alguien más? Qué patético."

Me aparté ligeramente, pero no bajé mi espada. Mi mirada se desvió hacia el caos que había creado a mi alrededor. El lugar que había sido una emboscada cuidadosamente planeada ahora era solo un campo de destrucción. Los cuerpos de los otros patrocinados de Vaker estaban esparcidos, algunos carbonizados por las llamas, otros cortados por mi espada. Habían sido habilidosos, eso no lo negaría, pero no lo suficiente para detenerme.

El hombre a mis pies intentó moverse, pero rápidamente lo detuve colocando mi bota sobre su pecho, aplastándolo contra el suelo.

"¿Sabes? Estoy cansada de jugar a las escondidas. Vaker y los demás pueden mandar a quien quieran, pero no me importa. Si quieren encontrarme, que vengan ellos mismos. Estoy más que lista para enfrentarlos."

Sus ojos se abrieron de par en par, y pude ver que mi declaración solo aumentaba su miedo.

Pero no era solo mi poder lo que lo aterrorizaba. Era mi determinación, mi completa falta de duda en lo que estaba diciendo.

"Ahora, dime," dije, bajando mi voz pero haciendo que cada palabra cortara como un cuchillo, "¿cuánto tiempo llevan siguiéndome? ¿Y qué sabe Vaker sobre mis planes?"

El hombre intentó hablar, pero su respiración era irregular, y su cuerpo estaba demasiado débil. Movió los labios, pero las palabras no salían.

"Habla," exigí, presionando mi bota con más fuerza sobre su pecho.

"E-está... buscándote... siempre... nunca dejó de hacerlo..." logró decir con dificultad.

Me incliné aún más cerca, mis ojos brillando con intensidad, y sentí cómo la voluntad de Auren dentro de mí resonaba, alimentando mi poder. "Bueno, dile algo de mi parte cuando lo veas," susurré, con una sonrisa fría extendiéndose por mi rostro. "Dile que no importa cuántos envíe, los destruiré a todos. Y cuando finalmente lo encuentre, él será el siguiente."

El hombre asintió débilmente, sus ojos rodando hacia atrás por el miedo y el dolor.

Me levanté, retirando mi bota de su pecho y bajando mi espada. El hombre colapsó por completo, inconsciente, pero vivo, aunque apenas. Lo dejé ahí, rodeado por las llamas que continuaban ardiendo a mi alrededor. Podía haberlo matado, fácilmente, pero no lo hice. No aún. Prefería que volviera con ese mensaje a Vaker. Que supiera que ya no era la misma que había estado huyendo todo este tiempo. Que entendiera que ahora era yo quien lo estaba cazando.

Giré sobre mis talones, dejando que las llamas verdes oscurecidas comenzaran a desvanecerse mientras me alejaba. La espada en mi mano aún brillaba con un leve resplandor, resonando con el poder que había aprendido a controlar. No tenía tiempo que perder. Mi destino estaba al Oeste, y este encuentro solo había retrasado mis planes.

Mientras caminaba, podía sentir la conexión que había sentido hacía meses, esa sensación familiar que me decía que no estaba sola. Mi familia estaba cerca, cada vez más. Lo sabía, aunque no podía explicar cómo.

"Estoy lista para lo que venga," murmuré para mí misma, con la voz firme y decidida. "Si ellos quieren buscarme, que lo hagan. Estoy preparada."

El viento cortaba mi rostro mientras me deslizaba a través de la tierra, los árboles y las rocas difuminándose a medida que avanzaba. Mi velocidad había alcanzado un nivel que nunca había creído posible. No necesitaba recurrir al mana ni a ninguna de las esencias que una vez luchaban por tomar el control de mi cuerpo. No, ahora todo era natural. Cada paso, cada movimiento fluía sin esfuerzo, como si el aire mismo me empujara hacia adelante.

Había pasado tanto tiempo luchando, tanto tiempo buscando un equilibrio entre las energías que habitaban dentro de mí. Pero esos seis meses de constante entrenamiento, de desatar y sujetar mis fuerzas, de escuchar los ecos de las voces que se escondían dentro de mí, me habían dado la estabilidad que necesitaba. No era perfecta, claro, aún podía sentir algunas fisuras, algunos bordes afilados en el control que tenía sobre mis poderes, pero era suficiente.

El dragón, esa esencia tan antigua y poderosa, descansaba en su cueva interna. Dormía, pero siempre vigilante. Su presencia era constante, pero tranquila. El cazador, esa parte de mí que había tomado tanto tiempo en domar, deambulaba con sigilo, su mirada siempre alerta, siempre buscando, siempre calculando. Ambos coexistían dentro de mí sin interferir. Habían encontrado su lugar. Yo había encontrado el mío.

Mi respiración se mantenía calmada mientras avanzaba sin detenerme. El paisaje se desdibujaba, pero yo no sentía fatiga, ni agotamiento. Era como si hubiera alcanzado la fluidez perfecta entre mi cuerpo y la energía que ahora controlaba. Cada zancada me acercaba más al Oeste, a lo que había ido a buscar.

De repente, una sensación me recorrió, una presión en el aire. Algo, o alguien, se acercaba. Pero no me detuve. Miré hacia adelante con determinación, consciente de que mi viaje aún no había terminado. "Lo que venga, lo enfrentaré", murmuró en voz baja. Aquel que se cruzara en mi camino lo sabría: no era la misma persona que había llegado a este continente. No. Ahora era alguien diferente, más fuerte, más preparada, y decidida a terminar lo que había empezado.

****

*CONSEJAL ARLEN*

Estaba sentado en mi sillón, una taza de café caliente entre mis manos, disfrutando de la calma de mis aposentos. Los demás líderes de la facción estaban reunidos ante mí, la atmósfera tensa, pero manejable. Había mucho en juego, y el futuro de Thyra estaba en el centro de las discusiones.

Harak, siempre directo, no perdió tiempo en ir al grano. "¿Realmente estás seguro de que es buena idea dejarla ir sola con ese loco de Vaker suelto, soltando a sus patrocinados a diestra y siniestra?" Su voz reflejaba preocupación, aunque también una dosis de desconfianza hacia la situación.

"Según la investigación de Nyssa, encontró un cementerio de cuerpos. Todos eran de la facción de Vaker. Parece que él siempre supo dónde estaba Thyra, pero esperó el momento adecuado para atacarla. Sin embargo, parece que fue demasiado precipitado."

Me quedé en silencio por un momento, tomando un sorbo de mi café mientras observaba a los presentes. La preocupación era válida, por supuesto. Vaker era impredecible, y si algo había aprendido en todos estos años, era que nunca se debía subestimar a ese hombre. Pero también sabía que Thyra había cambiado, crecido, y ya no era la misma joven que había aparecido en nuestras vidas.

"Vaker no sabe lo que ahora es capaz de hacer," respondí finalmente, dejando mi taza sobre la mesa con firmeza. "Él ha estado buscando a Thyra durante todo este tiempo, esperando el momento perfecto, pero no tiene idea de la fuerza actual que ella posee. Y aunque sus hombres eran un problema antes, ahora... no creo que lo sean."

La sala se quedó en silencio mientras mis palabras calaban en los demás. Sabía que mi decisión no era fácil, pero también era consciente de que Thyra era mucho más de lo que cualquier enemigo podría imaginar. Ella ya no dependía de las viejas restricciones de su poder. Ahora, había alcanzado un nivel que pocos en este continente podían comprender.

"El peligro es real, lo reconozco," continué.

"Pero también lo es la oportunidad que ella tiene ahora. Si la dejamos actuar, si la apoyamos, puede que no solo logre enfrentar a Vaker, sino que también haga lo que todos queremos: regresar a su hogar. A su verdadera casa."

Harak asintió lentamente, pero su rostro seguía marcado por la preocupación.

"Entonces, ¿qué propones?"

"Lo que propongo," respondí con calma, "es que dejemos que siga su camino. Pero también debemos estar preparados para cualquier eventualidad. Si Vaker hace un movimiento en falso, nos aseguraremos de que no quede nada de él."

Mis palabras resonaron en la sala, y aunque no todos estaban completamente de acuerdo, sabía que el peso de la decisión recaía sobre los hombros de cada uno de nosotros. Había que confiar en Thyra, al igual que ella confiaba en sí misma.

"Prepárense," añadí, mirando a todos los presentes. "El futuro está en movimiento, y debemos estar listos para lo que venga. Si ella decide ir sola, será su elección, pero nosotros estaremos a su lado, siempre."

Al escuchar eso, la tensión en la sala comenzó a aflojarse ligeramente, aunque no completamente. Sabían lo que estaba en juego, y aunque mis palabras ofrecían algo de esperanza, la incertidumbre seguía rondando por el aire. Pero no importaba. El tiempo diría si la decisión tomada sería la correcta.

*****

*THYRA*

Me encontraba sentada sobre el cadáver del patrocinado que acababa de eliminar, mi respiración aún entrecortada. Observé mi brazo, la herida fresca que sangraba ligeramente, y con un suspiro, limpié la sangre con la palma de mi mano, frotando en círculos para quitar los restos de la batalla. Mis ojos se posaron en el paisaje que me rodeaba. Los árboles a mi alrededor estaban rotos y arrancados de raíz, sus troncos partidos y esparcidos por doquier, la fuerza de mi poder evidentemente había afectado el entorno.

El lago cercano, que antes se deslizaba tranquilamente, había cambiado de dirección por completo. El agua, ahora arrastrada hacia un lado, formaba pequeños remolinos debido al impacto de la lucha. La violencia de la batalla que acababa de librar había dejado una marca evidente en la tierra misma, y una sensación de poder desbordante recorría mi cuerpo.

Me levanté lentamente, observando el caos que había dejado atrás. No sentí arrepentimiento, ni remordimiento por lo que había hecho.

Suspiré, limpiando el sudor de mi frente mientras observaba la escena. La batalla había sido intensa, pero no había terminado. Aunque Vaker había enviado a sus hombres, algo me decía que aún quedaba mucho por hacer, muchas piezas aún por mover en este complicado tablero. Y aunque sentía el peso de la guerra que se avecinaba, también sabía que no podía detenerme. Ni ahora, ni nunca.

Me adentré nuevamente en la oscuridad del bosque, dejando atrás el caos, con una determinación aún más férrea.

Saqué mi cantimplora de la bolsa mágica, tomando un sorbo de agua antes de guardarla nuevamente. De igual manera, saqué un poco de comida y comí mientras me deslizaba entre los árboles, sin perder la concentración en mi entorno. No podía darme el lujo de bajar la guardia, pero al mismo tiempo, mi cuerpo exigía reponerse de la batalla reciente.

El bosque parecía extenderse sin fin, y por un momento, me sentí como una sombra entre los árboles. Sin embargo, la sensación de ser perseguida se desvaneció al notar que no había rastro de los patrocinados de Vaker. Nadie me seguía. Esa era una buena noticia. Había hecho bien en no dejar cadáveres por todo el camino, aunque las consecuencias de mi poder descontrolado siempre me hacían preguntarme si podría seguir ocultándome de los ojos de quienes me acechaban.

Al llegar al borde del bosque, los árboles se hicieron más espaciados, y el suelo comenzó a cambiar, volviéndose más firme y abierto. El campo plano que se extendía ante mí parecía tranquilo, sin una sola señal de amenaza a la vista. Respiré profundamente, saboreando el aire fresco y limpio. No era el mejor lugar para descansar, pero al menos no había peligro inmediato.

Me detuve por un momento, evaluando la situación. No estaba sola, pero no era el tipo de compañía que me molestara.

Me estiré y observé hacia el horizonte. La tierra delante de mí estaba clara y desprovista de obstáculos inmediatos. Este terreno abierto me permitiría moverme con rapidez, sin tener que preocuparme por la densidad de los árboles o las rocas que me entorpecieran. Sin embargo, también significaba que estaría mucho más expuesta.

Sacudí la cabeza y me di un breve respiro antes de continuar mi marcha. Mientras mis pasos resonaban en la tierra firme, una sensación de determinación invadió mi pecho. No importaba cuánto tiempo o esfuerzo me llevara, iba a encontrar lo que necesitaba. No iba a detenerme hasta que lo lograra.

A medida que continuaba mi marcha hacia el Oeste, la sensación de urgencia se mantenía en mi pecho, aunque a veces me encontraba perdida en mis pensamientos. Aún faltaba más de una semana para llegar a la zona desértica, la que me separaba del altar de Enarion. Cada paso me acercaba a un lugar que, aunque solo había visitado una vez en mis recuerdos, tenía un poder tan grande que me atraía como un imán.

Enarion… El primero que me enseñó a controlar el poder del dragón dentro de mí, el que me había ayudado a comprender lo que era ser más que humana. Si lograba encontrar el altar, sentía que podría absorber su poder, ese que me permitiría tener el equilibrio que tanto necesitaba entre mis escencias. Sin embargo, me preocupaba la idea de qué pasaría después. La escencia de Enarion no solo era poderosa, sino que era extremadamente antigua. Absorberla no sería sencillo. Podría tener consecuencias imprevisibles, sobre todo cuando ya llevaba la escencia del dragón dentro de mí.

Pero también pensaba en lo que podría ganar. Si encontraba el altar, no solo estabilizaría mi poder, sino que podría desbloquear nuevas capacidades, nuevas fuerzas. ¿Y si absorbiera la escencia de alguna otra bestia aún más poderosa? Quizá no solo quedarme con el poder del dragón, sino acceder a algo mucho mayor. Algo que me diera la ventaja que tanto necesitaba, una ventaja que me permitiera finalmente enfrentar a aquellos que me perseguían sin temor, sin sentir que en cualquier momento mi cuerpo podría colapsar bajo la presión de tanta energía desbordada.

La idea de poder adquirir una fuerza aún mayor me impulsaba, aunque al mismo tiempo me llenaba de dudas. ¿Sería capaz de manejar todo ese poder? Después de todo, aún me quedaba mucho por aprender y mucho por dominar. En mi mente, no solo estaba el altar de Enarion, sino los recuerdos de las enseñanzas que había recibido de él. Me había entrenado para controlar al dragon en mi interior, pero también para ser consciente de los peligros de absorber demasiada energía. Sin embargo, no podía quedarme atrás, no con lo que me esperaba.

El desierto del Oeste estaba por delante, vasto y peligroso, con su calor abrasante y las dunas interminables que se extendían hasta el horizonte. La idea de atravesarlo me llenaba de una mezcla de ansiedad y determinación. Una vez llegara, no habría vuelta atrás. El altar de Enarian estaría allí esperándome, y con él, un poder más allá de mi comprensión actual.

Cada día, el paisaje cambiaba lentamente. La vegetación escaseaba, y los árboles que me rodeaban se fueron haciendo cada vez más pequeños, hasta desaparecer por completo. La tierra se volvía cada vez más árida, los caminos más difíciles de seguir, pero mi determinación no flaqueó. Sentía como si mi destino me empujara, como si las escencias que albergaba en mi interior me guiaran, tirándome hacia algo mucho más grande que yo misma.

A veces, cuando el viento se levantaba y el aire cálido me envolvía, pensaba que quizás ya estaba empezando a escuchar los ecos de Enarian, o tal vez el dragón, tal vez la voluntad de Auren. Todo en mí sentía que estaba siendo puesta a prueba, que esta travesía no solo era un viaje físico, sino un desafío a todo lo que era.

Cuando llegara al altar, no sabía qué esperar. Podría ser la oportunidad que me había estado buscando, o la que podría llevarme al borde de la locura. Sin embargo, no había duda en mi mente: no iba a darme por vencida. Seguiría adelante, sin importar los peligros que me esperaran, hasta que pudiera estabilizar mis fuerzas y finalmente enfrentar a quienes me acechaban con la seguridad de que esta vez, podría tomar el control.

Apreté las manos alrededor de las riendas, y aunque el calor aumentaba con cada paso, mi corazón estaba frío y decidido. Sabía lo que tenía que hacer. Y lo haría, pase lo que pase.

****

*ALGUIEN*

Desde lo alto de la montaña, observaba el horizonte, la arena elevándose como fantasmas atrapados en el viento caliente. Sabía que ella venía, esa mujer que debía cazar. Podía verla a lo lejos, moviéndose con una velocidad imposible, una sombra que cortaba el aire. Cada paso suyo era un recordatorio de lo peligrosa que era, de lo que se había convertido.

La había visto antes, en los combates contra los patrocinados de Vaker. Su poder era descomunal, un torrente incontrolable de fuerza bruta que solo alguien como ella podía manejar. No me sorprendía en absoluto que Vaker la hubiera puesto en su lista de objetivos. Aunque su propósito no era claro, su poder, su habilidad de destruir todo lo que tocaba, sí lo era. Cualquier movimiento en falso, cualquier error de cálculo y ella podía acabar con todos nosotros.

Deseé en silencio que tuviera suerte, aunque no lo admitiera en voz alta. Sabía que lo que estaba por venir no sería fácil. El terreno en el que se estaba adentrando no era solo peligroso, sino que también estaba marcado por las sombras de aquellos que seguían a Vaker, aquellos que eran aliados del Consejal que no tenía escrúpulos. La zona a la que ella se estaba acercando, desértica y desolada, era territorio de personas dispuestas a hacer lo que fuera necesario para proteger sus intereses.

El Consejal, alguien cuya lealtad a Vaker era conocida, no dudaría en usar cualquier táctica para neutralizar a alguien como ella. Si llegaba a cruzarse con uno de sus hombres, no tendría piedad. Yo sabía lo que eso significaba, y por más que quisiera creer que podría sobrevivir a todo esto, también sabía que el precio de sobrevivir en esa zona podría ser mucho más alto de lo que estaba dispuesto a pagar.

Apreté los dientes y bajé la mirada. Podía ver cómo la figura de la mujer se desvanecía entre la bruma del desierto, pero aún estaba lejos. Sin embargo, el tiempo se acortaba, y el peligro acechaba desde todos los rincones. Ella no tenía idea de lo que se le venía, de las fuerzas que estaban dispuestas a destruirla. En ese desierto, los ecos de la traición se sentían como una constante, y nadie, ni siquiera alguien con tanto poder como ella, estaba a salvo.

Me volví para caminar de regreso a mi puesto, sabiendo que el destino de esa mujer ya estaba en manos de algo mucho más grande que los patrocinados de Vaker o incluso yo podía manejar.

La caza había comenzado, y este desierto era su coto de caza.

More Chapters